Charlas de Quincho

Como es habitual los fines de semana largos, dividimos en dos partes la entrega de estas charlas (la segunda, mañana). En esta primera parte, le contamos la extrañeza de la Presidente por las inclemencias del clima sureño, al que no parece haberse acostumbrado a pesar de su larga permanencia en Santa Cruz. También el encuentro de partidarios de un mandatario municipal, en el que uno de sus ministros clave pidió «gobernar para la gente y no para las corporaciones». Allí no fueron pocos los que se preguntaron por su paradero que se mantuvo desconocido una semana íntegra. En un tono más serio, se habló en una comida organizada por un puntero presidencial de las dificultades de un gobernador con su Policía. Veamos.

No aguantó la risa Cristina de Kirchner cuando le contó el viernes, al regresar de Monte Aymond, en la frontera con Chile, del acto con Michelle Bachelet, cómo llegaron las delegaciones a la inauguración del monolito por los 30 años de Beagle. «La Patagonia es así», le recordó Néstor Kirchner a esta abogada platense que no deja de sorprenderse por las rarezas de esa región. Primero intentaron subir junto a las delegaciones, en las cuales eran estrellas los embajadores Ginés González García y Luis Maira (de la Argentina y de Chile, respectivamente), a unos helicópteros para llegar a Monte Aymond. Los descartaron porque el viento ya los volaba estando en tierra. Trajeron una combi con doble tracción, subieron las dos damas adelante y los dos embajadores atrás, y trataron de llegar. El viento frenó la marcha de los vehículos varias veces, haciendo recordar míticas rachas patagónicas que obligaron alguna vez a que un grupo de niños que iban a la escuela fueran amarrados a una cuerda para que no se perdiesen en la ventisca. El relato presidencial no se quedó ahí en lo desopilante: el monolito que debían inaugurar no estaba en su lugar definitivo; era un túmulo sobre rueditas que esperaba a las delegaciones bajo un tinglado que temblaba (por el viento, claro). «Después lo vamos a llevar rodando a donde va a quedar definitivamente», les explicaron.

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La risa en Olivos al regreso se mezcló con otras miserabilidades, como teledirigir la conferencia de prensa del sábado de funcionarios sobre créditos para comprar autos. La idea era no dejar pasar más tiempo por los anuncios. Pero es sábado, replicaba Parrilli. No importa, que vaya la gente lo mismo. ¿Y con los turistas que visitan la casa? Que entren lo mismo, además se enteran. ¿Pueden sacar fotos? Sí, respondía Olivos. La idea era sobreactuar la actividad ahora que la Presidente va a estar afuera una semana. También atendieron los Kirchner otras especies del rubro artístico, otra de sus devociones. Por ejemplo, la noticia del pase del programa de Mariano Grondona de C5N (llamado por El Mercurio de Chile «Cristina-5-Néstor») al Canal 26 del ex diputado Alberto Pierri. También reforzar la idea de que la salida de Romina Picolotti tuvo que ver con trámites judiciales -como si otros funcionarios no estuvieran igualmente (o más) empapelados- y no con sus peleas con algunos gobernadores que quieren defender la actividad minera en sus provincias o con las presiones de alguna empresa papelera.

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La noticia de la muerte del patriarca ruso Alexis II -otra desgracia que roza a Olivos, como la suspensión del recital de Madonna, lo cual está poniendo a prueba los efluvios de esa casa en la fortuna de los demás, como le ocurrió a otros presidentes antes- desbarató la actividad de Néstor Kirchner en Moscú, adonde iba a dar un par de conferencias invitado por el premier Vladimir Putin ante jerarcas del oficialismo. ¿No hay conferencia? No hay viaje, dictaminó Kirchner. Se salvó de darle explicaciones por aquel plantón que le hizo a Putin en 2004 cuando éste lo esperaba el aeropuerto de Moscú para saludarlo cuando los Kirchner viajaban a China, pero demoraron la escala y el entonces presidente no los quiso esperar. Quedarse en la Argentina le hizo fantasear con ir anoche a San Nicolás a participar de la fiesta de casamiento de la hija del diputado José María Díaz Bancalari, la última fiesta política importante del año, con asistencia masiva de políticos, legisladores y funcionarios (éste es un mundo en donde los protagonistas tienen todos sueldo público, viáticos, celular, vocero y secretario, todos pagados por el Estado). Hasta cerca de la medianoche de ayer no había llegado, pero el relato de esta fiesta se hará con lujo y detalle en la segunda parte de estas Charlas de Quincho.

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Fueron llegando de a uno al Centro Asturiano de Vicente López, fieles al llamado de su jefe, que no es un Kirchner ni gobernador alguno. Pese a lo cual integran un partido político virtual, con códigos, objetivos, metas, recursos y conducción. El jefe es el santafesino pasado por Mendoza Juan Carlos Mazzón, que el miércoles juntó a todos los gobernadores, legisladores y funcionarios que le responden, más de 200, que se comieron todo el menú de pollo con salsa (en esa casa, más frecuentada por radicales, toda comida política presume el pollo y la entrada de ensalada rusa). Este puntero presidencial de banda ancha (toma todo, como en la perinola) que es Mazzón hace todos los años estos alardes de exhibición de su gente, una forma de recordarles quién los puso donde están pero, más importante, quién los representa ante Néstor Kirchner, hoy el jefe, como antes lo hizo con Carlos Menem o Eduardo Duhalde. En suma, que Mazzón es un poder permanente del peronismo y quien juegue allí tendrá siete vidas, sean quien sea el jefe del peronismo de cada momento.

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Entre los gobernadores estaban José Luis Gioja, Juan Manuel Urtubey, Mario Das Neves; el vicegobernador de Corrientes Rubén Pruyas, Alberto Balestrini, José María Díaz Bancalari, el ex gobernador y hoy diputado Jorge Obeid, el embajador en Chile Ginés González García, el recaudador Santiago Montoya, el apoderado del PJ Jorge Landau, el ex SIDE y hoy intendente de General Roca (Río Negro) Carlos Soria, la diputada Patricia Fadel, el senador Fabián Ríos, que maneja la comisión clave en el Senado, Presupuesto y Hacienda. Mazzón tomó el micrófono y en su tono amendocinado trató de reanimar a los peronistas que se desvelan por las elecciones que vienen: «El año pasado les dije que Néstor Kirchner iba a ser el presidente del PJ: cumplimos. Esta vez les anuncio que el año que viene, cuando nos juntemos de nuevo, vamos a estar festejando un triunfo electoral». Obvio, porque este partido, uno de los más sólidos y con mayor continuidad, siempre gana las elecciones, es decir les permite a sus integrantes permanecer en el cargo, algo que los otros partidos no les pueden asegurar a los suyos.

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La charla fue transversal y federal, como que todos venían de distritos distintos con problemas distintos. Landau, que es el peronista más operático que tiene esa fuerza desde la emigración de Carlos Corach (era antes de irse a Londres y París figura infaltable en el Gran Abono, es decir con black tie), se lamentó de que el Colón no haya retenido a Marcelo Lombardero (regisseur y cantante) y al vanguardista director de orquesta Stefan Lano (a quien le atribuyeron cobrar un salario de u$s 10 mil pero le criticaban ser demasiado anti-Verdi y anti-Puccini). Este Landau ha debido saciar su pasión operática asistiendo a otros ciclos en el teatro Avenida o en el Argentino de La Plata (aunque confiesa que huyó del tercer acto de «Los cuentos de Hoffmann»). Otros, más prosaicos, trataban de adivinar qué hay detrás de algunos movimientos en la frontera, como los que hace Lula da Silva en algunas provincias reclutando lo que algunos creen son gobernadores e intendentes «afines» a sus ideas, a los que espera llevar a una cumbre en San Pablo. Raro este empeño de Lula, que ha criticado tanto la acción fuera de Venezuela de un Hugo Chávez (hasta llegó a demorar la votación en su Congreso de la ley que crea el parlamento del Mercosur por temor a que Chávez haga elegir diputados propios con las tribus que le responden en cada país), y más en un presidente que va a la reelección. Uno de los gobernadores que asistirán a esa cumbre es el santafesino Hermes Binner, que se ha aficionado a los viajes internacionales (estuvo de gira por España, invitado por los socialistas, junto a Urtubey, presente en la mesa de Mazzón, y a la fueguina Fabiana Ríos).

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La mención de Binner llevó la conversación al tema del asesinato de un dirigente del sindicato de la leche en Rosario, que para algunos es una suerte de «caso Cabezas» para el gobierno santafesino. Es decir, un crimen con zona liberada por un sector de la Policía, de manera de complicar al gobierno provincial. Según los que ven bajo el agua en estas cosas, hay sectores de la Policía de Santa Fe que están dominados aún por ex funcionarios del gobierno peronista, situación de la cual Binner es víctima, y ante la cual no sabe bien qué hacer. Esa muerte y otros hechos hacen que en esa provincia crezca en el público la demanda de que haya algún cambio en los funcionarios que controlan la seguridad, de manera de mantener una de las características de Santa Fe, provincia que ha sido, pese al tamaño de algunas ciudades, bastante segura si se la compara con otras como Buenos Aires o Mendoza. Cuando se venía la noche en la cena de Mazzón, las preguntas llegaban a la sorna: ¿qué policía -decía un legislador de esa provincia- puede ignorar que el hermano del detenido por el caso de la efedrina Mario Segovia, que es apenas cabo de policía, había viajado siete veces en primera clase a México? ¿Debió estallar el escándalo para que la Policía pusiera la lupa sobre él? (Ya está detenido).

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¿Puede un gobernante desaparecer una semana en viaje privado, más con la crisis que enfrenta el país? ¿Cambia algo que se quede sin tomar descanso para pasarse, como algunos mandatarios provinciales, media semana arriba de los aviones para asistir a los actos en el Salón Blanco al cual el Gobierno los convoca día por medio como si fueran asambleas extraordinarias a las que es imposible faltar porque algún Parrilli siempre toma lista de ausentes y presentes? Ni que decir cuando la Presidente invita a alguno de ellos a un viaje, algo que implica estar fuera del país una semana (el gobernador del Chaco se bajó del viaje que inicia Cristina de Kirchner a Rusia para evitar estar lejos de su despacho durante tan largo tiempo). Este y otros dilemas entretuvieron a los macristas del ala michettista, que se reunieron a devorar un asado en el Club Palermo y a adivinar en dónde estaba su jefe. Para algunos, Mauricio estaba en Aspen esquiando junto a sus amigos José Torello y Nicolás Caputo (su almohada, consulta con él todos los asuntos, privados y públicos; hasta lo arriesgó al presentarlo como asesor -sin serlo- en una negociación con sindicalistas). Para otros, se entretuvo toda la semana que pasó en un torneo de golf para su categoría de aficionados, previo a aparecer el sábado en la reapertura del teatro La Scala de Milán, ya en funciones oficiales como jefe de Gobierno. Como a Macri lo ama este sector del padrón, igual le disculpan todo, y citan con fruición sus frases (alguna ingenuidad) como cuando dice que «el tango es la soja de los porteños» por los ingresos que le trae del extranjero; o que este campeonato de la AFA es tan raro que «parece que nadie lo quiere ganar». La cena fue para despedir el año y hacer algo de músculo antes de 2009, que tendrá a la jefa de este sector, Gabriela Michetti, como estrella. Lagrimearon algunos cuando pasaron un video de la vicejefa en un programa de Mirtha Legrand, celebrado por el organizador Martín Borrelli, los ministros Mariano Narodowski y Guillermo Montenegro, algunos invitados del radicalismo macrista (Martín Ocampo) y también del peronismo (Diego Santilli, quien sin embargo se hace asesorar por ex radicales como Lautaro García Batallán, Alvaro González y Silvia Majdalani), y algún resto de aquello que se llamó Recrear, Carlos Araujo y Marta Varela. Hubo excluidos de esta invitación que conviene repasar porque son la orografía del mapa macrista, como el peronista Cristian Ritondo, que se entiende mejor con el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta, quien tampoco fue convidado al Club Palermo. Se perdió lo más importante de la noche, el rap del ministro Narodowski, tan enfático que para algunos fue un canto de victoria, pero para otros fue una confesión derrotista y con entrelíneas para su adversarios del gabinete: «Tenemos que gobernar para los vecinos y no para las corporaciones, y este año esa pelea no tuvo lugar. Lo tendrá el año que viene y yo tengo miedo, porque si otros fracasaron ahí, ¿por qué no nos puede pasar a nosotros? Insisto, tenemos que gobernar para los vecinos y salir de esta mierda en la que vivimos». Una novedad que en el macrismo se hable de fracaso, o que se admita que hay funcionarios que gobiernan para corporaciones. Desde ese día, el macrismo está en estado de sesión permanente para interpretar estas oscuras palabras de uno de los principales ministros de Macri.

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Ni la huelga de estaciones de servicio, ni las semifinales del Abierto de Polo que se jugaron el fin de semana, retuvieron a la gente en Buenos Aires. Querían alejarse de la Ciudad aprovechando el feriado del lunes. La primera señal de que iba a haber ausencias se vio el viernes en Hurlingham, donde la Copa Princesa Máxima de polo femenino se jugó ante apenas 500 personas (Máxima ausente, ganó el team francés, pero todos celebraron la actuación de la local Lía Salvo). En Palermo, el sábado y domingo, las tribunas mostraron claros. Pocos empresarios, que coincidían en que todas las medidas que se anunciaron dependen de la confianza de la gente. «En la Argentina el temor es que pase lo mismo que en el mundo, pueden prestar dinero a tasa de interés cero, que no se animan a consumir». En el vip de Chandon, que al igual que los otros sponsors del polo tuvo que pagar el doble que el año pasado y con menos ventajas (pocas entradas de favor y casi ningún lugar para estacionar dentro del predio), se mezclaba la DJ Catarina Spinetta, con Margaret Henríquez, la presidente de Chandon que deja su cargo el 9 de enero; el embajador de Francia, Frederic du Laurens; Germán Neuss y Gaby Flores Pirán; Cecilia Sartorius con Freddy Green; Eduardo Costantini y su esposa Clarice; Wally Diamante; Luis Tesolín, el capitán del yate «Fortuna»; Florencia Solanas Pacheco, de Mirabaires; Gloria Fiorito, la empresaria inmobiliaria, acompañada de Victoria Holmberg, pronta a partir para un lodge cerca de Alicurá en Bariloche, y Diego Videla, del Banco Galicia.

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Pero tal vez lo más sorprendente ocurrió el domingo en el vip de Movistar, donde para sorpresa de Norma Barbieri, la gerente de Comunicaciones, apareció el ex secretario de Medios Darío Lopérfido, abrazado con Esmeralda Mitre. Él sonriente y ella con el ceño fruncido (la simpatía nunca fue su fuerte), formaban una pareja extraña. Ella, aspirante a actriz, no quería fotos. Nadie entendía por qué, ya que si querían anonimato no estaban en el lugar indicado. Lopérfido parece elegir mujeres de alto perfil para mostrarse. Algunos ponen en duda esos romances. La novedad desplazó de los comentarios al embarazo de Cora Reutemann, la hija del ex gobernador de Santa Fe, que está en pareja con uno de los hijos de la ex modelo Evelyn Scheidel.

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Vamos a terminar con un chiste de una categoría que no parece perder vigencia. Una nueva azafata, nacida en Galicia, se incorpora a una aerolínea española. Su viaje inaugural es perfecto, y el jefe de cabina la ayuda lo más que puede. Llegan a destino, cada uno se va a su cuarto de hotel y a la mañana siguiente se juntan en el lobby para salir hacia el aeropuerto, para emprender el viaje de regreso. El comandante pasa revista a la tripulación, y falta la nueva azafata. La esperan un rato, pero ante la tardanza el jefe de cabina decide llamar a su habitación. Gran sorpresa del hombre cuando escucha a la chica sollozando del otro lado del teléfono.

- Hola, ¿María? Pero mujer, ¿sigues en tu cuarto? ¿Qué te pasa?

- ¡Es que no puedo salir!

- Pero por qué no puedes salir, chica...

- ¡La habitación tiene sólo tres puertas: una es el baño, la otra es el clóset y en la tercera hay un cartel colgado que dice «No molestar»!

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