Un chico de casi dos años, el primer muerto en los EE.UU.

Era mexicano y había llegado con su familia a visitar parientes en Texas. Murió el lunes.
Tenía apenas 22 meses. Había viajado de la Ciudad de México a Bronsville, Texas, en brazos de sus padres. Venían a visitar a sus familiares cuando de repente el bebé se enfermó. Su estado era tan grave que fue trasladado al Hospital de Niños de Houston, donde murió el lunes por la noche. Ayer, el director en ejercicio del Centro de Control y prevención de enfermedades de Atlanta, Richard Besser, confirmó que el nene tenía el virus que provoca la gripe porcina, H1N1.

Se trata de la primera víctima fatal de esta peligrosa enfermedad en Estados Unidos y la primera fuera de México, donde se encuentra el epicentro de la epidemia.

Anoche el presidente Barack Obama en su discurso por los 100 días de gestión se refirió a la gripe. Dijo que no se cerraría la frontera con México porque la enfermedad ya está instalada en EE.UU. "Sería como cerrar las tranqueras después de que se han escapado los caballos", señaló Obama.

El presidente informó que se trata de "una situación seria que se está vigilando de cerca y de forma continua" y agregó que las escuelas deberían considerar la suspensión de las clases si se agrava el avance de la enfermedad.

De hecho, durante una teleconferencia, Besser dijo que el número de casos en EE.UU. había aumentado de 64 a 91 en 10 estados distintos: 51 casos en Nueva York, 14 en California, 16 en Texas, y en Kansas, Massachusetts y Michigan, dos en cada uno. También hubo un caso en Arizona, Indiana, Nevada, y Ohio respectivamente.

El estado de alarma de los estadounidenses es tal que, incluso en las farmacias de Washington, una ciudad donde no hay ningún caso registrado, ya no quedaba ayer ningún barbijo. "Estamos pidiendo que nos manden más", dijo a Clarín el encargado de la farmacia de la calle 14, a tres cuadras de la Casa Blanca, "pero hoy no encontrará ningún barbijo en ninguna farmacia de esta ciudad, simplemente se han agotado".

Texas y California, los dos estados donde se registraron más casos después del estado de Nueva York, han sido declarados en estado de emergencia por la porosa frontera con México.

Durante una audiencia en el Senado, la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, dijo que todavía no se justifica el cierre de la frontera. Pese a las presiones de legisladores republicanos, Napolitano insistió en que sólo cerrará las fronteras si el CDC o la Organización Mundial de la Salud lo recomienda.

"La estrategia más eficaz ahora mismo es que nos centremos en las comunidades afectadas" y no en el cierre de la frontera, que sería "una distracción", dijo Anne Schuchat.

Schuchat, una especialista del CDC que testificó durante la audiencia junto a Napolitano, explicó que a diferencia de la gripe común, que provoca la muerte de 36.000 personas por año, el virus H1N1 es "nuevo" y "sabemos muy poco sobre el mismo". "La población no ha desarrollado inmunidad al virus", explicó.

Por precaución, ya hay más de 100 escuelas estadounidenses que permanecen cerradas tal como recomendó el presidente Obama. Y lo más probable es que hoy haya aún más establecimientos escolares cerrados.

"Nos estamos preparando para los peores escenarios" dijo Anne Schuchat. "Ya hemos movilizado nuestro stocks de antivirales y además hemos impartido las guías de cómo prevenir la enfermedad". En efecto, cada vez que un funcionario del gobierno estadounidense habla sobre la gripe porcina, ya sea en la radio o en la televisión, lo primero que dice es que la mejor prevención "comienza en la casa" y a continuación recomienda lavarse las manos muy seguido, quedarse en los hogares ante el menor síntoma de gripe y taparse la boca al toser.

EE.UU. tiene almacenada una reserva estratégica de antivirales. Pero nadie sabe si será suficiente para enfrentar una pandemia. Schuchat dijo que los estadounidenses no tienen por qué preocuparse, pero dijo que la situación a nivel global es mucho más delicada.

Obama pidió al congreso 1.500 millones de dólares para hacer frente a la nueva amenaza. Nadie sabe cuán rápido se reproducirá el virus ni cuál será su extensión. Pero en Washington están acostumbrados a ser mas pesimistas que optimistas.

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