Charly García se reencontró con su público en un show impecable

En un show que tuvo toda la adrenalina y el cariño de ida y vuelta de sus mejores tiempos, el ídolo pasó por Mar del Plata dejando lo mejor de su repertorio.
Un público mayoritariamente joven, aun cuando los había de todas las edades, los que lo conocen de ahora y los que lo vienen siguiendo desde los tiempos de Sui Generis, cuando "Canción para mi muerte" sonaba en todos los Wincofón de la Argentina, le dio una calurosa bienvenida al ídolo indiscutible, a este Charly García que, visiblemente recuperado, se adueñó del escenario del Polideportivo con más lentitud que en otros tiempos, pero como si nunca se hubiera bajado de él.

Y ante ese público eufórico y emocionado, Charly comprobó una vez más el amor y la admiración que se le tiene.

Exactamente diez minutos después de las diez de la noche, vestido de negro y visiblemente feliz, el artista arrancó el show con el mismo formato con el "concierto subacuático" de Vélez, cuando festejó su cumpleaños: "El amor espera" y "Rap del exilio", mientras todos los celulares se convertían en cámaras de foto y los flashes ponían luces como si fuera de día.

La temperatura subió al máximo cuando cantó "No soy un extraño" y el público realmente estalló cuando sonaron los primeros acordes de "Cerca de la revolución".

El show y la lista de temas fueron similares a los conciertos de Lima, Santiago y el de Vélez, con la inclusión de "No se va a llamar mi amor" en los bises y una banda sonando cada vez más suelta, como García, que toca y canta más y mejor a medida que los recitales se multiplican y su recuperación se hace visible. En algún momento, hasta se permitió unos pases de baile impensados cuando comenzó este largo camino de vuelta a la normalidad.

Sus seguidores, que estuvieron atentos en todo momento a estos guiños, no dejaron de alentarlo durante todo el show, coreando sus temas más conocidos, bailando y festejando cada acorde, cada movimiento, cada comentario de Charly.

Una pantalla gigante detrás de García donde se pasaban diferentes escenas urbanas y otras dos más a los costados, "vistieron" el escenario en el que, más allá de los "chiches", lo único realmente importante era su presencia y su voz cascada, pero tan Charly, tan como en los mejores tiempos.

El show terminó como había empezado: en medio de un clima de fiesta, con la alegría del reencuentro y los infaltables deseos de "¡Charly, no te mueras nunca!", agradecidos por el ídolo con interminables gestos de cariño.

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