Chapa y pintura.

Desde que asumió Zapata, su equipo se convirtió en una plataforma para la Primera. Los pibes trabajan como los mayores, ven un horizonte más cercano y de paso, logran resultados: este año van invictos.
Rato antes de empezar a mascullar broncas acumuladas, justo cuando las banderas irrumpen en la decoración del ambiente y el olor a cancha va penetrando en las venas, ahí cuando el murmullo todavía no es aliento y los papelitos todavía son diarios, los hinchas de River, quizá sin darse cuenta, tienen ante sí al equipo que ansían. Que gana tanto como empata, es cierto, pero que hasta ahora no pierde. Que no siempre gusta ni golea, también es cierto, pero que nunca abandona su identidad. "Sabe a lo que juega", coinciden los que suelen llegar a los estadios dos horas antes del pitazo de Primera y los que ubican a dicha cualidad como la que mejor define al conjunto de Gustavo Zapata, que marcha invicto y a paso redoblado en este año.

Justamente, ser un conjunto y no un rejuntado fue una premisa para esta Chapa y pintura que, como tal, necesitó de una limpieza profunda. "Antes había chicos que ya se conformaban con ser jugadores de Reserva y, entonces, faltaba ambición, algo a lo que el anterior entrenador (Jorge Gordillo) no le supo encontrar la vuelta. Ya se había cumplido un ciclo y la idea de que agarrara Zapata estaba desde antes de que llegara Gorosito", cuentan en los pasillos del Monumental. Sin embargo, que sea Pipo el técnico de la Primera permite que haya una interacción permanente, un proyecto en común. De hecho, ahora es común ver en el predio de Ezeiza a los más pibes practicando con los más grandes, tanto en los trabajos de técnica de los miércoles como en los picados de los jueves. Y el Chapa hasta tiene participación de las charlas que hace Gorosito en los primeros días de la semana.

De parte de Pipo, además, hay una confianza ciega en lo que hace y dice el Chapa, y así se les fue dando lugar a los Tortuga Fernández, a los Keko Villalva, a los Mauro Díaz o a los Lucas Orban. "Nosotros no buscamos que en la Reserva se obtengan resultados sino que los chicos logren nutrirse de conceptos tácticos y técnicos para que después les sea más natural el salto a Primera", dice Gorosito. Pero los buenos resultados se ven en esos siete triunfos y ocho empates que lleva la Chaponeta, cuando en el anterior semestre se habían acumulados cuatro victorias, nueve pardas y cinco caídas. Así, pasó de 13° a 4° en la general.

El de Zapata es un equipo que alterna los arqueros (Chichizola y Marinelli) cada dos partidos y que se hizo sólido a partir de la defensa ("a Pezzella y a Coronel los estamos siguiendo", revela Pipo). Y salvo excepciones, no existen jugadores que bajen a Tercera sólo para no perder ritmo. Se busca, con esto, que el crecimiento sea de abajo hacia arriba. Aunque la identificación por la causa muestre casos a la inversa, como a Orban soportando el frío en una tribunita durante el 2-0 del miércoles frente a Argentinos.

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