Chicos de la escuela de El Milagro tuvieron clases debajo de un mistol

Se trata de la Escuela Nº 440 de la localidad de El Milagro, en el departamento Capayán. Asisten 9 chicos de los tres niveles de EGB.
En el patio de tierra apisonada, bajo la sombra generosa de un mistol de muchos años, los chicos acomodan sus bancos, los libros, las carpetas... El pizarrón, apoyado en el tronco rugoso, lo limpia prolijamente la directora del establecimiento, que por supuesto también se encarga de dictar las clases. Es mediodía, pero el sol no castiga tanto, un poco por una brisa fresquita y otro poco porque la sombra es generosa y bien cerrada.

Hasta aquí podría decirse que la imagen corresponde a una escuela rural ubicada en lo profundo del interior provincial, donde los caminos son difíciles y llegar es casi una odisea. Pero no. Se trata de la escuela Nº 440 de la localidad de El Milagro, una población ubicada a escasos 51 kilómetros del centro de la Capital provincial y a menos de 15 del centro del municipio de Huillapima.

Pese a esta "relativa" cercanía, los 9 chicos que asisten a clases a esta escuela deben pasar por las penurias más extremas para recibir la educación que por derecho constitucional les corresponde.

La profesora Edith Tolosa es la directora del establecimiento, que primero funcionó en un edificio que debió ser abandonado tras el sismo ocurrido en septiembre de 2004. Desde entonces, los alumnos fueron nómades: primero tuvieron clases en la posta sanitaria, de la que tuvieron que irse por el calor y la gran cantidad de gente que a diario asiste al lugar, y luego llegaron a la casa de una vecina, que les prestó primero dos piezas y un pasillo, para posteriormente cederles el patio, debajo de un mistol, para que reciban las clases allí.

"Para el año que viene, no sabemos qué van a hacer con los chicos", dijo la profesora Tolosa a EL ANCASTI. Y el panorama es así de complejo: el alquiler de la casa que pagaba el ministerio de Educación se dejó de abonar en agosto, por lo que hasta la fecha no se sabe dónde se darán las clases.

"Si la escuela se cierra, el pueblo entero va a desaparecer. Acá hay unas 70 personas, y todas viven en función de la escuela. Si no está, los chicos se van a ir a Huillapima, y no habrá nada más para hacer acá", reflejó la directora.

La conversación se interrumpe para remarcar un detalle: el acto de clausura del ciclo lectivo 2009 de la escuela se hará oficialmente debajo del árbol donde los chicos recibieron las clases.

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