Charlas de Quincho

Quizá la cercanía del estío y las vacaciones va dotando de más glamour y arte, y menos política y economía, a las reuniones sociales. Esto queda reflejado en las charlas de esta semana, que transcurren en ámbitos tan «chic» como galerías de arte, finales de polo y hasta un gran premio de hípica. Del otro lado, sin embargo, también hubo encuentros para recordar 25 años de democracia, eventos en los que -por caso- un ex gobernador, ex senador y ex ministro (que fue descendiendo sin pausas la escalera del éxito) anuncia que ahora quiere ser diputado por «la mano dura», y otros en los que se comentó el ¿inminente? levantamiento de una protesta de larga data. Veamos.
Pocas veces se franquea ante muchos, pero Néstor Kirchner creyó necesario quebrar el martes esa costumbre para mezclarse con alguno de los invitados a esa celebración de los 25 años de democracia y quitarle algún protagonismo a Julio Cobos, que estaba a cargo de la Presidencia porque Cristina de Kirchner se hallaba en Rusia. Trató de enterarse de cómo les iba a algunos de quienes se encerraron con él en el salón vip del Palacio de Correos que le prepararon para brindar con sidra y algún pan dulce (Sergio Massa, Agustín Rossi, Florencio Randazzo, Miguel Pichetto, Julio Pereyra -organizador del acto-, el operador discreto Rafael Follonier). De quien sigue siendo su socio en Santa Fe, Carlos Reutemann, se enteró de que festejó con su hija Cora en La Rambla -confitería que frecuenta en la esquina de Posadas y Rodríguez Peña, en la Recoleta porteña- que el primer nieto que ella le dará es varón y que Lole ya estuvo buscando en jugueterías el primer regalo, un karting.

Con la charla, Kirchner (a quien nadie esperaba en Olivos) se demoró hasta medianoche respondiendo preguntas y confesando algunas cuitas. Primero, lo cansado que termina el año el matrimonio, explicación por la cual sigue cerrado Olivos los fines de semana -también porque Cristina siempre censuró los excesos que se producían en los partidos de fútbol con funcionarios, custodios, choferes y hasta algún edecán-. También insistió en que va a seguir peleando el cargo de secretario ejecutivo de UNASUR, pese al veto uruguayo, porque no puede permitir que un presidente (Tabaré Vázquez) lo frene en un proyecto propio. Debía ir Kirchner hoy a Brasil junto a la Presidente, en viaje que decidirá ese puesto en la liga de naciones de la región, pero una amenaza que se conoció durante el fin de semana de que Uruguay puede abandonar UNASUR si Kirchner es elegido lo desmovilizó. Se queda aquí para acompañar actos con peronistas de Buenos Aires hoy en la residencia que fue de Juan

Perón en la calle Gaspar Campos de Vicente López (comprada por el PJ bonaerense, como la residencia de San Vicente) y santuario del regreso del ex presidente al país después de su exilio. Para responder a esa amenaza oriental, Kirchner tiene preparado un antídoto que mandó a movilizar en el gobierno que ejerce en las sombras a través de su esposa: un anuncio del levantamiento del corte del puente hacia ese país por parte de los ambientalistas de Gualeguaychú, fruto de una secretísima negociación del gobierno con esos activistas. Que ese corte dure tanto en el tiempo es un fracaso que le hizo heredar a su esposa en el gobierno que ahora se le viene en contra y que Kirchner quiere sacar del medio. De Santa Fe recogió también el ex presidente un pronóstico que lo deja preocupado; a Hermes Binner no le va bien en la gobernación que ganó con el voto de las ciudades grandes de esa provincia, en donde Cristina de Kirchner tuvo mejor elección en el campo. El peronismo de esa provincia tiene que salir a buscar el voto en esos sectores que hoy están castigados por la política oficial de 35% de retenciones de soja. «Pero bajamos maíz y trigo», replicó Kirchner en un corro que quería brindar con él. «Néstor -cogoteó uno-, la gente está hoy en soja, por lo menos en Santa Fe». Los santafesinos no lo han podido convencer a Kirchner de que el campo con ese impuesto trabaja a pérdida; por eso salieron del cóctel del Correo con una señal, ambigua, como todas las que salen del ex presidente, de que puede haber esta semana otro anuncio grato a sectores medios como la baja de las retenciones a la soja.

Había un ambiente tan pesado que algunos celebraron una humorada de Héctor Maya cuando ingresó, tarde, Moisés Ikonicoff al primer piso de Lola. Venía con el pelo largo -merece ya una «pony tail» o colita- y unos inmensos anteojos de sol. «¡Ahí viene el representante de Madonna!», gritó Maya. Moisés explicó que venía de tomarse un café en Croc Madame, la confitería del Museo de Arte Decorativo, con Ramón Puerta y en mesa contigua a la del actor Robert Duvall -que almorzó ese martes allí una ensalada junto a su esposa argentina- y que había recibido más pedidos de fotos y autógrafos que el actor de «El Padrino». «Así que más respeto, ¿eh?». Estas demostraciones de popularidad fascinan a los políticos que viven escondiéndose de la luz pública por temor a reproches y agresiones, pero sirvió para dispar la pesadumbre que le había impuesto al almuerzo de los peronistas alternativos de los martes en Lola el invitado del día, el reaparecido Carlos Ruckauf. De vuelta de todas las vueltas, el ex gobernador y canciller que decía que cuando dejase la profesión quería hacerse periodista, explicó ese día un proyecto para volver a ser algo más modesto, diputado nacional.

Pidió micrófono para explicar su proyecto: «Quiero representar en el Congreso al público que reclama más seguridad». Sí, les dijo al centenar de asistentes a esa mesa cuadrada en el primer piso del restorán de la Recoleta, «quiero quedarme con el voto de la gente que antes votó por Rico y después por Patti». Habló sin reparos de que debe haber mano dura, de que ha fracasado la política que aplicó en la provincia de Buenos Aire Felipe Solá con León Arslanian, etc,. «El año que viene no se juegan personas y grupos, se juegan ideas», musitó Ruckauf, quien sentó a su lado a quien fuera su ministro de Justicia, el abogado Jorge Casanovas. La mesa, que busca sacarse de encima demonios del pasado que pueden nublarles el futuro, le pidió alguna precisión. «Sí, voy a ser el candidato de la mano dura», replicó «Rucucu», hombre que se renueva con el tiempo y que para muchos es un ejemplo viviente de un destino político. Antes de 2001 era el candidato con mejor intención de voto del peronismo, pero la administración de la provincia de Buenos Aires terminó con su futuro. Fue el autor de la frase «El gobernador que imprima bonos está terminado». Le pidió a De la Rúa el «corralito» de $ 250 para arriba para que no le fumasen el Banco Provincia (lo mismo le pidió José Manuel de la Sota para el de Córdoba) con lo cual demostró que la crisis de la provincia de Buenos Aires es la crisis de la Argentina. Llegó a lo más, renunciar a una gobernación del primer estado de la Argentina para ser ministro de Eduardo Duhalde, un modelo de retrocarrera política, después fue diputado en el «tren fantasma» de 2003, la lista que armó Duhalde con varios de sus ex ministros; ahora es disertante en Lola. Compañero de fórmula de Felipe Solá, juró este Ruckauf que nunca estará junto a «Felipe» en la interna de Buenos Aires, con lo cual revela que algún ruido debe haber con Duhalde. «¿Con el «Colorado?» (por de Narváez), le preguntaron. «Con el 'Colorado' puede ser».

Los radicales, que poco tienen para festejar desde hace un rato, tomaron turno la semana que pasó para celebrar los 25 años de la asunción de Alfonsín en el restorán Lalín, usado por el ex presidente antes de 1983 para sus conspiraciones políticas y al que han acudido los herederos de Yrigoyen a lamer heridas y cultivar la nostalgia desde entonces. se sucedieron con el mismo cocinero, los mismos mozos, el mismo adicionista y el mismo menú, la cena del martes de reencuentro de lo que fue la Coordinadora, la peña del llamado grupo Progreso del ex diputado José Bielicky el jueves a mediodía y la del centenar de ex funcionarios de Fernando de la Rúa que el jueves a la noche recordaron la asunción del ex presidente como senador en 1983. Un modelo de lealtad partidaria ésta de los radicales con Lalín, santuario que recuerda el pueblo gallego de donde es originario Alfonsín.

Pero no todo se resuelve con recuerdos: la reunión del martes a la que fueron desde Aníbal Reinaldo a Marcelo Stubrin, pasando por Enrique Nosiglia, Federico Storani y Leopoldo Moreau no fue sólo un lagrimeo nostálgico. En ese grupo se prepara una plataforma para un Julio Cobos retornado al partido, quizás el empeño final al que dedica sus horas Alfonsín en su departamento de la calle Santa Fe de la Capital Federal, tan visitado como siempre pese a que la salud lo distrae más que antes. En la peña de Bielicky, una multitribu que junta radicales con título de «ex» (ex funcionarios, ex legisladores, ex punteros, etc.) de los más variados sectores del partido todos los jueves a mediodía, tampoco se quedan en el relato de anécdotas nostálgicas; seguramente porque el espectro es bien amplio, va a ser esta noche la oportunidad para que se muestren, siempre en Lalín, por primera vez juntos Elisa Carrió, Gerardo Morales y el socialista Rubén Giustiniani. Una respuesta, además de una novedad en el escenario político, al proyecto de los coordinadores, que lo quieren a Cobos y a los socialistas, pero no a Carrió, a quien le teme. El dedo eléctrico sobre su pasado pero de quien tienen que admitir que en elecciones nacionales ha sido el año pasado la segunda fuerza nacional.

De la multitud de reuniones radicales que recordaron los 25 años en el interior, elegimos la que hicieron en un alto de la ruta de acceso a la capital de Mendoza los radicales que también buscan su destino. En la parrilla Don Mario, en las afueras de esa ciudad, arribaron las autoridades máximas del partido en el Congreso, Ernesto Sanz y el cordobés Jorge Aguad y el presidente del partido, Morales, el intendente de la capital Víctor Fayad (llegó al cargo el año pasado juntando votos radicales propios, pero colgado de las listas de Roberto Lavagna y Elisa Carrió), para celebrar que puede juntar a varios miles de militantes (como lo habían hecho esa noche en Guaymallén) sin el apoyo de la otra estrella local, Roberto Iglesias, que rechaza todo acercamiento a Cobos. Se entiende, porque el actual vicepresidente no sería quien es si Iglesias no lo hubiera sacado de una universidad y lo hubiera llevado como ministro a su gobernación. Iglesias es de los pocos que insiste en que Cobos ha traicionado a sus compañeros y que puede volver a hacerlo. Por eso prefiere apartarse de toda movida cobista, aunque su figura siga teniendo peso entre los mendocinos, radicales o no.

Mientras se devoraban un asado hasta la madrugada de ayer en Don Mario, los radicales repasaron el mapa electoral del año que viene, al que prefieren mirar como una acumulación de campañas locales. En los distritos, en efecto, habrá alianzas regionales que no podrán justificar fácilmente a nivel nacional. El ejemplo, explicó Sanz a sus correligionarios que no iban bajando bandejas de chivitos y achuras, es la provincia de Buenos Aires, adonde Margarita Stolbizer, que es Carrió, puede coquetear con Felipe Solá y con Cobos, dos personajes que a Carrió no le gustan pero a cuyo acercamiento no puede oponerse porque cumplen la estrategia de toda la oposición: meter legisladores para licuar el poder del kirchnerismo en el Congreso. A Aguad, que tiene el mismo propósito en Córdoba, le pasa lo mismo con Luis Juez, hoy socio de Carrió y que le ofrece ir juntos a la elección del año que viene. ¿No será que Juez quiere usar en esta elección a los radicales para afirmar una candidatura a gobernador en 2011? Es un riesgo que muchos radicales no quieren correr, como los de Buenos Aires, que ven que un Solá puede querer usar a Stolbizer y a Cobos para ser él el candidato a gobernador en 2011, algo que para muchos es su verdadero proyecto, y no ser candidato a presidente como desliza Felipe. «Vamos a ver en las provincias alianzas insólitas que no podrían repetir a nivel nacional», admitieron todos en esa mesa mendocina, pero festejaron que por lo menos los radicales estén peleando algo de poder después del luto en que los sumió la crisis de 2001.

El sábado fue la tarde de los sombreros en el Jockey Club de San Isidro, donde se corrió el clásico Carlos Pellegrini. La prenda, al igual que en los Derbies de Ascot en Inglaterra, era obligatoria para las damas que asistían en el recién inaugurado Salón Darwin al almuerzo de la fundación doctor Juan A. Fernández, que tiene como presidenta a Miriam Bagó y como presidenta honoraria a Mirtha Legrand. El glamour abundaba; de hecho el premio a la dama más glamorosa lo obtuvo Marianne de Haennen, una modelo de alta costura. Guillermina Bernabó, fue la del sombrero más elegante, según coincidieron los jurados. El atuendo celeste con flores se lo diseñó Gino Bogani. Tuvo que competir con el elegante sombrero negro de Mónica Parisier y la capelina de Mariel Quintana, la esposa de Bruno Quintana, presidente del Jockey Club, que le regaló el CEO de Ralph Lauren para Sudamérica, Roberto Devorik. Rosie Frías, premio a la elegancia, compitió con Lily Monsegur, pro tesorera de la Fundación, que tuvo la idea de llevar a un doble de Luis Miguel que hizo playback y fue confundido con el auténtico por las más despistadas.

En la mesa que organizó Martín Uriburu, de Bodegas Norton, estaban Carlos Cecchi (el prestigioso odontólogo que atiende presidentes, ministros y empresarios) y Alejandro Mac Farlane, CEO de Edenor, entre otros. De las distintas mesas era requerida Laura Noetinger, la diseñadora que estudió sombrerería en Kensington and Chelsea College con los maestros que diseñaban los sombreros de Lady Di. Devorik contó algunas anécdotas de un almuerzo del sábado anterior con Madonna. Ella le preguntó detalles sobre la vida en The Hamptons, el balneario exclusivo de Long Island, donde Devorik tiene su casa de descanso. La diva va a comprar una propiedad en la zona y podría ser vecina del empresario. Devorik no se divirtió en el almuerzo, porque la cantante está muy cerrada en sí misma y obsesionada con la comida y la cábala. Devorik, relató que le hicieron un sondeo para ofrecerle la embajada argentina en Londres. Su relación con el Palacio de Buckingham había llegado a oídos de Cristina de Kirchner. Mac Farlane, que estaba contento por el repunte de las acciones de Edenor en Wall Street, lamentaba que el consumo de electricidad no hubiera crecido respecto de igual época del año pasado. Explicó que el consumo domiciliario subió sólo 2% y el de las industrias cayó, por lo que el resultado fue neutro, lo que no es una buena noticia para la empresa y menos para la economía. Martín Cabrales dijo que la caída de las ventas de café se nota más en los supermercados que en los bares. El precio internacional del café, afortunadamente bajó casi 50 por ciento por la crisis.

A las cuatro de la tarde comenzó el éxodo del almuerzo de los que no querían perderse la final del Abierto de Polo en Palermo. Entre los hicieron doblete estuvieron Ernesto Gutiérrez, Martín Barrantes, Jorge Neuss, Bartolomé Mitre, Javier Guerrico (Mercuria), Gustavo Castagnino (Mercedes-Benz), Macfarlane, «Tato» Lanusse, Patrick Guerrand Hermes (de la tradicional casa de corbatas francesa y presidente de la Asociación Internacional de Polo). En esa final se festejó el triunfo de La Ellerstina en los distintos stands hasta la una de la mañana. Movistar albergaba a las mujeres más bellas. Luciana Salazar, Karina Jelinek, Soledad Solaro, Luisana Lopilato, Andrea Burstein, Dolores Barreiro, la diseñadora Verónica de la Canal y Dolores Gutiérrez, que no es modelo sino museóloga que da charlas sobre su especialidad por distintos países. José Luis Rodríguez Zarco, el español director general de Asuntos Públicos de Telefónica, le comentaba a Pancho Ibáñez que estaba asombrado por el movimiento que provocó esta final que desbordó el predio. Facundo Pieres, padre de los integrantes del equipo campeón, también eligió el stand de Movistar para el festejo. Lo acompañaba el empresario Federico Alvarez Castillo, que diseñó las camisetas de los campeones. El VIP de Chandon también estaba a pleno. Allí pasaba música la DJ Catarina Spinetta. Germán Neuss y Gaby Flores Pirán, junto a Gonzalo Bergada y Teresa Calandra, trataban de hablar por encima del ruido. El champán liberó secretos en los distintos stands. Algunos empresarios se animaron a contar detalles del de la presidente Cristina de Kirchner por el Magreb. El momento más insólito se vivió con Muammar Khadafi. Cristina le habló de mejorar el intercambio comercial. Su introducción duró 15 minutos. El líder (así hay que llamarlo a Khadafi) con túnica blanca y anteojos Ray-Ban muy oscuros, escuchó con la vista perdida en un punto del horizonte. Cuando la Presidente terminó de hablar, el líder siguió con la mirada extraviada. Los argentinos no sabían si estaba dormido, inconsciente o directamente muerto. Tal era el grado de inmovilidad. De pronto, se movió y habló durante unos minutos, traductor de por medio. No contestó nada de lo que la Presidente le había propuesto. Le habló de su aflicción porque la NATO (la OTAN) era una amenaza para su país y que debían crear la SATO, una organización de defensa similar sobre el Atlántico Sur. Le pidió a la mandataria que le prepare una reunión con ella, Hugo Chávez y Evo Morales para llevar adelante la idea. Los argentinos no sabían cuál iba a ser la respuesta presidencial, pero se sintieron aliviados cuando ella habló de pensarlo e insistió en mejorar el intercambio comercial. Otro comentó que no le gustó al Gobierno una frase de De Vido cuando habló de los embajadores que reclaman por las empresas de sus países que son amenazadas con sanciones o ser expropiadas. «Esos embajadores no actúan como representantes de sus países, sino como gerentes de empresas». El concepto parece que está muy instalado en todo el gobierno.

Termina el año y nadie se acuerda de la Papa, salvo un seleccionado de los vientres mejor alimentados de la Argentina, los integrantes de la autodenominada Academia de Gastronomía, una ONG que animan María Podestá y el empresario Ignacio Gutiérrez Zaldívar, que dedicaron al noble producto andino una jornada de homenaje. Fue en La Mansión del Hotel Four Seasons, no muy lejos de donde varias tribus opositoras al Gobierno nacional y al de Macri reclamaban el mismo jueves por el hambre de sus activistas (lo sacian con planes y subsidios) y paladearon un menú de varios platos, basados todos en la papa, que elaboró el cocinero más notable de la Argentina, Francis Mallman. Preparado para un centenar de invitados entre quienes estaban Alejandro Bulgheroni, Julio Werthein, el ex diputado Guillermo Alchouron, el abogado Daniel Funes de Rioja, Ernesto Gutiérrez, Alejandro Macfarlane, Caros Pulenta, Roberto Devorik, el ex rector de la UBA Guillermo Jaim Echeverry, el empresario Juan Carlos López Mena, el empresario francés Jacques Luyns, el ex viceministro Jorge Pereyra de Olazábal (quien venía de otra cena, política y de alianzas, con Alberto Rodríguez Saá, en el Circolo Italiano), el cortador de vinos más famoso del mundo Michelle Rolland y su socio en caldos inmejorables, el salteño Arnaldo Etchart (quien entonó uno de sus habituales poemas al vino).

Lo de Mallman fue un alarde, en realidad, repitiendo un menú que le había reportado hace 15 años un premio en Francfort; de entrada, chips de papa con centolla, seguida de cinco platos, con el mismo ingrediente: causa peruana (un puré frío con ingrediente que intentan resaltar la base), crocante de papas con salmón, sopa de papas con confit de pato y puré de papas con costillas de cordero. De postre, papa, papa y papa: un helado de papa con naranjas y ciruelas azucaradas. Al final, premios esperables a restoranes porteños (Chila, La Bourgogne) notable para estos académicos que se dieron tiempo para otras conversaciones que no fueran las delicias de Mallman: los relatos de Rodríguez Saá a su socio político Pereyra de Olazábal sobre el actor Tommy Lee Jones perdido en las sierras de San Luis, pero encontrando el rumbo gracias a que ésa es una provincia Wi-Fi, las felicitaciones a Werthein porque se repone de una caída que preocupó a todos porque no lo ha retirado de las reuniones sociales a la que acude casi todas las noches, sólo superado por Cristiano Rattazzi en asistencias a cenas, cócteles y festejos de todo tipo. Se ufanó Alchourón también de haber copado el primer piso de Lola para invitar a dirigentes del macrismo al que quiere subirse, y que logró presencias de todos los sectores como Alberto Natale, Martín Borrelli, Oscar Moscariello, Jorge Vanossi, Ricardo Gómez Diez, Jorge Enríquez, Santiago de Estrada, Federico Pinedo, Paula Bertol, Nora Ginzburg, Esteban Bullrich, Cynthia Hotton, Julián Obiglio y otros. ¿Y Macri? Mauricio no se presta a esas salidas nocturnas con políticos, aunque quebró una costumbre ayer, asistió al partido de Boca Juniors por el fin de la temporada.

«A mí no me tocó ni un solo peso», aseguró la artista Marcia Schvartz en la vernissage de la muestra de Antonio Seguí en el hotel Hyatt. El dicho viene a cuento de la escalada vertiginosa de la cotización de Schvartz, ya que la Fundación Costantini acaba de comprar para la colección del MALBA por 60.000 dólares, su «Retrato de Batato Barea», un ícono del teatro underground de la década del 80. Mientras el mundo financiero tambalea, y muchos coleccionistas reconocen haber perdido una parte significativa de sus fortunas, la cifra causó un verdadero revuelo en el mundillo del arte. No faltó gente que llamó al MALBA para quejarse porque distorsionaban los precios, y también a la artista, para advertirle que la habían usado vaya a saber con qué fines. La verdad se fue revelando poco a poco en las comidas y los encuentros. Schvartz vendió el cuadro en la década del 80 por alrededor de 2.000 dólares a la coleccionista Myriam Bendjuia, y el MALBA se lo compró a través del galerista Hernán Zavaleta que -recién se supo días más tarde- cobró una comisión mínima. Por una impecable fuente también se supo que enterada Bendjuia del interés del MALBA en el cuadro, averiguó la verdadera cotización de Schvartz y duplicó el valor. «Si este señor Costantini paga precios récord por el arte, que pague lo que yo pido. De otro modo, no lo va a tener», dijo la coleccionista. Y se sentó a esperar. Al final, en una comida en lo del galerista Alberto Sendrós, con el director del Museo de Bellas Artes, Guillermo Alonso, y los coleccionistas Marion Helft y Miguel Riglos aseguraron que Bendjuia logró lo que quería: la Fundación Costantini compró la obra y además pagó los elevados impuestos que gravan el arte.

Pero, entre tanto, aprovechando la euforia, el coleccionista Gabriel Werthein vendió otro retrato de la misma época en 45.000 dólares. Estas movidas trajeron el recuerdo de la cuestionada compra de la colección de arte de la Cancillería en la década del 90. Se dijo que en realidad no fue Guido Di Tella responsable de pagar precios récord y ajenos al mercado con dineros públicos, sino un jurado muy bien pago que cobró u$s 2.000 por mes durante dos años, integrado por gente que todos conocen, como la académica Nelly Perazzo. Éstas y otras cuestiones se comentaron la semana pasada en el MALBA, cuando se reunieron los coleccionistas de arte de todo el país para escuchar a Gustavo Bruzzone, Esteban Tedesco, Aníbal Jozami, Julio Crivelli, Ignacio Liprandi, Mario Gradowczyk, Juan Cambiaso, Patricia Pearson, Luis Parenti y, entre otros, Gabriel Werthein, cuando mostraron sus preciados tesoros. Para cerrar un encuentro (que también suscitó polémicas porque se les negó el ingreso a los galeristas), Jorge Helft citó a Freud, que define a los coleccionistas como neuróticos y obsesivos. Varios se sintieron identificados, pero lo cierto es que como decía el ultrapoderoso Paul Getty, «millonarios hay muchos, pero coleccionistas pocos», reconociendo la búsqueda de protagonismo, debilidad que no todos padecen, sobre todo en la Argentina, donde a veces, con justa razón, se torna obsesiva la búsqueda del bajo perfil.

Los coleccionistas argentinos que aman el arte y también las líneas «divinas» de los autos con estirpe no son demasiados; entre los más fervorosos figuran «Goyo» Pérez Companc y Fernando Sánchez Zinny. El primero gasta más en autos que en arte; y el segundo, con su modesta fortuna trata de equilibrar sus pasiones. Ahora apareció un tercero, el empresario de cables Jorge Gómez, decidido a reunir una pequeña colección de arte con una buena máquina. Así se compró un Porsche GT2 provisto con 12 capots, para que sus amigos artistas los pintaran. Lo cierto es que Gómez eligió bien los artistas, entre las pinturas de Marta Minujín, Eduardo Stupia, Ricardo Roux, Rogelio Polesello, Luis Benedit, Daniela Boo, Clorindo Testa, Omar Panosetti, Germán Gargajo, Juan Batalla y los uruguayos Pablo Atchugarry y Carlos Páez Vilaró, hay algunas, las más inspiradas, que cortan el aliento. Y sin duda acertó con el Porsche, una creación de Ferry Porsche, hijo del ingeniero que diseñó el Volkswagen, quien un buen día le dijo a su padre: «Voy a hacer un auto», se encerró en el garaje y diseñó una obra de arte: el 911.

La idea de que un artista intervenga con sus pinceles un auto -que se supone «perfecto»- es una rareza, pero el Museo de Arte Moderno de Nueva York rompió hace más de una década con todos los prejuicios, al incorporar en su colección la Ferrari F1 641/2, roja y reluciente con líneas tan abstractas como un Kandinsky, y al pedirle al filósofo Roland Barthes que escribiera el texto del catálogo. «Creo que los autos son hoy la exacta equivalencia de las catedrales góticas. Con esto quiero decir que son áreas concebidas con pasión por artistas desconocidos», afirma Barthes. Sobre estos temas hablaban Minujín y Stupía, recién llegados de Nueva York y, sin duda, continuarán la charla mañana, en el almuerzo del Hotel Alvear, donde el creativo Gómez, celebrará su proyecto y también su cumpleaños, rodeado por los artistas, algunos fans del automovilismo y parte del staff de Porsche.

Vamos a terminar con un chiste fuerte. Un joven entra a un bar y pide una cerveza, cuando desde el otro lado de la barra escucha a un hombre que le grita:

- ¡Anoche me acosté con tu mamá, tarado!

El joven intenta ignorarlo, y comienza silenciosamente a beber su cerveza. El otro, sin embargo, insiste:

- ¡No sabes cómo se mueve en la cama tu vieja!

De nuevo, el joven hace como que no lo oye. Por tercera vez el hombre le grita desde el otro extremo del local:

- ¡Y ni te cuento como hace el ..., y lo otro también! ¡Una reina en la catrera, tu vieja!

En ese momento, el joven lo interrumpe y le dice:

- ¿Por qué no dejas de ponerme en ridículo, borracho como estás, y te vas a casa, papá?

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