Chávez: un liderazgo que se agota en un país partido

Por: Oscar Raúl Cardoso

La larga década en el poder del presidente de Venezuela está sembrada de confrontaciones. Ahora embate contra la propiedad privada, debilitando aún más el sistema político.

Todo es según la estridencia que uno escuche, desde que Hugo Chávez decidió avanzar con la nacionalización de una tercera subsidiaria del grupo Techint que opera en Venezuela. Para los partidarios del presidente este paso es otro más en el "glorioso sendero del siglo XXI" y, para elegir un vocero del otro bando hay que apelar a los dichos recientes del escritor peruano Mario Vargas Llosa: "No hay duda de que lo que está en marcha aquí es una dictadura comunista y la remoción de la democracia liberal", dijo en Caracas.

Concedido; en los últimos tiempos Vargas Llosa parece haber guardado todo su talento para la escritura de ficción dejando para el lenguaje oral frases con las que parece querer despertar fantasmas que evoquen en el imaginario colectivo un pasado no tan lejano. Pensar en una segunda "revolución cubana" tiene mucho de ejercicio impotente y de propaganda histérica.

Por muchas razones un sistema político determinado puede ser irrepetible en determinado momento histórico, pero algo diferente puede decirse de las ideas que dan sustento a esos sistemas. En verdad las ideas, los sistemas de ideas, son eternos sobrevivientes, algunas veces a la luz del debate público, otras mantenidas por grupos pequeños de adherentes y algunas veces siguen respirando en el olvido, siempre esperando la oportunidad de regresar al centro del escenario intelectual.

Un ejemplo claro es el del pensamiento del inglés John Maynard Keynes quien desde fines de los 70 fue condenado a la censura y también al ridículo por los economistas clásicos y, después de la crisis financiera global, ha regresado con honores, especialmente el rol central que reservaba al Estado en los tiempos de crisis. En este presente hambriento de grandes soluciones para problemas del mismo tamaño, lo de Keynes puede parecer apenas la respuesta a una necesidad, pero quien tenga conocimiento de cómo era el debate hace 25 ó 30 años puede tener una idea del salto de espaldas intelectual que implica el resurgimiento.

Otro es el resurgimiento del marxismo. Una sola editorial alemana informó haber superado en 2008 con más de mil ejemplares vendidos de El Capital, cuando el año anterior no había alcanzado el centenar. Ahora bien, ¿quién puede inferir de este dato un renacimiento de la República Democrática Alemana?

Es lo que ha llevado al académico y empresario Ian Bremmer a asegurar en un reciente artículo en Foreign Affairs que "el capitalismo del Estado no desaparecerá en ningún momento cercano" y en el que también recomienda a Washington alejarse todo lo posible de ese sistema para preservar la supervivencia del libre mercado.

El debate está planteado entre absolutos, propiedad privada versus socialismo marxista y asi se parece más a un discusión política que a una descripción ajustada del problema. Dejemos de lado por un momento la experiencia de Techint en Venezuela porque lo que el conglomerado está haciendo es defendiendo lo que entiende son sus derechos legítimos e incluso la reacción del empresariado argentino que teme verse afectado, aquí o allá, por los mismos vientos expropiatorios que Techint.

La cuestión es más compleja que esto. Pocos piensan que los gobiernos más capitalistas del planeta se han reservado la herramienta de la expropiación de la propiedad privada y que su origen puede ser rastreado a la Edad Media y descrito como institución por el jurista holandés Hugo Grotius en su clásico del siglo XVII, El derecho en la guerra y en la paz con el que inició el proceso fundacional del derecho internacional basado en la ley natural.

En Estados Unidos la capacidad expropiadora del Estado se llama "dominio eminente", término tomado de Grotius que escribió: "(.) la propiedad de los sujetos está bajo el eminente dominio del Estado, de modo que el Estado o aquel que actúe en su nombre puede usar y aun alienar y destruir tal propiedad, no sólo en caso de extrema necesidad." En el mismo texto Grotius defendió el derecho a la justa compensación de quien perdiera su propiedad.

Así es posible seguir la larga nómina de los estados que se guardan ese derecho.

"Compra compulsiva" en Inglaterra e Irlanda, "expropiación" en Canadá y Sudáfrica, "adquisición compulsiva" en Australia, por citar tan sólo algunos ejemplos. ¿De qué otro modo se podrían construir carreteras o instalar cloacas y agua corriente? Todo esto está ligado en la teoría al "bien superior" público, pero también ha funcionado de otra manera.

En California hay todavía un grupo de vecinos desafiando este derecho estatal en las cortes luego de que años atrás hubiese una expropiación de un barrio que fue reemplazado por un gigantesco centro comercial. Estados Unidos solía pagar hasta un 10% más de la valuación de la propiedad, pero esto también fue suspendido.

Es tan sensible la cuestión -tiene que ver con la propiedad privada- que uno piensa sobre la clase de batalla que está dando Chávez y de la inteligencia con la que la libra. Su década larga en el poder sigue estando dominada por mantener una tensión divisoria en la sociedad venezolana.

Algunos politólogos están convencidos de que es precisamente así porque su liderazgo no podría sobrevivir sin ocupar -y mantener- ese espacio de confrontación social. Si es así el juego es más que riesgoso porque la continuidad a la confrontación se lleva todos los días jirones de aquel liderazgo.

Y ahora parece haber entrado en el territorio que siempre fue el más débil de la democracia. Cada vez que este sistema político confrontó abiertamente con la economía, la puja se resolvió en detrimento de la democracia.

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