En el Centenario los propios médicos pagan los insumos para poder operar

Créase o no, los médicos del Hospital Provincial del Centenario ponen plata de sus bolsillos y compran insumos para poder operar. "Después pasamos las boletas y nos reintegran, pero se nos va mucho tiempo y energía en gestionar cuestiones que deberían funcionar por sí solas", le aseguraron ayer a LaCapital pidiendo estrictas reservas de identidades.

En medio de la polémica entre los jefes de servicio y el ministro de Salud de la provincia, Miguel Angel Cappiello, sobre la actual situación del efector, este diario recorrió los pasillos y pudo ver cómo se trabaja en ese efector.

Por falta de enfermeras, el horario para realizar operaciones se retrajo: antes iba de 7 a 17 y ahora llega sólo hasta las 13. "Lo que vemos ahora no lo vimos nunca", comentó un grupo de médicos. Es más, acostumbrados a poner la cara frente a los pacientes, más de uno tiene en su haber un mal rato vivido. "Un día tuve que salir con personal de seguridad porque un hombre me agarró del cuello y me dijo que no podía seguir esperando, yendo y viniendo", comentó ayer un residente.

Y no es para menos, a uno metros suyo un profesional le explicaba a un paciente. "Mañana (por hoy) hay paro de personal no médico, así que tenemos que dejar la cirugía para la semana que viene, pero le va a tocar pasar las fiestas internado, así que le va a convenir dejarlo para los primeros días de enero", le explicó.

Miguel lo escuchó resignado sentado en el borde de una camilla junto a su esposa y un bolso. Necesita operarse y hace dos meses que, según explicó, "está dando vueltas" y soportando el dolor.

"Muchas veces venimos a las tres de la mañana para llegar a tener uno de los dos turnos que dan para algunas especialidades", explicó resignada la esposa mientras levantaban el bolso después de comprobar que no había ninguna de las 70 camas disponibles.

A juzgar por los relatos, parece que este recurso no abunda, porque hasta se dan casos de pacientes internados en sillas en las salas de guardia durante más de un día. Además de camas faltan tensiómetros, estetoscopios y descartables.

Bolsillos flacos. Los profesionales consultados ayer le aseguraron a este diario que ponen dinero de sus bolsillos para comprar elementos básicos para poder operar. Según detallaron, el pago de los mismos demora tanto que la cirugía se extiende en el tiempo con los consiguientes riesgos para el paciente. "Después pasamos las boletas y nos reintegran la plata, pero se nos va mucho tiempo y energía en gestionar cuestiones que deberían funcionar por sí solas", relataron. "Le podría contar que hasta los mismos pacientes graves se pasan la morfina cuando escasea", dijo un médico y recordó que en una ocasión los propios profesionales salieron a verificar por qué los proveedores escamoteaban los insumos. «No entregamos nada hasta que nos paguen lo que nos deben desde julio del 2008», les llegaron a decir los comerciantes.

"La atención es muy buena, siempre nos atienden bien, pero no hay camas", aseguró Ana María mientras su hija iba y venía por el hospital tratando de lograr que la internaran.

En los últimos meses, la cantidad de cirugías pasó de unas 500 intervenciones trimestrales, a la mitad. Este descenso engrosó la lista de espera, que ahora ronda los 1.200 pacientes sólo en uno de los cinco servicios quirúrgicos. El cuadro general se completa con la salida de servicio de varios quirófanos y la reducción de frecuencias de los turnos asignados para ocupar las salas de operaciones.

"¿Sabe cuál es el problema?, que con tanto esperar se van venciendo los estudios que me hicieron", explicó Ariel, un muchacho que esperaba ayer sentado en una camilla con el tapizado roto y los caños oxidados. Y la realidad se empeñó en dejar situaciones preocupantes. "En este hospital falta gasa, albúmina y hasta anestesia, y sólo está disponible un 60 por ciento de los antibióticos que se necesitan", detallaron los profesionales.

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