Hay chances para un país mejor

Por Juan J. Llach

Más allá de partidismos, hay motivos para festejar, y para los optimistas tantos más. Una amplia mayoría, en casi todo el país, dijo no a la hegemonía y a la arrogancia, y dijo sí al pluralismo y a la convivencia en la diversidad.

Las elecciones afianzaron nuestra visión del surgimiento de una nueva generación de dirigentes políticos, la generación de 2000, caracterizada por valores éticos, por mirar más al futuro que al pasado, por querer una justa inserción de la Argentina en el mundo. Pertenecen al grupo de líderes latinoamericanos que empiezan a dejar atrás un pasado regional de violentos ciclos económicos, de instituciones débiles y de superación de la pobreza y, más lentamente, de la desigualdad, sin transitar por el falso atajo del populismo.

En el plano económico, los perfiles de los más probables candidatos presidenciales prácticamente aseguran que, a más tardar desde 2011, la Argentina aprovechará mejor las formidables oportunidades que por varios lustros nos seguirán ofreciendo el desarrollo de los países emergentes y sus demandas por las producciones de todas las provincias. Faltan más de dos años, pero sus efectos se sentirán bastante antes, porque empresarios e inversores irán tomando posiciones.

A corto plazo, los principales desafíos son dejar atrás la recesión, frenar la fuga de capitales, bajar el riesgo país y despejar el riesgo de un nuevo default, todo ello para reactivar la economía y volver a reducir la pobreza, la indigencia y el desempleo. Nadie imagina ni pide al Gobierno cambiar de raíz sus políticas, pero sí que deje de hostigar a la producción y presente un plan financiero creíble. Con ello bastaría para transitar civilizadamente por los dos próximos años y ahuyentar el fantasma de una crisis seria.

En el plano político hay desafíos no menores. Para el peronismo, dejar atrás la costumbre, tan bien descripta por Carlos Floria, de nacionalizar sus internas, que hoy podría tomar la forma de una ofensiva de gobernadores para aumentar su participación en la renta fiscal. Demanda absolutamente justa, pero que deberá desplegarse con prudencia para no contribuir a un escenario de crisis fiscal.

Este último desafío le cabe también a la oposición, a la hora de buscar cómo satisfacer sus promesas al campo. Las elecciones abren para la Presidenta y su gobierno la última oportunidad de reconciliarse con la realidad, dialogar, ampliar sus bases de sustentación, terminar pacíficamente su mandato y, sobre todo, no exponer a la Argentina a una nueva crisis profunda.

El autor fue viceministro de Economía y ministro de Educación.

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