Chau, nos vemos en la próxima crisis

El Banco Provincia abonó los últimos 112 millones. En total, 40 entidades castigadas por el derrumbe de la convertibilidad adeudaban 20.000 millones.
Después de siete años, ayer se extinguió el último vestigio que quedaba de la crisis 2001-2002 en el sistema financiero. El Banco Provincia de Buenos Aires pagó la última cuota que le debía al Banco Central de la ayuda que le había dado en medio del terremoto, y ahora no queda ninguna entidad financiera en rojo con la autoridad monetaria.

Por la explosión de la convertibilidad se habían tomado algunas medidas centrales para resguardar a los bancos: por un lado se instauró el corralito, por el cual los ahorristas no pudieron acceder a su dinero durante varios años a menos que contasen con un amparo judicial; el gobierno de Eduardo Duhalde pesificó de manera asimétrica créditos y depósitos y le extendió un bono al sistema bancario por esa desigualdad, y, por último, el Central extendió ayuda financiera (redescuentos) a los bancos que lo necesitaran.

Los redescuentos totalizaron $20 mil millones. Fueron ayudados 40 bancos. El costo de esos préstamos era caro para las entidades ya que las deudas se ajustaban por una tasa de interés y también por la inflación.

A partir de 2003 se creó un régimen más flexible para las entidades: se les otorgaron hasta 70 cuotas para ponerse al día con el Central. La idea era –otra vez– impedir que los bancos más castigados por la fuga de depósitos fueran a la quiebra. Por eso el esquema previó que los pagos se calzaran con los bonos públicos que las entidades poseían en sus carteras de inversión.

En este segundo pelotón había 24 instituciones, por una deuda total al Estado de 19.437 millones de pesos. Había bancos privados y públicos. El más ayudado fue el Galicia (5.500 millones), seguido por el Nación (4.500 millones) y el Provincia de Buenos Aires (4.400 millones) (ver cuadro aparte). Justamente, el Bapro fue el que ayer terminó de abonar la última cuota que quedaba, por 112,2 millones de pesos.

Con ese giro se agotó el sistema de auxilio financiero que el Estado organizó para salvar a los bancos. La mayoría de las entidades había cancelado sus pasivos entre 2005 y 2006. En aquel momento, los banqueros se apuraban para cancelar pasivos por dos motivos: eran caros pero, además, adelantando cuotas se les permitía mantener abierta la chance de volver a pedir en la ventanilla del BCRA ante una nueva crisis.

La actualidad del sistema es mucho más holgada que la de hace algunos años. De hecho, la crítica que se les suele formular a los banqueros en estos momentos es que retienen liquidez en vez de prestarla a sus clientes. Las entidades están recibiendo depósitos pero se niegan a reintegrar ese dinero en forma de créditos: argumentan que mientras los plazos fijos rara vez superan los 30 días de plazo, los préstamos se suelen dar a largo plazo.

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