Chavez, triunfo neto y partición

Por: Ricardo Kirschbaum

Nadie discute el triunfo electoral de Hugo Chávez. Ni la oposición, que tuvo una perfomance importante, ni quienes han apostado desde afuera a una derrota del líder venezolano. En ese sentido, el oficialismo pudo lograr su objetivo político y, a la vez, recuperarse de la caída electoral de noviembre.

Las preguntas, sin embargo, son otras: ¿cuáles son -y serán- las consecuencias de un sistema legal que permite la reelección indefinida? ¿Cómo se manejarán Chávez y la oposición ante una sociedad partida al medio?Chávez ha sido producto, paradójicamente, de la ineficiencia y corrupción del sistema político venezolano. De ese origen a esta contundente ratificación hubo cambios cualitativos en el régimen que impuso el chavismo como en la consolidación de la fractura política, como ya ha ocurrido en otros países en los que hubo procesos populares mucho antes que el que está en escena en Venezuela.

La caída vertical de los precios del petróleo le añade otro dato clave para avisorar el futuro: es con el alza incontenible del crudo con el que Chávez financió su gigantesca expansión, aun cuando los índices de eficiencia en el manejo del gobierno no han superado los niveles de la modestia.

Chávez ha sabido interpretar a los sectores más postergados y pobres de una sociedad polarizada. Al mismo tiempo, como también suele ocurrir en estos procesos, se ha manejado con autoritarismo y desprecio a valores democráticos. La encrucijada de Chávez y de la oposición es encontrar una fórmula que busque resolver y esquivar los peligros de las tentaciones que se abren a los vencedores por la reelección indefinida y a los perdedores por impotencia.

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