Chiche Duhalde: “¡Nunca estuve de acuerdo con que Kirchner fuera presidente!”

Chiche Duhalde: “¡Nunca estuve de acuerdo con que Kirchner fuera presidente!”
Está decidida a contarlo a todo sobre el Gobierno. Por qué no aprecia a la Presidenta. Por qué cree que Kirchner arruinó al justicialismo y al radicalismo.
La senadora Duhalde llega puntualmente a la cita antes de dirigirse al Congreso, donde se realizará una audiencia pública con los ruralistas. Es una mujer serena que ha evolucionado notablemente desde los tiempos en que encabezaba una iniciativa interesante como lo fueron las “manzaneras”, pero que se discontinuó cuando Eduardo Duhalde dejó la gobernación de Buenos Aires.

—¿Qué impresión le dejó la primera reunión de la Mesa de Enlace con los ministros Giorgi y Randazzo?

—Tuve la sensación de que la Mesa de Enlace salió decepcionada. Tuvo un buen gesto al reconocer que, al menos, hubo un ámbito de diálogo que no estuvo demasiado contaminado por la presencia de Moreno pero... no salieron conformes. Incluso Buzzi la calificó con un 4, agregando: “¡En mi época, para aprobar, había que sacarse un 6!”. Yo creo que es natural y lógico que la Mesa de Enlace no confíe. Por otro lado, sólo hablaron de algunos de los puntos. Tampoco los definieron. Ya que hay que esperar a este martes; esperemos que entonces profundicen y concreten alguna propuesta que ellos tampoco tienen clara, pero creen viable. Lo que ocurre es que la sociedad en su conjunto (o al menos gran parte de la sociedad) y la Mesa de Enlace en especial han dejado de creer, porque han sido muy manoseados durante un año entero.

—A su entender, senadora, ¿eso explicaría, por ejemplo, la toma del Banco en Hasemkamp por parte de De Angeli y los chacareros?

—Yo creo que la Mesa de Enlace hace un esfuerzo por contener a todos, pero los autoconvocados, los pequeños productores (muchos de ellos muy enlazados con De Angeli), están viendo las cosas con mucha preocupación. Muy mal. Yo estuve, hace pocos días, en Colón y en Salto, y la situación es desesperante para ellos. A lo mejor los grandes productores pueden aguantar un poco más, pero los pequeños, ciertamente no. Y creo que De Angeli representa justamente a muchos de esos pequeños productores. A lo mejor no es bueno que (como decimos en criollo) él se corte tan solo. Pero, bueno, es su personalidad, y eso puede generar alguna dificultad en el marco de una negociación. No sé, tampoco, si la audiencia pública, que tendremos en el Congreso dentro de un momento, es demasiado oportuna.

—¿Por qué?

—Vamos a volver a escucharlos como lo hemos hecho en otras oportunidades, pero, en realidad, ¡es para la foto! Simplemente, porque no somos nosotros los que podemos, en este caso, darle solución al problema.

—Bueno, el Senado ya se manifestó, la famosa noche del artículo 125...

—En fin, ya está convocada, pero no me parece oportuna.

—Con la amplia experiencia que han acumulado el doctor Duhalde y usted en la provincia de Buenos Aires (y no vamos a insistir en la fuente de riqueza que significa el territorio bonaerense), ¿cómo evalúan un enfrentamiento entre una de las regiones más prósperas del país y el Gobierno?

—El 97% del territorio de la provincia de Buenos Aires es rural o semirrural. El 3% restante es Conurbano, y en ese 3% se apiñan 10 millones de personas. En el 97% se logra una calidad de vida mejor con valores presentes (de los que llamamos “valores permanentes”), vive gente que, en general, se desenvuelve a través de la actividad agropecuaria y acompañó con su voto a Cristina Kirchner. Hoy, esa gente está muy decepcionada, muy enojada, porque se ha paralizado su vida. En los pueblos no hay comercios que funcionen. Obviamente, recomienza el éxodo de los jóvenes hacia los grandes centros urbanos, y los habitantes de las pequeñas localidades, que estaban contentos de haber recuperado a sus jóvenes, bueno... ¡ven que vuelven hacia atrás en la historia! Así que me parece que las medidas que se toman desde el Gobierno central son esquizofrénicas. No puedo encontrar una explicación a tanto disparate cuando, no siendo ésta como la crisis de 2001, existiendo reservas y con condiciones diferentes en el marco de la crisis internacional, ¡podríamos corregirlo! Entonces –dice Chiche, alzando levemente la voz muy baja en la que siempre se expresa–, me pregunto: ¿son esquizofrénicos o son perversos? De no ser así, resulta imposible entenderlos. ¿O son acaso muy ignorantes? No sé. No hay muchas posibilidades... ¿Por qué no cambian esa postura?

—Básicamente, no se entiende que, frente a un mundo que va a restringirse por la crisis global, no quede claro que la prioridad va a ser comer. Y la pregunta es obvia: ¿qué vendemos nosotros? Pues, básicamente, alimentos.

—El mundo sigue demandando alimentos, y cuando miramos Uruguay, Paraguay, y ni hablemos de Brasil, observamos que están exportando carne mientras nosotros, dentro de poco, ¡nos veremos obligados a importarla! Lo que está ofreciendo el Gobierno, en cambio, es mentiroso, irreal, poco factible. No se puede entender. ¡Mire lo que pasa con la leche, el desfase entre lo que recibe el productor y lo que cuesta el producto en la góndola! ¡Que esto no se pueda corregir!... Creo que por algunas o todas las causas que enumeré, no se toman las medidas correspondientes. Creo que hay como una sed de venganza hacia la gente del campo.

—Un resentimiento...

—Ellos no perdonan lo que sucedió, y el martes pasado, en plena negociación, el presidente (¡perdón!, el ex presidente) volvió a criticar duramente al sector. En plena negociación. Es como que no puede con su genio...

—En este contexto, ¿cómo ve el alejamiento de Reutemann y de los diputados santafesinos del Frente para la Victoria? Usted siempre fue justicialista, pero ésta parece ser una situación muy particular.

—Bueno, yo siempre digo que más vale tarde que nunca. Creo que es bueno que comiencen a darse cuenta de que éste es un camino que nos lleva, a los argentinos como país, a la destrucción. En 2005, un grupo de compañeros peronistas (intendentes, diputados) me pidió que me presentara. Me senté con ellos en una gran reunión en el municipio de Manuel Quindimil y allí les dije lo que veía en el Gobierno. Ya observábamos enfrentamientos con todos los sectores, una manera muy autoritaria de ejercer el poder, desvalorización de las instituciones. La economía estaba bien, pero la sociedad percibía que institucionalmente andábamos mal. Yo lo veía desde el Senado y, hablando con ellos, comprendieron la necesidad de presentarse a elecciones, y todos sabíamos claramente que perdíamos muy mal. Pero yo quería sentar un mojón, decir: “No estoy de acuerdo, esto no es lo que la Argentina necesita, por más crecimiento económico que tenga”. Me acompañaron una serie de hombres y mujeres y... bueno, después pasó lo que pasó. Me parece que ése era el momento que no fue comprendido, y después la sociedad acompañó el modelo kirchnerista. Acompañó el año 2005 con una senadora que legalmente podía serlo por la provincia de Buenos Aires, ¡pero ciertamente no desde un punto de vista ético! Después, en 2007, la sociedad la acompañó como presidenta de todos los argentinos, cuando muchos de nosotros decíamos: “¿Pero cómo puede ser que el marido coloque a su esposa en ese lugar?”. Los argentinos no miramos esos detalles, que son importantísimos. Yo recuerdo, cuando nos fuimos en 2003, que me ofrecieron la vicepresidencia. ¡Podría haber sido gobernadora bonaerense! Pero nos pareció que la sociedad iba a interpretar que a través de esas designaciones íbamos a adueñarnos del poder. Todavía, en algún momento, Felipe Solá me propuso: “Como vicegobernadora, entonces...”. Pero yo preferí acompañar en una lista de diputados. Nada más que eso. O sea que, en lo personal, yo me siento con la autoridad moral para decir lo que estoy diciendo. Ocurrieron los hechos que conocemos: la gente eligió a Cristina y ella dilapidó, en muy poco tiempo y de una manera increíble, ese capital político. Evidentemente, no pudo separarse... O quizá, no sé, tengo mis dudas sobre lo que digo, a lo mejor hubiera sido distinta. ¡Pero creo que duerme con el enemigo!...

—Tenemos entendido que el Dr. Duhalde jugaba mucho al ajedrez con Scioli, pero que siempre reconoció la inteligencia de Massa.

—Bueno, a Massa siempre lo vio como un joven brillante, con mucho futuro político. El día que aceptó ser jefe de Gabinete (¡y ojo, que ésta es una apreciación mía!), creo que se puso en una situación de mucho riesgo, porque su futuro estará atado al éxito de este gobierno, que parece lo está perdiendo, ¿no? Y es una lástima, porque a veces los jóvenes, por llegar rápidamente a determinados espacios, no pueden medir que pueden terminar muy mal. Creo que Massa se pierde la gran oportunidad de haber hecho una buena intendencia en Tigre, y recién a partir de allí proyectarse.

—¿Usted también juega ajedrez?

—No, juego a las cartas, al buraco, a la canasta. Ojalá hubiera más chicas que se incorporaran al ajedrez, porque ayuda a ordenar el pensamiento y mirar el futuro con visión más estratégica.

—¿Cómo ve la alianza Solá-Macri-De Narváez?

—La veo construyéndose. Creo que es necesario que, en octubre, no haya demasiada dispersión de listas a la hora de votar. Sería bueno que hubiera solamente tres: por un lado, la Coalición Cívica, el tronco histórico de la UCR, una alianza posible con Binner y, por otro, el justicialismo con De Narváez, Felipe... Macri no es peronista, pero... bueno, está mucho más cerca del peronismo. Me parece, repito, que no debería haber más que éstas ofertas electorales.

—Lo que ocurre es que De Narváez se enojó con Duhalde porque quiere ser el primero de la lista. ¡Y su marido pone, en cambio, a Solá!

—Sí, ése es un tema. Lo que pasa es que mi esposo habla desde la experiencia de muchos años en política. Francisco no está de acuerdo. Bueno, ellos verán... ¡Yo trato de no meterme! –sonríe discretamente la senadora–. Verán, digo, cómo resuelven la conformación de la lista cuando estemos más cerca de las elecciones legislativas.

—¿Y respecto a las presidenciales?

—Me parece que todavía no aparecen fuertes liderazgos. Se está empezando a percibir Reutemann. Todavía es una figura muy confusa en su discurso. También hay otros gobernadores que quieren ser presidentes, como Rodríguez Saá, como Das Neves. Bueno, también Macri desde la Ciudad Autónoma. Felipe Solá que es de la Provincia... Hay mucha oferta. Y obviamente, Elisa Carrió. ¡Pero me parece que todavía no se logra despertar en la sociedad ese entusiasmo que teníamos todos (de uno u otro partido) a la hora de elegir presidente! Eso sí pasó con Alfonsín. También con Menem. Había como liderazgos naturales y, repito, ¡entusiasmo! No sé si tenía que ver el hecho de que volvíamos a la democracia con Alfonsín o, en el caso del Menem, de las elecciones. Pero esto se fue perdiendo, y me da la sensación de que hoy la sociedad está buscando un presidente con perfil más bajo. El famoso “hombre gris”, pero que gobierne. Me gustaría que apareciera una figura como... ¡un Lagos para la Argentina! Algo equilibrado, muy preparado, con personalidad.

—Como Binner, ¿no?

—Sí, también él tiene un poco esas características. Pero todavía, como hay tanta oferta, no se visualiza quiénes van a quedar al final del camino. Me parece prematuro hablar de esto.

—¿Piensa que el trío Macri-Solá-De Narváez golpea a Carrió como representante de la oposición?

—No. Yo creo que va a ser una oferta de la oposición fuerte, de la misma manera que, de este lado (el lado del justicialismo), va a haber una oferta que tiene que crecer y consolidarse todavía mucho más.

—¿Y cómo ve la imagen de Cobos en la provincia?

—¡Yo creo que Cobos estuvo en el lugar justo en el momento indicado! ¡Y así se convirtió en un personaje que hoy mide muy bien en las encuestas! También tengo cierta incógnita con respecto a él. ¡No puedo decir que hay alguien que me está planteando un proyecto de país que me entusiasme y en el que quiero comprometerme! Todavía no lo veo. Pero no nos tenemos que confundir: el desafío es la elección de 2009. Es cambiar la conformación de la Cámara y decirle al matrimonio Kirchner: “¡Basta de abuso de autoridad! Vamos a poner, desde aquí, las cosas en orden”. Creo que el desafío, lo que tenemos que transmitirle a la sociedad, es esto: “Vote al partido que quiera, pero vote a conciencia”. A los humildes, que acepten todo lo que les dan, ¡pero recordarles también que en el cuarto oscuro nadie los ve!... Y lo digo porque me parece que hay que poner un freno. Esta elección previa a la presidencial siempre ha sido importante.

—Hay muchas cosas en juego. ¿Lo ve a Kirchner encabezando lista en las legislativas?

—Yo creo que nos va a tener a todos con eso de “me piden que sea...”, mientras va observando cómo mide, porque perder, para Kirchner en persona, ¡es mucho más grave que si el perdedor es sólo un hombre del kirchnerismo!... Me parece que si no hay demasiada oferta electoral, Kirchner pierde.

—El doctor Duhalde le dijo a Fontevecchia en PERFIL que el oficialismo tendrá el 30% en las legislativas. ¿Usted está de acuerdo?

—Bueno, la sensación que da (¡no sé cómo se atreve este hombre a dar números tan certeros!) es que va a estar como dividido en tercios. Y si se divide en tercios, obviamente vamos a recuperar para la oposición (por la necesidad de ordenar un país que está demasiado desordenado) muchas bancas. Pero mi deseo personal es que, literalmente, Kirchner pierda. O sea, que no gane por dos votos o dos puntos, ¡sino que pierda verdaderamente! En este caso, sería importante que sacara menos. Alguna encuesta que me han acercado hoy lo ubica en un 25%, pero él es un hombre proclive a equivocarse bastante, a no interpretar lo que quiere la sociedad. Así es que no sé cómo puede estar, de aquí a octubre, en las encuestas.

—Supongo que es un tema doloroso, pero lo cierto es que Kirchner llegó a la presidencia de la mano del Dr. Duhalde. ¿Cómo se vive una situación así?

—Yo, en realidad, voy a decir, Magdalena, cosas que no dije nunca. Cosas que son ciertas y que tengo que decirlas en algún momento. ¡Yo nunca estuve de acuerdo con que Kirchner fuera presidente! El día del lanzamiento de su campaña, en Lanús, mi esposo llega primero (Lomas está muy cerca) y me dice: “Vienen a comer Néstor y Cristina”. Le contesté: “Y yo no estoy...”. Mi marido se sorprendió ante mis palabras, y reiteré: “Bueno, no estoy... Deciles que me tuve que ir”... Y ese día, desde la cocina, mandaba la comida, pero no estuve presente. Yo no sé si las mujeres tenemos un olfato especial para ciertas cosas, pero ¡yo había “vivido” a Cristina Kirchner! La había visto actuar en el Congreso. Persona de pocos amigos. No solidaria con sus pares. Yo creo, realmente, que entre la gente que forma parte de un mismo partido hay diálogos, hay acuerdos. Ella era muy solitaria, y cuando salía era para los medios y no le importaba qué pensaba el conjunto de su bloque. Muy egoísta. La vi actuar de esa manera, marcando ya mi diferencia con ella. En ese entonces, nunca lo hice público. Si ésa era la decisión, yo acompañaba. Y el día que asumió Néstor Kirchner, mi familia (mis hijos, mis nietos, mis yernos, las hermanas de mi marido) ocupaba un palco mientras mi esposo le entregaba el mando a Kirchner. También allí hubo mucho simbolismo con ese revoleo del bastón presidencial y todo eso. Yo estaba sentada en la bandeja, observando la escena. No estaba en el palco, pero cuando salí vi a toda mi familia con la cara muuuy larga. ¿Qué había pasado? ¡Los habían querido sacar del palco!

—¿En serio?

—Por mis nietos. Por mis hijos. Eso ya me pareció demasiado. Después, comenzaron a gestionar. Un día yo había presentado un proyecto para los municipios que me parecía bueno, pues habían quedado con las deudas dolarizadas cuando las deudas ya se habían pesificado. Pero los créditos que habían obtenido de los organismos internacionales constituían una deuda en dólares. Presenté entonces un proyecto, del que hablé con Lavagna. Consensuamos ese proyecto y me pareció bueno que no tuviera que salir por el Congreso, sino por una decisión del presidente. Pedí entonces una audiencia para ir con los integrantes de la Comisión, justamente para que el presidente tomara en sus manos el tema, que representaba unos 400 millones de dólares, que ya no era plata para la Argentina pero que solucionaba el problema para muchos municipios. Quería que Kirchner lo tomara en sus manos. Que no surgiera por un proyecto de ley. ¡Entonces, Parrili me contesta que Kirchner no me podía atender! Esas cosas me fueron produciendo... no sé si dolor, pero no caben en mis principios ese tipo de actitudes. Ni a mi peor enemigo podría hacerle algo así. ¿Por qué? Era una falta de respeto. Yo era la esposa de un ex presidente. Era una diputada nacional. Presidía una comisión. Ni siquiera me dijo personalmente: “Mirá, no puedo, estoy ocupado”... Fue a través de su secretario. ¡Obviamente, no puedo reproducir en los medios cuál fue mi respuesta! Fueron siempre actitudes de enfrentamiento. Decir que el peronismo bonaerense (y todos en la misma bolsa) era perverso, mala gente, era una forma de decir: “¡Duhalde!”. Hablar de un hombre que se va con una buena imagen como presidente, tratando de destruirlo... Y todo porque sí. Duhalde, como intendente o como gobernador, siempre se fue de los cargos sin dejar a alguien de su confianza en su reemplazo como una forma de poder. Ocurren estos casos, en los que algunos siguen gobernando a través de alguien a quien le dan órdenes. Duhalde no miró más para atrás. Y esta actitud de Kirchner nunca se pudo entender. Creo que destruyó al peronismo, como destruyó al radicalismo, porque, en realidad, ¡cuando los hombres de ambos partidos se dejan comprar por un proyecto que nunca se logró, lo que él está haciendo es dándoles en la matadura a los partidos políticos! Uno no puede juntarse con el solo objetivo de ganar, porque después de ganar hay que ser capaz de gobernar y de hacer. Tendrían que haberse dado cuenta de que la Concertación no podía funcionar. La Alianza tampoco funcionó. Veníamos de dos experiencias fracasadas. ¿De nuevo vamos a juntar el aceite y el agua? No digo que uno sea mejor que el otro. De ninguna manera. Yo tengo un gran respeto por el radicalismo, pero en estas cosas llega un momento en el que afloran las diferencias.

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