Las cenizas de Mercedes Sosa ya pertenecen a Mendoza

Más de tres mil personas despidieron a Mercedes Sosa en el patio del Museo del Área Fundacional. Su hijo y sus hermanos arrojaron las cenizas al canal Cacique Guaymallén. Fue su deseo porque aquí nació artísticamente. Música, canto, pancartas y flores marcaron el emotivo acto.
Con una rosa roja y un rosario en la mano, Adela llegó hasta el Museo del Área Fundacional. "Me siento feliz de que ahora se quede con nosotros", decía. Como ella, más de tres mil mendocinos también se acercaron hasta allí para dar una suerte de bienvenida a los restos de Mercedes Sosa, quien ahora permanece en nuestra tierra.

El sol de la tarde pegaba fuerte pero parecía no importar. De a poco el paisaje se fue poblando de gente y ansiedad. Mientras se esperaba el arribo de los familiares para comenzar el acto, la voz de la Negra sonaba por los parlantes y se escuchó a unos cuantos que coreaban a la par "Sólo le pido a Dios"o "La Masa".

Banderas argentinas, flores, fotos, pañuelos en la cabeza y pancartas con frases como "Mil gracias porque tu arte colmó mi alma", eran parte del paisaje y fueron medios que los mendocinos eligieron para demostrar el amor y la gratitud ante la decisión de la artista, que en vida manifestó su voluntad de que una parte de ella se quedara en nuestra tierra.

De a poco, entre la multitud, se pudieron ver los rostros de algunos artistas mendocinos como Tilín Orozco, Cacho Garay o Javier Rodríguez, que se fueron unieron a otros tantos más.

La conducción del acto estuvo a cargo de Sergio "Coco" Grass, quien en todo momento enfatizó que la tranquilidad debía ser la marca distintiva del evento.

Casi media hora después de lo anunciado llegó Fabián Matus, hijo de Mercedes, junto a sus tíos Fernando "Cacho" Sosa y Orlando "Chichi" Sosa. Los acompañaba también Jorge Luis "Coqui" Sosa, primo hermano de Fabián. El grupo familiar fue recibido con aplausos y al grito de "Fuerza Fabián" y "Viva la Negra".

Canción con todos

La colocación de un ramo de flores blancas y el pequeño cofre de madera en una mesa dio inició al acto. Pocho Sosa, organizador del acto, dijo unas breves palabras agradeciendo la presencia de la gente y Jorge Sosa recitó un poema, especialmente escrito, y muy aplaudido por la gente.

La bendición estuvo en manos del padre Algo Godino quien además pidió que ella nos bendijera a todos y a su familia. En un costado un grupo de jóvenes traducía a lenguaje de señas todos las palabras y todas las canciones.

Los discursos fueron breves y sentidos, especialmente el de "Coqui" Sosa quien señaló: "Esto no es una despedida, es una bienvenida porque una parte de ella se queda acá". Momentos después una decena de guitarras empezó a sonar y las voces de los artistas se volvieron un coro junto a los presentes.

Las cuecas "Cochero e’ Plaza" y "Calle Angosta" fueron acompañadas por danzas de los centros tradicionalistas y así la procesión empezó su lento recorrido entre la gente.

Parte del aire

"Zamba del Riego" fue la canción elegida para que el público entonara en el breve pero intenso camino. Se repartieron fotocopias con la letra, y la música sólo era interrumpida por los aplausos de la gente ante el paso de la urna. A las 18.30 finalmente las cenizas de Mercedes Sosa se fundieron con el aire y el agua del canal Cacique Guaymallén en medio de una marea humana que luchaba por ver con ojos propios ese fugaz acto.

Espontáneamente alguien empezó a cantar el Himno Nacional Argentino mientras se arrojaban flores al canal y los aplausos no cesaban. Minutos después familiares y amigos emprendieron el regreso al museo en el medio de calurosos saludos de la gente. El deseo de Mercedes Sosa se había cumplido y ahora es parte de Mendoza, lugar que la vio nacer artísticamente.

Más que una fiesta

Aunque no era un acontecimiento feliz tampoco fue un velorio en el estricto sentido de la palabra. Los presentes se comportaron como público en un recital y hasta corearon un "Olé, olé olé, olé, Negra, Negra". Las similitudes con un espectáculo musical no terminaron allí. En el predio se escuchaban también otros gritos pero no de aliento o apoyo sino de venta callejera.

Ofrecían flores por un peso, pañuelos con fotos de la artista, CD y DVD truchos, helados, aguas y gaseosas. La gente lo agradeció porque todos quería tener un objeto fetiche para lanzar al canal y ser parte del rito histórico.

El acto terminó y gran parte de la multitud se desvaneció. Algunos se quedaron charlando y preguntando si habría algo más, casi como pidiendo un bis de un acto que lejos de ser fúnebre fue una celebración de la vida artística de una de las figuras más emblemáticas que tiene nuestro país.

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