La certeza la tiene la Corte

La campaña electoral se enreda en el laberinto de la apatía ciudadana, de las peleas internas de la oposición y de la soberbia oficialista. La mirada en 2011.

La campaña electoral entra en la recta final y parece que estuviera en la línea de largada.

El oficialismo cumple con las obligaciones propias de estos tiempos, pero su cabeza está en los días, meses y años posteriores al 28 de junio.

La oposición, en cambio, se ve enredada en las miserias humanas y en la incapacidad de construir.

En Buenos Aires hacen más ruido las peleas entre Mauricio Macri y Francisco de Narváez con Felipe Solá.

En Tucumán siguen ese modelo. Luis José Bussi y Ricardo Bussi firmaron el divorcio de una pelea fratricida que nunca debió haber sido pública. Fuerza Republicana es una caricatura del partido que funcionaba como un reloj a la hora de hacer campaña. La gloria duró una década.

Ni hablar de Gumersindo Parajón (candidato a diputado) y de Roberto Palina (postulante a senador), que en la víspera del 25 de Mayo decidieron apuntarle a las vísceras a Fernando Juri. Además, sobre el final de la semana, el titular de Pueblo Unido llegó a desafiar a pelear al ex vice, mientras que el sindicalista azucarero tiró la toalla. Al igual que el día que sellaron el pacto, el dúo "P-P" aún no puede acordar una idea común.

Los radicales pelearon tanto antes de conformar las listas que parece que por estos tiempos sólo están descansando unos minutos para subirse al ring, y continuar la pelea en cualquier momento.

En estos días recibieron la visita de Alfredo de Angeli que, en realidad, aterrizó para apoyar al neopolítico Juan Casañas. Pícaro y lúcido para hallar frases que impactan, y creador de un personaje seductor, el agricultor que sacó de las casillas a los Kirchner habló de la necesidad de cambiar el modelo. Pero se olvidó de que estaba en Tucumán, donde por muy parecida que sea la situación con la nacional, hacen falta otros discursos. De lo contrario, bastaría con prender la televisión. La retórica de que si un referente nacional levanta la mano de uno local este sube cinco puntos en las encuestas, puede convertirse en un bumerán si no se prepara la visita y el discurso.

El peronismo disidente tucumano todavía no tiene norte. Cuando Fernando Juri y Delia Pinchetti de Sierra Morales armaron la lista lograron el segundo lugar, detrás del alperovichismo. Los sondeos les auguraron un buen final. Pero se durmieron sobre el volante. En los últimos días se vieron unos pocos afiches y el lugar para pegarlos parece copado por el oficialismo, que, con la ayuda del aparato estatal, pinta hasta al peatón que se quede quieto en una esquina.

Juri y Pinchetti han desplegado una campaña rencorosa. Antes de desplegar ideas, despotrican contra sus ex. Uno tiene la idea fija con Alperovich y la otra con los Bussi. La senadora, más que el ex vicegobernador, es blanco de una fuerte persecución republicana. Tal vez podría morigerar tanta agresividad entregando la banca del Senado que, si bien defendió con trabajo, la consiguió con el voto de la bandera de Fuerza Republicana, agrupación a la que hoy combate.

El que mal comienza...

Tanto desorden en esta campaña es comprensible. El 28 de junio no habrá un parto normal. Los Kirchner, cuando vieron que su creación corría riesgos, adelantaron los comicios y desacomodaron a todos. Estas elecciones son el resultado de ese monumental desorden.

Si los dirigentes, que ya están en la arena, parecen "perros en cancha de bochas", ¿qué pasará por la cabeza del ciudadano? A aquel dicho, propio de los abuelos de hoy, se suma otro: "calavera no chilla". Esta frase popular debería regir entre los ciudadanos que tienen la responsabilidad de elegir, ya que después se andan quejando de lo que les pasa, como si ellos no tuvieran ninguna responsabilidad. Al poco tiempo suele fallarles la memoria y hasta llegan a decir: "yo no lo voté".

La sociedad, aparentemente, se muestra desatenta a los vaivenes electorales.

La crítica al dirigente siempre es fácil; la dificultad está en ver la viga en el ojo propio.

Para evitar daños oculares posteriores, es necesario tener buena vista en el cuarto oscuro.

Colorado y adelantado

Hace unos meses el intendente de la Capital advirtió que no podía ser candidato en los comicios 2009. Domingo Amaya argumentó que el pueblo lo había votado para conducir los destinos de San Miguel de Tucumán y que no correspondía desautorizar el mandato popular. Fue un verdadero adelantado. Hizo lo que no fue capaz de evitar Gabriela Michetti (ni hablar de Osvaldo Jaldo o de José Alperovich, en Tucumán). Fue un adelantado que les dijo no a las candidaturas mentirosas (mal llamadas testimoniales) con las que hoy presumen -y mienten en la Justicia- Daniel Scioli y Sergio Massa, entre otros.

En aquel momento, cuando Amaya dijo "No", este debate ni siquiera aparecía en la imaginación de Néstor Kirchner. Por eso, en lugar de ser llevado en andas o de ser entrevistado por todos los medios del país, se convirtió en el traidor del alperovichismo. Esa fue la interpretación que se hizo tanto en la prensa como entre los "sijosesistas". "No quiere ser candidato" porque no está en el proyecto.

Pero, cuando el río suena... agua trae. Esta semana cuando el diputado Gerónimo Vargas Aignasse respondió una pregunta sobre si en un futuro podría ser intendente, inmediatamente le salió un contrincante en el peronismo: el también diputado nacional Germán Alfaro. Amaya está para las ligas mayores, sugirió Alfaro, dejando abierta la idea de que el actual intendente aspiraría a ser gobernador y hasta a pelearle ese cetro en 2011 al alperovichismo.

Esta es la prueba más clara de que los comicios son un trámite para el oficialismo. Los dirigentes andan con la cabeza en otra cosa. Ya piensan en 2011 porque 2009, para ellos, está resuelto. En voz baja los principales dirigentes señalan que será muy difícil que la oposición consiga una banca de diputados. Alperovich, en cambio, dice que obtendrá tres y no cuatro, porque es la única forma de mantener a su tropa atenta y de que no aflojen a la hora de trabajar electoralmente.

Pero los peronistas son incorregibles. Ni bien se los ve unidos ya se están peleando. Apenas salió Alfaro a comentar que él sería el posible postulante a intendente y que Amaya podría llegar a postularse como gobernador, se supo que entre el diputado y el "Colorado" hay algo que los separa. Es que Amaya estaría dispuesto a aceptar ser el vice de Beatriz Alperovich en el caso de que el actual mandatario no pueda tener una re-re.

Una pelota para la Corte

Entre los círculos más íntimos del alperovichismo están pensando que en cuanto se saquen de encima el trámite electoral, el día después de los comicios, si es posible, presenten una acción declarativa de certeza para que la Corte Suprema de Justicia decida si este período de gobierno de Alperovich es el primero o el segundo. En el caso de que considere que es el primero, el gobernador podría ser reelecto por segunda vez. Para ponerles punto final a las ambiciones rojkesistas y a las especulaciones, el "asesor pirincho" ya está trabajando. Será también una prueba de fidelidad para la Corte.

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