La ley cerrojo para bonistas, fuente de dudas a la hora de negociar

Por: Daniel Fernández Canedo

Está todo listo, la decisión está en manos de Néstor y Cristina. Sólo falta que ellos digan cuándo...".

Así definía anoche uno de los protagonistas del proceso de canje de deuda con los bonistas el estado de las negociaciones.

Un cable de una agencia de noticias informó que la Argentina había manifestado ante la comisión de valores de Nueva York (SEC, por la sigla en inglés) su deseo de iniciar el proceso de canje, pero Economía salió a desmentir todo.

La versión sirvió para que los bonos argentinos subiesen un poco más y para confirmar la máxima de que los operadores financieros buscan adelantarse, comprando con el rumor y vendiendo con la noticia.

En la operación que encara el Gobierno las cartas aparecen bastante dadas vuelta.

Involucra una deuda de US$ 23.900 millones que tienen bonistas que en 2005 decidieron no adherir al canje que les propuso en ese momento Néstor Kirchner.

Ahora, la propuesta que encabezan tres bancos internacionales (Barclays, Deutsche y Citi) y que tiene origen en una presentación que el fondo Gramercy le acercó a Juan Carlos Mazzón, le ofrecería a los bonistas condiciones similares a la original con la diferencia que los intereses que se acumularon se los pagarían en bonos.

Los tenedores de títulos traerían sus bonos defaulteados y el Gobierno les daría bonos de descuento en dólares.

Sería cambiar bonos semi muertos por otros vivos que pueden ser negociados.

Además, los bancos agentes ofrecerían unos 1.000 millones de dólares en efectivo a cambio de un bono del Gobierno que se emitiría bajo cláusulas de tribunales del exterior.

Hasta allí la operación aparece posible. El Gobierno quiere volver a los mercados y los tenedores de títulos sufren la fatiga de tener bonos castigados que pesan en las carteras de inversión.

En cuestiones argentinas, una vez más, las dudas surgen a la hora de evaluar la base legal de la operación.

La llamada ley cerrojo de 2005 impide la reapertura del canje de la deuda.

En aquel momento, y para dar la señal de que era la última oportunidad, que el Gobierno estaba dispuesto a tirar la llave para no abrir más la puerta, el Congreso le dio un tratamiento express al proyecto, a pesar de lo cual el 24% de los tenedores de deuda decidió quedarse afuera y optar por esperar o por la vía judicial.

Ahora las opiniones están divididas.

Hay partidarios del canje que dicen que la propuesta actual es nueva y no implica la reapertura del proceso de 2005.

Le agregan el argumento de que las condiciones para los actuales bonistas serán peores que las del anterior, ya que no recibirán bonos atados al crecimiento de la economía que dieron rendimientos muy altos.

Y lo redondean sosteniendo que el artículo 49 del Presupuesto de 2010 autoriza al Ministerio de Economía a llevar adelante una nueva negociación por la deuda.

En ese caso, sostienen con dudosa solidez, una ley reemplazaría a otra ley y, por tanto, la operación sería viable.

Frente a la visión optimista, la pesimista sostiene que el Gobierno no podría avanzar con el canje sin pasar por el Congreso.

¿Podrán las razones financieras doblegar los argumentos legales?.

El Gobierno necesita llegar a un acuerdo con los bonistas. Amado Boudou insiste en que su objetivo es hacer que el país regrese al mercado de crédito voluntario y sin ese paso esto será casi imposible.

Las condiciones financieras internacionales juegan a favor: hay liquidez, tasas bajas y los inversores buscan títulos rentables de países emergentes.

Por su parte, el Gobierno no muestra mucha vocación de bajar el gasto público, y conseguir dinero en los mercados puede ser una vía para mantener, entre otras cosas, el ritmo de inversión en infraestructura que, según los empresarios del sector, comenzó a bajar en forma sensible.

Tanto en la Casa Rosada como en el sector financiero, se cree que la propuesta del canje puede recibir más de 50% de aceptación y que, con ese resultado, la Argentina daría un paso para recobrar algo de la confianza financiera que perdió y que, a pesar de los años de crecimiento, no logra recuperar.

Desde hace meses, Boudou coquetea con llegar a acuerdos con los bonistas, con el Club de París y con el Fondo Monetario Internacional.

El viento financiero que viene de cola desde el exterior favoreció en los últimos dos meses la reducción del proceso de fuga de capitales que vive el país desde hace dos años.

Salen menos dólares y entran más por las exportaciones y las compras de bonos argentinos que se constituyeron en la mejor inversión de muchos años.

El clima parece bueno para que el canje avance. Nestor y Cristina quieren manejar los tiempos y la ley cerrojo aparece como una espada de Damocles para una operación que requiere un alto componente de claridad.

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