En la central obrera le restan importancia

Por: Luis Laugé.

"La supuesta izquierda gremial se fagocita entre sí en el combate ideológico, y por eso no genera una masiva credibilidad entre los trabajadores", sostuvo el secretario general de La Fraternidad, Omar Maturano, para justificar que "nada ha reemplazado la representatividad que tiene el sindicalismo peronista".

Desde la CGT coinciden en la necesidad de sentarse con el Gobierno para influir en las paritarias y evitar despidos. "La conflictividad social que beneficie a un partido político [en referencia a la izquierda] a nosotros no nos interesa", opina el secretario gremial, Jorge Viviani.

Sin embargo, el gremialismo peronista goza de las facilidades que le otorga la ley de asociaciones sindicales que establece una sola central obrera y el manejo de sus propios estatutos. Esto permite muchas veces a las listas oficialistas asegurarse el triunfo en las elecciones. La Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), que reúne a gremialistas de distintas ideologías, no pudo obtener aún la personería gremial.

Los dirigentes tradicionales de la CGT desestiman cualquier avance de la izquierda que les haga sombra. La escasa sindicalización de los trabajadores no es un asunto que preocupe todavía a la CGT, aunque admiten que deberían haber anticipado "esas consecuencias de la flexibilidad laboral".

El conflicto de la empresa norteamericana Kraft-Foods, cuyos delegados planteaban como testimonial, no fue más que "la demostración de cómo la izquierda olvida representar a los trabajadores por su propia pelea política interna", dijo el secretario general del Sindicato Capital de la Industria de la Alimentación (STIA), Rodolfo Daer, a LA NACION.

Según el ex secretario general de la CGT, "los únicos delegados que no firmaron el acuerdo del viernes pasado son quienes competirán en las próximas elecciones en la fábrica", Ramón Bogado, del PCR (Partido Comunista Revolucionario) y Darío Hermosilla, del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS).

Los delegados de subterráneos son permanentes fuentes de conflicto. Pero el secretario adjunto de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Ricardo Alí, dijo a LA NACION, que "esas 21 personas que amenazan irresponsablemente con tirarse debajo de las vías en cada huelga tienen mandatos vencidos". En las recientes elecciones, según dijo, ganó la mayoría de quienes responden a la UTA.

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