Chávez sumó dudas a la economía

Por: Daniel Fernández Canedo

La Presidenta la pidió a Hugo Chávez que aclare si es verdad que en su país cualquier empresa extranjera es pasible de estatización con excepción de las brasileñas.

¿Cabría pensar que el presidente venezolano reconocería públicamente lo que le dijo a Lula en privado y que sólo por un descuido el periodismo pudo escuchar?

La salida de Chávez fue decir que se trató de una broma que el periodismo no supo interpretar y para Venezuela parece estar todo dicho.

El Gobierno argentino aceptó un argumento que no convence demasiado.

De hecho, el primer concepto de la Presidenta refiriéndose a la estatización venezolana de tres empresas de Techint fue un reto, por no haber traído parte de la indemnización que el grupo recibió por la nacionalización de SIDOR.

El Ejecutivo intenta serenar las aguas diciendo que peleará por las indemnizaciones y aceptando que Venezuela tiene potestad para estatizar siempre y cuando pague.

Pero la reacción empresaria -y la idea de que Kirchner pueda seguir, aunque con variantes, los pasos de Chávez- suma incertidumbre para después de las elecciones del 28 de junio.

La Casa Rosada habla a menudo de sus "acuerdos estratégicos" con Caracas. En ese vínculo, más allá del episodio de la valija de Antonini o de las coincidencias ideológicas, la relación financiera nunca fue un tema menor.

En los últimos años Venezuela actuó como prestamista de última instancia de la Argentina. Y fue una puerta abierta que le permitió gambetear juicios y embargos de parte de los acreedores que no aceptaron el canje de la deuda de 2005.

Eso le permitió al Gobierno, además, tener una carta en la manga para obtener financiamiento sin recurrir a organismos internacionales cuando el país, a pesar de crecer, no lograba conseguir dinero en el mercado internacional.

Para Kirchner, que continúa descartando la posibilidad de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el reaseguro de Venezuela siempre podría implicar una salida.

Pero ahora, hasta la vía venezolana puede entrar en zona de riesgo.

Dentro y fuera del Gobierno opinan que uno de los pasos más importantes que deberá darse es decir como hará para conseguir financiamiento en los próximos años.

Para intentar la vía del FMI, hasta ahora poco deseable para el Ejecutivo, debería dotarse de confiabilidad, de la que hoy carecen, a las estadísticas oficiales.

Pero eso, a esta altura, implicaría un cambio muy profundo. La divergencia entre las estadísticas oficiales y las privadas se amplía cada día.

Este año, por la caída en la exportación de soja, ingresarán unos US$ 6.000 millones menos que en 2008.

Además en el último año salieron 23.000 millones de dólares de empresas y particulares que tomaron la decisión de tener sus activos en dólares hasta que la incertidumbre disminuya. Las importaciones, tal vez el indicador más rotundo sobre lo que pasa con la actividad económica, cayeron un 38% en el primer cuatrimestre.

La construcción va para abajo, se vendieron 16 por ciento menos de autos y el Ministerio de Trabajo reconoce que tiene vigentes 70.000 planes de subsidio para que las empresas no reduzcan los puestos de trabajo en blanco.

A pesar todo estos y más datos que hablan de una baja de la actividad, los índices oficiales la soslayan con insistencia.

Por eso, el cambio debería ser grande.

Entre tanto, y para serenar las aguas del episodio Venezuela, en el Gobierno se sigue trabajando en el posible pago anticipado de los Boden 2012.

Son unos US$ 2.300 millones que el Tesoro debería desembolsar en agosto. Hacerlo por adelantado implicaría la posibilidad de obtener alguna quita y dar la señal de que su vocación es pagar las deudas.

Sería a un paso adelante, aunque para recuperar la confianza y, aunque sea, vuelvan los 23.000 millones que se fueron en el último año, será necesario mucho más que unas buenas explicaciones de Chávez.

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