Cerdos, acrónimo del colapso

Por: Ricardo Kirschbaum

Los últimos días de enero de 2006, en medio de un pesado temporal de nieve, Felipe Calderón hacía su debut como presidente de México en el Foro de Davos disputándole a Lula el liderazgo de la región

El mexicano se presentaba como el más eficaz interlocutor con Washington, mientras que el presidente de Brasil argumentaba en favor de una mayor autonomía regional para poder dialogar con más eficacia con la Casa Blanca. En esos tiempos se hablaba de los países del futuro y se los resumía con una sigla: BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Serían las estrellas del nuevo firmamento económico en un plazo relativamente corto. México, entonces, anunciaba que debía sumarse a esa constelación.

Los vientos del capitalismo soplaban en esos tiempos tan fuerte como la nieve que caía en los alpes suizos. Todavía nadie había sentido el más leve temblor y el sistema de la codicia financiera y de la irresponsabilidad económica era presentado como lo mejor que le podía pasar al mundo. Después, pasó lo que pasó. El tobogán empinado vio pasar hacia un agujero negro toda una concepción económica y los líderes mundiales que se reunieron en Davos este año hablaron, ahora sí, de la desgracia como si ésta hubiera tenido generación espontánea.

El problema no eran ya las economías emergentes ni el endeudamiento desbocado de los países de la perferia que siguieron las recetas del FMI, con la aquiescencia interna, sino las economías centrales, propiamente los Estados Unidos. De aquel acrónimo BRIC -o BRIMC, como quería Calderón en aquel debate con Lula- se pasó a otro muy insultante, que incluye a Portugal, Italia, Grecia y España (se la nombra en inglés), países muy afectados por el derrumbe. Los economistas, entonces, ahora hablan de PIGS (cerdos).

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