Centro a la olla.

RIVER: Un verdadero fan de la gastronomía, Fabbiani quiere poner un restaurante junto con su mami, que es cocinera, para deleitarse. Y va por lasagna: levantar la Copa en la inauguración.
Nadie podrá decir que es un improvisado. No vendría a ser, justamente éste, el caso del paracaidista que ve el negocio y se lanza al vacío (¿jugoso o cocido, jefe?). El tipo, está claro, curte el tema, tiene paladar (negro) y años largos de buena cosecha. Mamá Mirtha lo hizo grandote y ahora es él quien quiere devolver semejante nutrición. "Mi vieja es una genia, la quiero mucho. Lo único que la reté un poquito porque estuvo apareciendo mucho en los medios y no está acostumbrada a tanta exposición. Pero está todo bien... Es más, ya hablamos algo, y la idea es poner juntos un restaurante", fue el centro a la olla que tiró Cristian Fabbiani, en Vamos con Niembro, por Del Plata. Y explicó: "Sería para que no trabaje tanto. Así va, da algunas órdenes y se manda a descansar. Porque laburó toda su vida". Vale la aclaración, entonces: la madre del Ogro es la cocinera del restaurante Los Portugueses, de Aldo Bonzi, desde hace 25 años, curiosamente la edad que ostenta el nene, su cliente top.

Si bien el Tanque no develó mayores indicios sobre esta posible movida gourmet, que tendría su lugar físico en Ezeiza ("para que me quede cerca del predio" o bien para no sacarle clientela a Esperanto), Olé pudo averiguar algunos detalles que ya se manejan en la cocina de la familia Fabbiani. La prueba piloto será con un juvenil de River, ¿Kekomés Villalba? Y ya en la recepción, una señorita abrirá las puertas: "Buonanotte, adelante, siéntase como en la Casa Blanca de la gastronomía argentina". Y enseguida, mientras se puede deleitar un queso de Cabral, se ofrecerán las recomendaciones del Chef Astrada, hombre del riñón, por supuesto. ¿La especialidad? Salmón Ahumada, con sal a Augusto Fernández. Para acompañar, un vino Rosales, y de postre, helado de Sambueza. Si cae pesado, el té con Radamiel es un buen digestivo. Y hay más sugerencias en el menú, entre las que sobresalen la grande de Musacchio, el Ojeda de bife y el Patito Galmarini a la naranja. Todo, claro, para quedar Pipón, Pipón.

Eso sí, mamá Mirtha ya habría impuesto sus condiciones: "En mi restaurante no habrá tarros de ensalada ni perros calientes Cubero. Ah, y ojito, que no venga un Simeone cualquiera y se meta el cuchillo entre los dientes, porque éste es un restaurante familiar".

Además, para que vayan agendando los árbitros y los policías, se aceptarán tarjetas y efectivo. Y la casa invitará una Copa, la que le quita el sueño a todo Núñez y con la que más se obsesiona en levantar el propio dueño del cheboli. La Libertadores.

Sin gran experiencia en este tipo de copas (apenas cuenta un partido con Lanús en la Sudamericana 06, dos con el Cluj rumano en la UEFA 07 y el triunfo ante Nacional de Paraguay), Cristian, fiel a su estilo, va a los bifes: "Nos sobran jugadores para ganar la Libertadores", asegura el futuro integrante del gremio de Luis Barrionuevo, el muchachote que desde su llegada a River absorbe buena parte de las presiones que caen sobre el plantel. Al Ogro no le asusta el desafío, se ríe a sus anchas del gran karma millonario y hasta se anuda la servilleta cuando avisa que le encanta jugar de visitante. Y, retado a duelo con el cassette y alejado del discurso de su entrenador, pone a la conquista de América por encima del Clausura, "porque es lo que nos pide la gente en la calle".

Sí, lo dice alguien que recién mañana a la noche debutará como titular en el gran torneo continental, alguien que no se quita la imagen de sus ídolos levantando la Copa del 96. "Contra Nacional nos jugamos una final", alerta, aunque con ese soniquete que todo lo desdramatiza. Por eso, no debería sorprender que a horas de un choque definitorio el Gordo se despache hablando distendido de un asunto que nada tiene que ver con la pelota. Parece, el de la gastronomía, un negocio hecho a su medida. Como quiere que sea esta Copa. Porque Fabbiani va por lasagna...

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