El centroizquierda europeo, en uno de sus peores momentos

En Alemania tuvieron la menor cantidad de votos en 60 años. En Francia, el Socialismo está en caída libre y los laboristas británicos van terceros en los sondeos. No puede aprovechar las críticas que el capitalismo recibe por la crisis económica.
Derrotados en Alemania la semana pasada, desarbolados en Francia e Italia, a punto de caer en el Reino Unido y bajo presión en España, los partidos socialdemócratas europeos pasan por uno de sus peores períodos desde la 2ª Guerra Mundial. Justo cuando la crisis financiera, de la que se acusa mundialmente a los excesos del capitalismo, debería haberles colocado en los salones del poder.

Los socialdemócratas alemanes apenas lograron el 23% de los votos, una caída de 11 puntos respecto a los anteriores comicios y su peor resultado en 60 años. En el Reino Unido, los últimos sondeos colocan a los laboristas de Gordon Brown en tercera posición tras conservadores y liberales, el peor dato desde 1982.

Los socialistas franceses han perdido más de 40.000 afiliados, hace 14 años que no acceden a la presidencia de la República y en las últimas elecciones europeas se quedaron en el 16% de los votos.

En Italia, las disidencias internas en el centro-izquierda llevaron a la dimisión de Walter Veltroni, quien ya había perdido frente a un Silvio Berlusconi que utilizó los medios de comunicación de forma grosera. Tras Veltroni asumió las riendas de la izquierda Darío Franceschini, quien sube en los sondeos más por los escándalos de Berlusconi que por méritos propios.

En el Parlamento Europeo, la izquierda retrocedió en las últimas elecciones para la eurocámara -hubo un fuerte avance de los partidos de ultraderecha- y ni siquiera logró una posición común frente a la reelección del conservador José Manuel Durao Barroso como presidente de la Comisión Europea. Unos socialistas votaron en contra, otros a favor, otros ni votaron.

La izquierda es periférica en Europa. Apenas gobierna en España, Portugal, Noruega y está a punto de hacerlo en Grecia. Salvo sorpresa electoral, todos los demás grandes países europeos -excepto España, donde el ejecutivo vive bajo la presión de cuatro millones de desempleados- tendrán gobiernos de derechas a mediados de 2010.

Con líderes sin mucho carisma ni nuevas ideas, la izquierda tradicional pierde votos en todas direcciones: gente de clase media urbana que se va a los partidos liberales o ecologistas; clases bajas trabajadoras que votan a una derecha que promete mano dura contra la inmigración con la que compiten por el empleo y los servicios sociales; y votantes convencidos de sus ideas de izquierda que se sienten traicionados y miran hacia los pequeños partidos radicalmente de izquierdas, en su mayoría herederos de los antiguos partidos comunistas europeos.

Es la paradoja de esta crisis. Tras levantar las alfombras y descubrir excesos de los bancos y laxismo de los reguladores, a la izquierda se le presentaba una ocasión única para llegar al poder, pero las tendencias electorales van a la contra. A pesar de que las situaciones nacionales son diferentes, se encuentran explicaciones generales que se extienden por toda Europa.

Aumentan los déficits públicos. Tras estar al borde del caos bancario, los gobiernos salieron a salvar a los bancos y cuando la crisis se extendió al conjunto de la economía, todos los ejecutivos europeos invirtieron masivamente en planes de reactivación. La deuda crece y habría que subir impuestos, pero los partidos que prometen bajadas aumentan sus apoyos. Sirva de ejemplo el caso de los liberales alemanes, que subieron la semana pasada un 5% prometiendo radicales bajadas fiscales y formarán gobierno en coalición con los conservadores de Angela Merkel.

Gobiernos tan conservadores como el francés de Sarkozy o el alemán de Merkel se olvidaron hace un año de sus principios económicos liberales y aplicaron políticas de expansión fiscal y gasto público, criticaron a los ricos y empezaron a aplicar un discurso con tintes anti-globalización.

¿Pero qué propone la izquierda? Los partidos de izquierda sobrevivientes a la caída del muro de Berlín, los grandes partidos socialistas y socialdemócratas, como el laborista británico, el socialista español y francés o el socialdemócrata alemán, han pasado en dos décadas de hablar de futuro y utopías a acomodarse en un viaje hacia el centro liberal que en algunos casos, especialmente en Alemania, los ha desdibujado.

Los ecologistas también les quitan votos. Sus ideas son mayoritariamente similares a las socialdemócratas, pero son unos recién llegados, apenas han gobernado y los ciudadanos los ven como inmaculados. Si un ciudadano es de izquierda y tiene tendencia ecologista, ¿por qué votar a los socialistas de siempre teniendo a los nuevos partidos verdes?, se preguntan muchos

En una entrevista con el diario francés Le Monde, Pascal Lamy, figura histórica de los socialistas franceses y actual director de la OMC, aseguraba que "la izquierda no ha pensado suficientemente las nuevas fórmulas de solidaridad, sobre todo el acceso a la educación como lucha contra las desigualdades". Y alertaba sobre lo que todavía es un tabú, la "posibilidad" de la desaparición del Partido Socialista francés. El intelectual francés Bernard-Henri Lévy ya de lo considera muerto.

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