Chávez, entre la guerra y la crisis interna

Con su popularidad en caída y en medio de graves problemas energéticos, llama a su país a prepararse para un conflicto con Bogotá
Aunque no parece muy probable que Venezuela y Colombia se enreden en una guerra convencional, si estallara un conflicto armado, el ejército bolivariano llevaría las de perder.

Siguiendo las directivas del presidente Hugo Chávez para ahorrar en tiempos de crisis, los soldados venezolanos destinados al frente tendrían restricciones para asearse, usarían linternas para iluminar las carpas a la caída del sol y batirían sus abanicos para combatir el calor.

Para un país en recesión como Venezuela y con un líder con la popularidad en caída libre, esa guerra improbable no debería durar más de tres minutos, como las duchas de los venezolanos. La habitual locuacidad del líder bolivariano hizo saltar las alarmas hace una semana. "Prepárense para la guerra", les dijo Chávez a militares y simpatizantes.

El reciente pacto militar de Colombia y Estados Unidos (que da vía libre al Pentágono para usar siete bases militares en suelo colombiano) fue visto por Chávez como una amenaza directa contra Venezuela.

El revuelo provocado por sus alusiones a un eventual ataque de Washington desde territorio colombiano logró desviar por unos días todas las guerras internas que afronta el comandante en su propia trinchera.

De repente, pasaron a un segundo plano los estrambóticos consejos del gobernante para tratar de superar la crisis energética: la ducha exprés de tres minutos -suficiente para la higiene personal de cualquier militante bolivariano con conciencia social-, la linterna anticapitalista para ir al baño de noche en caso de necesidad extrema, o el uso limitado y a una temperatura no inferior a 24° centígrados del aire acondicionado.

Pero el jugo propagandístico que Chávez exprime de su tormentosa relación con su vecino Alvaro Uribe alimenta al mandatario colombiano, al que también le viene como anillo al dedo que se eclipsen temporalmente las críticas a sus cuestionadas pretensiones reeleccionistas. (Ver aparte.)

Para Rocío San Miguel, directora de la asociación civil venezolana Control Ciudadano, el discurso belicista de Chávez "sólo busca desviar la atención de los problemas reales que tiene Venezuela".

Pero esta experta en defensa y seguridad nacional cree que el más beneficiado del nuevo roce diplomático es Uribe. "En Venezuela no han tenido eco las denuncias de Chávez ni entre sus propios seguidores ni en una parte de las fuerzas armadas", comenta San Miguel a LA NACION en conversación telefónica desde Caracas.

Sin embargo, la preocupación del gobierno venezolano ante el pacto militar de Bogotá y Washington es, para San Miguel, legítima. "El pacto anula la capacidad estratégica de las fuerzas venezolanas al tener a la primera potencia del mundo a escasos kilómetros de Caracas", explica.

El acuerdo militar, que ha incomodado a varios gobiernos latinoamericanos, sitúa a Colombia como el país con la mayor capacidad bélica de América latina, con posibilidades de espionaje electrónico aéreo nunca vistas en la región.

Pero una guerra convencional entre Colombia y Venezuela no es probable, a juicio de la experta. Las tensiones en la frontera se deben, según San Miguel, a la "ausencia de Estado" en zonas controladas por bandas de paramilitares colombianos, guerrilleros y narcotraficantes.

Adversarios reales

Los enemigos que enfrenta Chávez están más cerca del palacio de Miraflores. Acostumbrado a vivir en la abundancia gracias a las inmensas reservas de petróleo y gas que esconde el subsuelo del país, la crisis ha puesto al comandante contra las cuerdas.

Una encuesta de la consultora Datanálisis indica que su popularidad bajó del 52% en septiembre al 46% en octubre, uno de los niveles más bajos desde 2003. "No se puede decir que su popularidad esté destruida, pero sí es cierto que hay una incomodidad entre la población por los problemas económicos", señala Luis Vicente León, director de Datanálisis.

Para un país que ha crecido a tasas de hasta el ocho por ciento anual en los últimos cinco años, la recesión económica que está sufriendo supone todo un trauma (el PBI se contrajo un 2,4 por ciento en el segundo trimestre). La caída en las exportaciones petroleras (un 52% de abril a junio) impactó negativamente en una economía con una alta dependencia de la renta petrolera.

Las previsiones del gobierno apuntan a un estancamiento del PBI en 2009 y a una recuperación en 2010, aunque los expertos no son tan optimistas. "El ciclo positivo está cerrándose, vamos a acabar 2009 con una deuda externa muy superior a los 53.000 millones de dólares de principios de año, y eso a pesar del repunte del petróleo", explica el analista Carlos Romero.

Los enemigos internos en Chávez tienen varias caras. Al estancamiento se une una inflación que acabará el año en el 26%, según el Banco Central de Venezuela. Pero son los cortes de luz y de agua los que han terminado de desquiciar a los ciudadanos.

Desmanejo

Según el sondeo de Datanálisis, dos de cada tres venezolanos creen que Chávez no maneja bien la crisis energética. Para el gobierno, hay un culpable: El Niño, fenómeno meteorológico que, según Chávez, dejó seco en los últimos meses al país, donde gran parte de la electricidad se genera en centrales hidroeléctricas.

Pero la oposición cree que la razón principal de la crisis es la falta de inversiones en el obsoleto sector eléctrico, nacionalizado en 2007.

De todos modos, los diferentes líderes opositores no alcanzan, en conjunto, al umbral del 10% de aceptación popular. Las elecciones legislativas de 2010 serán un termómetro decisivo para medir las fuerzas de unos y otros. "Chávez está aceitando las baterías para una campaña electoral que se le va a tornar difícil a medida que pase el tiempo", considera San Miguel.

Aunque los sondeos otorgan todavía una clara victoria al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la oposición, que no se presentó a los comicios legislativos de 2005, podría contar con una representación holgada, siempre y cuando se presente unida. "Pero, de momento, esa unidad no se percibe", apunta Romero.

En sus casi 11 años de gobierno, Chávez mantuvo una popularidad alta gracias a que la bonanza petrolera le permitió aplicar subsidios para las clases más desfavorecidas y promover programas sociales.

La oposición le critica a Chávez su desenfrenada acumulación de poder en esta década. Ahora, su socialismo del siglo XXI -esa peculiar doctrina política en la que caben Karl Marx y Mahmoud Ahmadinejad- está en horas bajas, y con la luz apagada.

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