Central de pibes

Central de pibes
TIGRE 1 - CENTRAL 2: Liderados por el "veterano" Méndez, los purretes toqueteros de Cuffaro Russo se llevaron un triunfazo agónico de Victoria y se ríen de las urgencias desde la cima.
Cuffaro Russo habrá mirado de soslayo la ilusión luego desvanecida por Figueroa. Contó las monedas, metió en la bolsa de compras lo que pudo según las necesidades y se metió en el cuartito del fondo, aquél al que apelan los clubes en situaciones de emergencia. Se nota, encontró más de lo que esperaba. O, simplemente, se trata de una grata sorpresa para el neófito en Inferiores. Porque la Central de pibes está puntera. Es verdad, van dos fechas, pero todos sus componentes pueden disfrutar con justicia de las alturas, más después del triunfazo agónico en Victoria, reducto siempre complicado. Y los Canallitas lo alcanzaron con el ADN en el césped, aun con altibajos, enarbolando el toque, la buena intención, en combinación con la sangre en ebullición a la hora de pelearla. Todo, bajo la batuta de un líder algo más experimentado que la media, pero que no usa buzo ni se sienta en el banco, precisamente...

Es Jesús Méndez, de temperamentales 24 años, quien manda en este Central armado para una nueva batalla con los promedios. En edad, entre los titulares, sólo lo supera Chitzoff (29). Parado unos pasos adelante de Paglialunga, maneja al equipo con o sin la pelota, habla, les marca a los chicos la posibilidad de pase... Cuffaro le dio la cinta de capitán y él la asume, es la voz del DT dentro de la cancha. Y juega elegantemente, claro. Tiene a los pibitos que los acompañan bárbaro, se sueltan bajo su tutela, se animan a jugar y no les pesa la juventud. La pisan y van al piso. Jonathan Gómez, Moya, Zelaya, de a poco, le van susurrando sus nombres a los desprevenidos.

Tienen algunos pecados de juventud, lógico, aunque Chitzoff justamente es el más jovato de los que arrancaron: Luna le ganó con oficio el pelotazo que cayó entre él y Burdisso y le arrancó el penal. Pero los purretes también supieron salvar la desventaja inicial, con algo de fortuna, es real, en el rebote para el postrero grito de Franzoia.

Tigre tropezó en todos los sectores. Sin precisión, terminó mal las bolas que llevó hasta el fondo. Un centro al rival, una gambeta de más, la poca claridad en los metros decisivos fueron propiciando el fastidio. Morel laguneó, Luna fue voluntad, Matías Giménez propuso sin compañía. Castaño perdió el medio, algo estático, lo desbordó la posición inquieta de Méndez y el toque de la Central de pibes.

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