¿HAY QUE CENSURAR? Polémica sobre la crisis y el rol del periodismo

Gran Bretaña estudia medidas para limitar a la prensa especializada. Quieren evitar el agravamiento de la crisis.
¿Son los periodistas económicos responsables de la crisis internacional? ¿La información publicada profundiza el temblor financiero? ¿Hay que amordazar a la prensa en épocas de crisis, y así evitar el contagio? El debate se instaló en Gran Bretaña y amenaza con expandirse por el mundo, al igual que las turbulencias bursátiles y la recesión. El Parlamento inglés analiza ponerle trabas al periodismo especializado en finanzas. Hay proyectos para censurar notas consideradas sensibles por el mundillo financiero.

La polémica estalló en Inglaterra hace algunas semanas. En el centro quedó el periodista Robert Peston, conocido entre sus colegas por su extensa carrera en la BBC y en otros medios, pero que recién pasó al estrellato con dos primicias que sacudieron a la City londinense y al resto de los centros bursátiles: primero, la extrema debilidad por la que atravesaba el banco inglés Northern Rock y, luego, la crisis del Royal Bank of Scotland y del HBOS. A poco de publicarse la información, las entidades financieras debieron ser rescatadas por la corona británica para evitar la bancarrota. La nacionalización se produjo a pesar de que todas ellas habían recibido cerca de 100 mil millones de euros de auxilio.

El caso de Gran Bretaña no es el primero. En Letonia encarcelaron a un periodista económico que contó la debilidad del sistema financiero de su país. Los críticos de Peston aseguran que la crisis se ahondó por culpa de la publicación de datos sensibles a la actividad financiera. Y que sus reportes no hicieron otra cosa que acelerar la corrida contra los bancos.

Ahora, en Gran Bretaña existen propuestas como la de Richard Lambert, director general e la cámara empresarial británica CBI, que directamente pidió que, mientras dure la crisis, los periodistas eviten términos como “pánico”, “miedo” o “caos”. Y que se formen tribunales para dictaminar sobre la labor de los trabajadores de prensa.

El Comité de Economía de la Cámara de los Comunes discute la inclusión de un capítulo dedicado al periodismo dentro de una nueva regulación del sistema financiero. La idea es que haya más controles a los bancos, pero también a los medios de comunicación. La asociación de medios de Gran Bretaña, con el Financial Times a la cabeza, como grupo de prensa especializado, reaccionó contra las intenciones de censura.

OPINIONES

A favor de la autorregulación

Adriana Amado Suárez (Directora Carrera de Comunicación Social de la UCES)

El tema es muy controvertido. Muchas veces, en economía, hay periodistas que no lo son, responden más a intereses sectoriales y no honran la profesión. Son operadores no periodistas. Entonces, lo primero es distinguir entre unos y otros. Existe un estudio, realizado en Inglaterra que da cuenta de esto. Dice que el 80% de los periodistas económicos tiene como fuente de información a agencias de relaciones públicas, que son a su vez las ideólogas de sus artículos. Quiere decir que las notas no se producen por iniciativa de los periodistas sino de las fuentes, interesadas en la reproducción de sus intereses. En la Argentina también existe una gran cantidad de información que circula y cuyas fuentes son agencias. Creo que los periodistas deberían tener la plena libertad para trabajar, pero la pregunta es si responden a los verdaderos valores de la profesión. Estoy a favor de una autorregulación y de la transparencia de la prensa, que los artículos tengan información genuina y no respondan a intereses de determinado grupo económico o de poder. El camino es la autorregulación a través de mecanismos de rendición de cuentas a los lectores. La idea puede funcionar con la figura del defensor de lectores o con códigos de ética. La Argentina, y ahora otros países, aparecen más propensos a que las regulaciones las impongan desde afuera de los medios. Lo mismo que la dependencia de la publicidad oficial, que son mecanismos más sutiles que la censura pero también eficientes. Y eso es riesgoso.

Libertad de prensa con responsabilidad

Mario Vicens (Presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA))

La prensa y su autonomía siempre son motivo de debate cuando las papas queman. Culpar al mensajero de los males que afectan a la gente siempre ha sido una gran tentación, sobre todo cuando las soluciones son dolorosas. El debate desatado en Gran Bretaña y otros países de Europa sobre la intención de algunos gobiernos de imponer restricciones a la prensa especializada ante las turbulencias que están zamarreando los mercados financieros forma parte de ese síndrome que se repite una y otra vez.

En la actual coyuntura de los mercados financieros, hay situaciones que mal interpretadas o mal informadas pueden generar una desestabilización de las condiciones económicas y sociales de un país. En general tienen que ver con la denominada “asimetría informativa”.

La existencia de este fenómeno forma parte de la naturaleza de la actividad financiera. Obtener información confiable y fehaciente acerca de las diferentes actividades económicas y sus actores es extremadamente costoso y difícil, lo que hace que sea totalmente antieconómico para un ahorrista o inversor conseguirla en forma individual. Para eso están los bancos y otros intermediarios financieros que hacen esa tarea. Los ahorristas delegan en ellos la evaluación de la capacidad de repago y otros factores que hacen a la decisión de prestar o invertir porque, de lo contrario, no sería económicamente posible encarar la decisión de manera individual.

Esta condición, más la brecha que suele existir entre los plazos que solicitan quienes demandan fondos y los que ofrecen quienes ahorran, hacen que la actividad financiera sea muy sensible a la calidad y cantidad de información que llega a sus actores. En ese sentido, la preocupación de las autoridades por que lo que se informa sea fehaciente y, al mismo tiempo, responsable, es totalmente justificada. Pero el método no es la censura, porque desinformar también es muy peligroso. Si bien no deben existir dudas sobre este principio, es justo aceptar también que ante situaciones delicadas la libertad de prensa debe ejercerse aún con mayor responsabilidad. Esta exigencia no le cabe sólo al periodismo, sino a todos los actores que de una u otra manera contribuimos a formar la opinión del público, sean autoridades, dirigentes o simplemente opinadores.

Uno de los capitales más valiosos con que cuenta una sociedad es la confiabilidad de sus instituciones. Una norma o legislación que establezca restricciones al accionar de la prensa implicaría poner en duda su confiabilidad, un camino del que hay muchas evidencias que no se puede retornar fácilmente.

Informar sin guardarse nada

Claudio Zlotnik

El corralito de Domingo Cavallo es el mejor ejemplo de que los periodistas económicos deben informar con total libertad y sin esconder bajo el teclado ninguna información fidedigna. La mayoría de los ahorristas que quedaron con el dinero atrapado en 2001 eran pequeños y medianos. Los grandes jugadores económicos: empresas líderes, fondos de inversión internacionales, consultores “mediáticos” y financistas poderosos fugaron la friolera de 20 mil millones de dólares durante aquel fatídico año. ¿La razón? Porque contaban con información. Sabían que, tarde o temprano, el gobierno de la Alianza iba a “pisar” los depósitos. No le quedaba otra si pretendía estirar la agonía de la convertibilidad. Desde mediados de 2001, cuando el FMI decretó la muerte del uno a uno negándose a prestar más dinero, la salida de plazos fijos rondó los 200 a 300 millones de pesos/dólares diarios. El periodismo no siempre dio cuenta de ese escenario que inevitablemente desembocaba en el precipicio. En tren de conjetura podría esgrimirse que la decisión de los medios fue la misma que ahora se discute en Gran Bretaña: contar la realidad podría agravar la crisis. La enseñanza de 2001 fue que el uno a uno explotó igual, con la diferencia de que se salvaron quienes mejor información disponían. Los ahorristas más chicos fueron los que salieron a golpear las puertas enchapadas de los bancos. Algunos grandes que quedaron atrapados tuvieron la suerte de encontrar a jueces generosos que los ayudaron a sacar la plata mediante amparos judiciales. En el contexto actual, echarle la culpa a la prensa por la debacle deja a un costado, intencionadamente, el análisis de las verdaderas razones del colapso: el mal manejo y la ambición desmedida de los grandes grupos financieros internacionales, que aprovecharon para expandir sus rentabilidades mediante negocios ficticios. En lugar de cerrarles los caminos, los periodistas económicos tienen que trabajar para esclarecer, de manera horizontal, lo que está sucediendo

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