En Chechenia la muerte llega en bicicleta

Cuatro ciclistas hicieron detonar una bomba cada uno en distintos puntos de la capital chechena en menos de media hora. La insurgencia anuncia una "guerra económica" contra Moscú.
Los rebeldes islamistas reabrieron ayer en Chechenia un nuevo frente en su guerra contra el gobierno ruso y las autoridades locales. Una ola de atentados suicidas aterrorizaron a Grozny, la capital chechena. Los kamikases no usaron autos, ni camiones, sino bicicletas. En los ataques al menos cuatro policías y un civil murieron.

La ola de atentados coincidió con el anuncio de un grupo rebelde checheno, que se adjudicó la autoría de lo que hasta ayer se creía que había sido un accidente en la mayor central hidroeléctrica rusa. Esta semana una explosión en la central de Siberia mató a 30 trabajadores y 45 aún siguen desaparecidos. Según el gobierno, fue un accidente, una falla técnica. Los expertos de Moscú aseguraron que no había rastros de explosivos en la sala de máquinas, donde comenzó el incendio.

Ayer funcionarios rusos informaron que cuatro ciclistas hicieron detonar una bomba cada uno en distintos puntos de la capital chechena en menos de media hora. Las explosiones se escucharon poco después del mediodía, pero al caer la noche todavía se podían ver restos humanos y escombros desparramados en las calles.

En los últimos meses, la mayor parte de la violencia en Chechenia, al igual que en las repúblicas vecinas de Dagestan y Ingushetia, no había sido resultado de atentados. Los rebeldes, perseguidos por las fuerzas rusas, se enfrentaban casi semanalmente a los tiros con los soldados. Pero los ataques suicidas de las últimas semanas hacen temer una nueva ola de terrorismo islamista en el norte del Cáucaso ruso.

Cinco personas murieron en el centro de Grozny el mes pasado, cuando un atacante suicida se inmoló en medio de una multitud frente a un teatro, donde estaba por realizarse un concierto. Recientemente, a principios de esta semana, un camión lleno de explosivos se estrelló contra una estación de policía en Nazran, Ingushetia. Fue el atentado más sangriento en años en el Cáucaso, con un saldo de 25 muertos y cerca de 140 heridos.

Uno de los grupos rebeldes chechenos, el Batallón de Mártires, publicó ayer en su página web una declaración en la que se adjudicaban el atentado en Nazran y la explosión en la planta hidroeléctrica del sur de Siberia. En el texto, el grupo radical también advertía acerca del inicio de una nueva "guerra económica" contra Rusia, en la que sus principales objetivos serían la infraestructura, los gasoductos y las plantas energéticas. Según adelantó, decenas de atacantes suicidas ya fueron desplegados por toda la región.

El ataque contra la central hidroeléctrica habría sido el primer ejemplo de esta nueva guerra. "La preocupación que generó entre el liderazgo de los infieles demuestra que esta operación significó un fuerte golpe para ellos. Por eso nuestro trabajo continuará para difundir el nombre de Alá", señaló la declaración, publicada en Internet.

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