Charlas de quincho

A diferencia de otras oportunidades, en las que priva la frivolidad, fue la religiosidad lo que predominó en las charlas de esta semana. Esta cuerda la inauguraron la Presidente y el cardenal primado, pero no fueron los únicos. Un ex mandatario, ante ruralistas cordobeses, arriesgó que "a la Patria la salvan el campo y la Iglesia". La excursión mediterránea de este ex causó inquina en el PJ local; su líder lo acusó de haberse equivocado "al promover a no peronistas". También hubo un nuevo desayuno de oración, interreligioso, que reunió a opositores (en su gran mayoría) y a algún político oficialista. En otro foro, un sociólogo encuestador que entregó datos poco halagüeños para el gobierno fue confrontado por un colega ex funcionario. La intervención dio pie a humoradas aún menos gratas hacia la Presidente. Veamos.
Quizá porque el fin de año lleva a todos a cierto territorio de piedad, la semana estuvo teñida de un penetrante aroma clerical, no sólo por la visita del cardenal Jorge Bergoglio a Cristina de Kirchner. Fue esta cita seguramente lo más destacado porque salieron las dos partes festejando con aire de tregua. El primado se mostró ante la Presidente como un moderado -lo es- cuando dijo que también la Iglesia tenía -como el islam de los países que venía de visitar Cristinade Kirchner- sus integristas y fundamentalistas. Replicó así una leyenda que circuló durante la semana sobre una impugnación de Bergoglio por sectores conservadores para continuar en el cargo. Molestó a los obispos seguramente que los sacasen de apuro del almuerzo del jueves con el aviso de Presidencia de que Cristina de Kirchner debía adelantar la reunión de las 17 a las 14.30 porque tenía obligaciones de Estado con un acto en Lomas de Zamora. Apenas salieron del despacho presidencial se enteraron de que en realidad los Kirchner apuraban un viaje a El Calafate, quizás por temor a que el malhumor de los porteños por los cortes de luz acercase a algún cacerolero a la residencia de Olivos. Cuando los obispos llegaban de regreso a sus domicilios, ya volaba el avión presidencial hacia Santa Cruz. No dio la cita para que los obispos hablaran de nimiedades que pueden saltar como otros frentes de pelea entre el gobierno y la Iglesia, como el juicio laboral que le inició a la Nunciatura un mozo que reclama despido de esa legación diplomática como si fuera un empleado cuando, según los asesores de Adriano Bernardini, en realidad fue reclutado de una bolsa de trabajo del sindicato de los gastronómicos para atender en algunas recepciones. El anterior nuncio casi fue a la guerra porque la construcción de un hotel sobre la avenida Alvear podía quebrar la intimidad del palacio en donde tiene sede la representación vaticana. Ni pensar a qué puede llegar este entuerto laboral si las huestes gastronómicas se ensañan con piquetes en las puertas de ésta y de otras embajadas. Al partir seguramente la desvelaban a la Presidente cuitas más serias, como la tensión que se ha creado entre dos damas del gabinete (Débora Giorgi y Beatriz Nofal) por el control de los programas de auspicio a las inversiones. Se juntan dos voluntades fuertes, pero también dos programas. A Giorgi en la provincia de Buenos Aires, el área inversiones se la manejaba Alfredo Atanasof, un apóstata del kirchnerismo que hoy alberga junto a Francisco de Narváez y, obviamente, Eduardo Duhalde. La pregunta del día es: ¿resignará alguna de las dos funcionarias su posición? Giorgi ya se desmarcó del conflicto con un mensaje que no aclara mucho: «Esto no lo decido yo, lo decide Cristina».

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El clima religioso movió hasta a algunos opositores como el grupo de políticos que se dedican todos los años, superando las inquinas que los dividen, a orar juntos. El diputado macrista Eugenio Burzaco cerró el desayuno de oración que se hizo el jueves en el Roof Garden del hotel Alvear pidiendo que los cerca de 500 asistentes a ese raro mitin religioso rezasen por la presidente de la Nación. Nadie se negó a hacerlo, y todos bajaron la cabeza y rezaron por Cristina de Kirchner, que ante los obispos comprometió a la tarde de ese día una serie de reuniones en la Argentina y en Chile los próximos días, con obispos argentinos, chilenos y un brasileño (el cardenal Scherer, de San Pablo, uno de los más jóvenes -tiene 60 años-, es amigo personal del papa Benedicto XVI y a quien representará en los actos por los 30 años del Tratado del Beagle). Esa reunión pareció, pese a algunas presencias del oficialismo, como la de la diputada kirchnerista María Lenz, una jornada opositora, ya que en la mesa principal se sentaron el vicepresidente Julio Cobos y el ex presidente Ramón Puerta, animador del peronismo alternativo -el que se opone a los Kirchner-. Ninguno de ellos se salió de tono y a la hora de hablar, Cobos quiso mostrarse -pese a ser ya un emblema del cisma en política- conciliador.

Este movimiento de los políticos que rezan juntos viene de los Estados Unidos y busca que las diferencias entre las facciones se superen, aunque sea por un instante. Eso explica que estuviera presente el embajador de ese país, Earl Anthony Wayne, quien contó que en marzo próximo habrá una jornada similar en Washington a la que ha prometido su presencia el electo presidente, Barack Obama. También estaba un senador venido de Bolivia, que dijo encabezar el bloque de la oposición a Evo Morales, aunque nadie le prestó mucha atención, quizás para evitar que aflorasen politiquerías en una tenida religiosa. El clima acuerdista y ecuménico mezcló a algún sacerdote; la rabina Silvina Chemen (de la comunidad Bet-el), que dio una atractiva alocución sobre la tolerancia; y varios pastores evangélicos, entre ellos Claudio Freidson, de la iglesia Rey de Reyes y con actuación en la TV por cable. Tan mansa propuesta permitió que convivieran durante un par de horas gente del gobierno, todos de segunda línea, con opositores. En realidad, la organización estuvo cargo de dos damas del macrismo, las diputadas Paula Bertol y Cynthia Hotton (que es pastora evangélica), que recogen un formato que inauguró hace algunos años el empresario Billy Murchison (vinculado a IDEA y a una de las empresas que administra el puerto de Buenos Aires). Faltó quien presidió la jornada el año pasado, Mauricio Macri, y también Gabriela Michetti, que dirige el coro de políticos cantores acompañándose con la guitarra -los dos están fuera del país-. Esta vez el coro lo dirigió Bertol, y entre las voces más entonadas estuvieron Andrea de Arza, esposa de Rafael Bielsa, un hombre que dice haber tenido una aparición de la Virgen María en su propio dormitorio (el ex canciller estuvo ausente, quizás porque esa experiencia mística lo hace calificar para reuniones más encumbradas), el diputado macrista Federico Pinedo y el ex concejal porteño Eduardo Valdez, otro de los píos de la política criolla.

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Hugo Moyano, a quien el gobierno corrió de las puertas de algunos diarios piqueteados por activistas de su sindicato que quieren encuadrar como propios a quienes los distribuyen, no se olvida de entuertos viejos a los que algunos han querido ligarlo. Por ejemplo, estuvo el viernes por la noche en Venado Tuerto para inaugurar un sanatorio sindical al que le pusieron el nombre del asesinado tesorero de Camioneros, Abel Beroiz. La presencia del «Negro» acercó a varios caciques sindicales y algunos funcionarios, como la viceministra de Trabajo de Santa Fe, la socialista Alicia Ciciliani; el senador provincial y presidentedel Partido Justicialista de Santa Fe, el reutemista Ricardo Spinozzi; el intendente de esa ciudad, José Luis Freyre; el secretario general de la CGT Rosario, Néstor Ferraza; y un seleccionado de dirigentes políticos, gremiales y funcionarios de gobierno. Ante la mirada de los presentes, Moyano se ocupó de destacar la presencia del presidente de la Federación Gremial del Personal de la Industria de la Carne, José Alberto Fantini, a quien abrazó con una efusividad que no tuvo con los demás. El gremialismo, que es un planeta con códigos y señales que a veces entienden mejor los expertos, entendió el mensaje, que preció ir más allá de una muestra de afecto y pareció sellar un acuerdo que puede dar que hablar. De lo que sí se ocupó Moyano también fue de pedir que la Justicia santafesina esclarezca del todo el asesinato de Beroiz para que, como otros ilícitos que rozan la política, no quede impune.

Sobre impunidades, se comentaron entre los santafesinos algunas aristas del caso de la detención de Mario Segovia, el extravagante «rey» de la efedrina en Rosario. Dio que hablar, más allá del impacto que generó la noticia en sí misma, que abre suspicacias de todo tipo, desde la trama policial en sí, hasta la conducta de algunos protagonistas al exhibir modos de vida que más les convendría poner en sordina para no complicar su situación cuando son denunciados. En esa ciudad extrañó a muchos que ciertos sucesos vinculados a la causa no fueran dados a conocer por algunos medios de prensa de la ciudad santafesina. Por ejemplo, nada se dijo sobre el allanamiento que hizo la Justicia en el estudio jurídico del abogado Wilfredo Scarpello, que funciona en el tercer piso de una coqueta galería ubicada en calles San Martín y Córdoba, pleno centro de la ciudad y en donde tiene oficina de contador detenido por esta causa Roberto Guerini. Fue invadido por agentes de la Policía Federal que cumplían órdenes del juez federal de Campana, Federico Faggionato Márquez, encargado de echar alguna luz sobre este caso que cada día que pasa descubre, como una cebolla, nuevas capas. Las que a su vez van revelando un mundo oscuro en el cual se trafican miles de kilos de ese precursor químico para drogas cuya comercialización se prohibió en los Estados Unidos porque era imposible hasta para la DEA impedir que se lo derivase del uso legal al uso ilegal. Ese país llegó hasta a tolerar que determinadosmedicamentos dejasen de llevar la droga, con efectos en la salud porque hay dolencias que se trataban con ese ingrediente que no ha tenido reemplazo en todos sus usos.

Pero los santafesinos tienen otras inquietudes más graves, como el hecho de que la Suprema Corte de Justicia provincial ha tenido que llegar al mecanismo del voto secreto para elegir nuevo presidente por primera vez en muchos años. Hasta ahora existía un clima de consensos que había evitado ese procedimiento para que los postulantes alcanzasen los cuatro votos (sobre seis) necesarios para acceder a ese cargo. El debate por la nueva presidencia enfrentó a varios de los magistrados que integran el tribunal con la postulación de una mujer, la jueza María Angélica Gastaldi, a quien algunos atribuyen una referencia al senador Carlos Reutemann. En el debate de la semana que pasó ninguna conversación discreta prosperó, al punto de que cuando uno de los jueces propuso a Gastaldi, se trabó la discusión. ¿Quizás porque la postulante es mujer? preguntó alguno ante el silencio del resto.

El actual presidente Roberto Falistocco no negó en esa charla entre los ministros de la Corte que fuera un postulante a reelegir, aunque tampoco lo desmintió. Erbetta intentó desnudar esa intención preguntándoselodirectamente al presidente, quien titubeaba en sus respuestas. Acto seguido Erbetta, ante el silencio de todos, pidió que trajeran una urna que no se había usado durante largo tiempo para que se hiciera un voto secreto, que nadie recuerda cuándo se hizo. Hubo cinco votaciones pero ninguno de los postulantes sacó más de tres votos.

Destrabaría la situación algo que ninguno de ellos admite, que es que el presidente se vote a sí mismo (poco elegante). Para distender, el tribunal prefirió pasar a cuarto intermedio hasta esta semana, de modo de que las charlas que se hacen en estas horas saquen a la Corte santafesina de este entuerto nada menos que por el control de un poder del Estado provincial. ¿Será una mujer la próxima presidente?

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Tampoco escapó al aire clerical de la semana Eduardo Duhalde, quien desembarcó en Córdoba con un nuevo discurso: la Argentina, les dijo a sus anfitriones de la Sociedad Rural local, se salva sólo por el campo y la Iglesia, y, además, por la recuperación de los partidos políticos. Raro que el hombre de Lomas de Zamora hable ahora de esto, cuando ha sido el responsable de licuar al PJ de su provincia con las célebres listas únicas de candidatos elegidos con su esposa en el comedor de la casa, los neolemas de 2003 que hizo que el peronismo fuera a las presidenciales con tres candidatos y quedase de presidente uno de los que perdieron. Ahora cree que hay que recomponer a los partidos y saludó, casi como extendiendo el dedo eléctrico, la unidad de los radicales con Julio Cobos.

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Todo esto lo dijo en el galpón de recepciones que tiene la Sociedad Rural de Córdoba en Malagueño, localidad a 20 kilómetros de la capital provincial. Justificó la presencia en ese lugar con el lanzamiento del Movimiento Productivo Argentino (MPA) junto al ex ministro Carlos Brown, pero no pudo evitar meterse en peleas locales. Se mostró junto al ex ministro Julio César Aráoz y al ex diputado Teodoro Funes, y buscó (en todas las respuestas que dio) distanciarse de José Manuel de la Sota y del gobernador Juan Schiaretti. No llamaron la atención sus dichos sobre el campo como clave para recuperar el país porque a eso lo habían llevado los hombres de La Rural, que sentaron en el asado de Malagueño a dirigentes de los llamados Autoconvocados y también a delegados de Eduardo Buzzi (Federación Agraria), hombre al que Duhalde quiere como candidato de su sector en Santa Fe -como ya se contó en estos quinchos-. Lo de la Iglesia es recurrente en el ex presidente; dijo que la mesa de obispos que le armó en 2001 el ex embajador de España Carmelo Angulo en el PNUD bajo el lema de Diálogo Argentino había sido su verdadero plan de gobierno. ¿Para qué decirlo, si los obispos no tuvieron nada que ver con la devaluación ni la pesificación asimétrica ni con otras lindezas de su gobierno? Igual insistió en que con el apoyo de la Iglesia (algo que nadie rechaza) y el campo, el país saldrá adelante. En las mesas, llenas de ruralistas que miran cómo los políticos intentan apoderarse del afecto que le tiene el público al sector, se supo de dónde saca Duhalde estas ideas; son fruto de conversaciones con sus dos religiosos de cabecera; uno es monseñor Osvaldo Musto, cultor en una parroquia de Balvanera de San Expedito (el de las causas justas y urgentes) y que ha sabido siempre estar cerca de los políticos (Menem, Béliz, ahora Duhalde). El otro, más gravitante sobre su corazón y su conciencia, es el obispo Carlos Acaputo, que es el hombre de Bergoglio para entenderse con políticos y también sindicalistas. Es, después de Bergoglio, el hombre de la Iglesia con más poder y mejores contactos con sus protagonistas. Cuando hay multitudes, Duhalde es hombre de lágrima fácil; lo demostró cuando lo recibieron al ingresar al galpón en donde fue agasajado con un asado por una veintena de gauchos con trajes tradicionales que le formaron una guardia de honor. Recordó que tenía familia cordobesa y quebró a más de uno cuando, caminando al entrar al galpón, acarició uno de los fardos de alfalfa que servía de decoración.

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En la sobremesa con los políticos y dirigentes del campo, Duhalde ensayó un pronóstico inquietante, de esos que le hacen creer que puede ser de nuevo el salvador: vaticinó que en febrero y marzo habrá una crisis social con desempleo que va a poner al gobierno en un brete. «Habrá que ver quién puede imponer disciplina social en ese momento.» Por supuesto que cree que no será el gobierno de Cristina de Kirchner, por lo cual el gobierno tendrá que abrir el juego a los aliados e incluso a la oposición para que lo apoye en ese momento que cree será dramático. Más aún, dijo que los Kirchner alimentan el clima de incertidumbre con medidas que calificó de «locas» como la estatización sin debate de las AFJP o un blanqueo que nadie sabe cómo se tramitará en los hechos. Se definió como el hombre que puede articular que se armen algunos consensos porque Kirchner ha dinamitado a los partidos, con lo cual le impide al PJ acudir con soluciones para la crisis. Le preguntaron si asistirá al acto que arma el peronismo opositor para el 10 de diciembre en Parque Norte y respondió: «Voy si no la embromo». Util que tenga conciencia de su poder de daño a la propia gente. Dejó la impresión de que no va a jugar activamente en política en el corto plazo y se ufanó de que ha logrado que a Parque Norte vayan los mejores técnicos del peronismo. «Pero yo no juego, ¿eh?», bromeó antes de retirarse.

Este paseo duhaldista levantó tensiones en el peronismo cordobés, en especial por los elogios que hizo a Julio Cobos como reconstructor de la UCR y seguramente aliado en alguna movida electoral del peronismo disidente. «Hay que contener al peronismo; ya se equivocó una vez -Duhalde- promoviendo a no peronistas», les dijo De la Sota a sus diputados horas previas al congreso del PJ cordobés que se realizó el sábado en Carlos Paz. Generó cierto desconcierto. «Pero si Duhalde avaló a Kirchner», le respondieron. «Por eso lo digo», reafirmó. «Ni Kirchner, ni Cristina, ni Kunkel, ni Alberto Fernández. Ninguno es peronista y desde hace mucho tiempo. Todos estos juegan a destruir al peronismo», remató el cordobés y se embarcó a Brasil. De la Sota no sólo desconfía de Duhalde sino además, en la intimidad lo hace responsable de lo que califica como la descomposición del PJ de Buenos Aires. «Gobernó mal y nos llevó al stalinismo.» Antes había dejado organizado el congreso provincial del PJ, ante el que se autoexcluyó como candidato el año que viene. Un gesto que en lo formal se explica dejándole la libertad total a Schiaretti para el armado de listas, pero que refleja las ya indisimulables diferencias entre ambos. De la Sota se para en el extremo opuesto de Kirchner y Schiaretti; justifica sus « relaciones» por la necesidad de gobernar. «Kirchner apoya a Luis Juez, aunque éste haga la parodia de opositor y al peronismo de Córdoba lo quieren juntar con Alberto Fernández que es el financista y el ideólogo de Juez. Están locos», repetían en Carlos Paz los principales intendentes del PJ.

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Los encuestadores y sociólogos tienen una deuda pendiente con la sociedad por la acumulación de desaciertos en pronósticos electorales que no se cumplen o por incitar a la acción a protagonistas con más billetera que posibilidades. Que diviertan al público, como lo hicieron Carlos Fara y Torcuato di Tella en el almuerzo de los martes del peronismo alternativo, es una forma de comenzar a pagar esa deuda. El invitado era Felipe Solá, hoy llamador de opositores que por ese aura hizo que el primer piso del restorán de la Recoletadesbordase. Faltó a la cita sin dar una explicación creíble, lo cual fue para la mayoría de los presentes un mensaje claro: con ustedes no. Le dieron la palabra al encuestador Fara, quien halagó a los anfitriones con vaticinios de éxito.

Imaginó que en 2011 va a haber tres fuerzas, ballottage para las presidenciales y que en la segunda vuelta va a ganar el peronismo opositor. «Es decir, nosotros», se despertó uno. De atrás alguien pidió controversia; era Di Tella, hermano del canciller de Menem, ex secretario de Cultura de Kirchner y fino profesor de sociología. Había querido pasar inadvertido entre tanto peronista opositor, pero Solá bien valía el desafío. Los pronósticos de su colega Fara lo obligaron a salir al ruedo con un escenario distinto: en 2011 va a haber cuatro fuerzas, van a ir dos al ballottage, una de ellas con Cristina de Kirchner a la cabeza y que además es la que va a ganar. Los políticos enmudecen cuando hablan los encuestadores, pero cuando no son aquellos a quienes les pagan, se animan a participar del debate.

Ramón Puerta festejó que los sociólogos empiecen a decir lo que dice la gente, que es lo mismo, se ufanó, «que decíamos nosotros acá, cuando éramos cuatro gatos». Héctor Maya, con el solo propósito de mortificarlo a Di Tella en su kirchnerismo, estuvo hiriente con la Presidente cuando hizo reír a todos con esta boutade: «Estamos muy contentos porque la Presidente regresó de su viaje por el Magreb con su guardarropa renovado y en especial con un coqueto trajecito a rayas». Puerta no se quiso quedar atrás y preguntó: «¿ Saben por qué a Cristina le dicen meteorito? Porque era una estrella y se estampó contra el campo». Escuchaban un seleccionado de antikirchneristas a los que se sumaron los clásicos integrantes del cuerpo diplomático anti-K (Andrés Cisneros, Héctor Flores, Jorge Hugo Herrera Vegas, Abel Posse, «Archi» Lanús, Federico Bartfeld, Fernando Petrella, Félix Borgonovo, Juan Carlos Sánchez Arnau y Jorge Raventos). También los infaltables «Toti» Leguizamón (hoy junto a Carrió), Moisés Ikonicoff, «Chicho» Basile, Jorge Pereyra de Olazábal, Teresa González Fernández y algunos nuevos en esas reuniones, como Raúl Granillo Ocampo, Jorge Domínguez, Nicolás Weisz-Wassing, Ana Kessler y el propio Di Tella. Tanto pronóstico cruzado no dejó mucho en claro, pero sí lo que motiva el entusiasmo opositor: Fara los convenció de que los Kirchner han caído mucho en las encuestas, tanto como otros presidentes antes quienes nunca pudieron remontar la baja de adhesiones. Más allá de las fantasías de los encuestadores, hay constancias del desafío electoral que tiene todo el peronismo. Si se mira la provincia de Buenos Aires, el oficialismo renueva los diputados que sacó en 2003 con Cristina candidata a senadora. En esa oportunidad el peronismo oficial ganó 21 bancas de diputados, el mejor resultado desde 1995, cuando Eduardo Duhalde reeligió como gobernador. Es muy difícil que en las actuales condiciones saque el año que viene 21 diputaciones. Aunque ganase, el número será menor y la oposición se montará en la diferencia en menos para desgastar aún más al kirchnerismo. Es la razón por la cual Néstor Kirchner ha comenzado a desmontar la idea de ser candidato por la provincia y a pensar en que el cabeza de lista debe ser otro, Sergio Massa, por ejemplo, quien brilló en aquella elección de 2003 en la lista que integró otro a que han mandado a medir de nuevo como candidato, el canciller Jorge Taiana.

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Sería interminable reseñar todo lo visto y oído en el maratón de reuniones que despiden ya el año, oportunidades que se califican por lo que alguien dijo o dijo haber hecho. Por ejemplo, las quejas del funcionario español de más alto rango en YPF, Antonio Gómiz, por el aprendizaje acelerado que ha debido emprender sobre cómo entenderse con los funcionarios del gobierno. Se confesó en esos términos ante algunos de los asistentes a la degustación de jabugo que organizó el embajador de España, Rafael Estrella, que no deja de celebrar el triunfo de su equipo en la Copa Davis. Admite la broma que esa es la venganza por la estatización de Aerolíneas pero no avanza, fiel al libreto de que ése es un asunto entre empresas sobre el cual no debe opinar (en público). Llevó a la residencia de la embajada a los integrantes de la llamada Academia de Gastronomía que preside María Lanusse y que recorre restoranes probando platos para premiarlos a fin de año. Esta vez los españoles querían presentar a paladares tan exigentes algunas delicias del cerdo salmantino, el criado a bellota y el criado a campo.

Se derritieron ante las patas del chancho, entre otros, Carlos Fontán Balestra, Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Enrique Duhau, Enrique Larreta, Enrique Mallea, Carlos Pulenta, Alejandro McFarlane, Jorge Pereyra de Olazábal, que admiraron la habilidad con el cuchillo del cortador certificado que hicieron venir de España. La noche benéfica del hospital Británico, que se hizo en los jardines de la embajada, se califica por la frase de uno de los asistentes, cargada de ironía política: «A Chacho Alvarez el infarto le dio porque reventó al no poder renunciar antes». Igual celebraron que se repone en un hospital de la competencia, extrañados por un paso en falso de la diplomacia británica: la fiesta se hizo en la embajada inglesa que todavía no tiene embajador, en realidad una embajadora que tarda en llegar al país.

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Vamos a terminar con un chiste cubano-judío. En La Habana un judío cubano presenta los papeles para emigrar a Israel. El burócrata de migraciones comienza con el interrogatorio habitual en estos (infrecuentes) casos:

-A ver, don Jacobo, ¿le hemos permitido el derecho a reunirse en la sinagoga?

-No puedo quejarme...

-¿Le hemos dejado vivir en paz con los otros judíos?

-No puedo quejarme...

-¿Le hemos permitido viajar libremente por el país?

-No puedo quejarme...

-¿Le hemos permitido el derecho a enseñar la Torá a sus hijos?

-No puedo quejarme...

-¿Le hemos permitido ejercer su profesión?

-No puedo quejarme...

-Entonces, ¿por qué quiere emigrar a Israel?

-Es que allí sí puedo quejarme....

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