No lo cerró.

COPA LIBERTADORES / DEFENSOR 2 - BOCA 2: El equipo de Ischia ganaba bien, tenía el pase a cuartos en el bolsillo, pero durmió al final: el Pato no salió, Krupo no llegó y Boca pagó. Igual pasa hasta con el 1-1.
Boca fue el responsable. De principio a fin. De la nada, gracias al inagotable optimismo de su goleador, se abrió camino en la noche montevideana. De la nada, también, y gracias a los fantasmas que lo vienen rodeando, se cerró su camino hacia un triunfo que lo dejaba prácticamente en los cuartos de final. Así es este Boca, sin término medio...

La última imagen, seguramente, será la que más costará sacarse de las retinas. Se quedó con las ganas justo en el mejor momento, cuando Boca había reaparecido después de mucho tiempo y de un arranque pésimo. Hay que repasar la cadena de responsabilidades para entender el gol de Mora, a siete minutos del final. Un centro alto, livianito; un arquero que elige no salir a cortar, Morel Rodríguez que se faja con Vera y la entrada triunfal, solitaria ante la mirada de lejos de Krupoviesa que jamás cerró. Boca no cerró en esa jugada y tampoco cerró el partido, como con River y San Lorenzo, desafíos que también afrontó con los titulares, como anoche.

Ese, al cabo, es un punto importante para analizar a este Boca. Los problemas (falta de control, cero circulación, poca prestación en las divididas y en las pelotas paradas en contra) son los mismos, ya sea en el torneo o en esta parte de la Copa. Cambian algunos jugadores, pero los síntomas son similares. Por eso sufrió tanto en el primer tiempo la presión de Defensor. El 1-0 a favor, después del golazo que inventó el Loco, empujó a los uruguayos, que por momentos borraron a Boca de la despareja cancha. Curioso: a pesar de los cuatro hombres que plantó Ischia para cubrir todo el ancho (Chávez y Gaitán por afuera, Battaglia y Vargas por adentro), los volantes de Defensor llegaban sin filtro a las narices de Ibarra y Morel. No había contención. El cambio de dibujo, aunque era inteligente, no daba beneficios. Como nunca, fallaban los ejecutantes, no la estrategia.

Boca, sin embargo, volvió renovado en el segundo tiempo. Todo lo malo parecía haber quedado en el vestuario. Crecieron Pochi y Gaitán, recuperaron la memoria Battaglia y Vargas (del medio a la derecha) y Boca empezó a llegar con criterio. Y el gol de Palacio, tras una buena acción colectiva, fue una imagen de lo que era el partido. Defensor sintió el golpe, pareció resignarse ante la recuperación rival y así, todos los caminos conducían a cuartos. Pero Boca no lo cerró. Y al final lo pagó...

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