Los celos complican el pacto con Macri

La amenaza para el acuerdo es que no está claro quién será el líder; el papel de De Narváez
La frase ayer circulaba de boca en boca entre los propios operadores que instalaron el acuerdo: "El problema en la provincia es que todos quieren ser número uno".

La alianza entre el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y el diputado nacional Felipe Solá se topó con su primer obstáculo antes de consumarse: el enmarañado mapa de relaciones con el peronismo disidente bonaerense. La gran amenaza que acecha la esperanza opositora de llegar unida a la contienda electoral con el kirchnerismo.

"¡Hay que unificarse lo máximo que se pueda!", exigió ayer el diputado de Pro Federico Pinedo. En realidad, Pinedo expresa un deseo de Macri, que quiere ver encolumnados a Solá y a Francisco De Narváez. Ambos tienen ambiciones propias: el primero quiere demostrar en 2009 que puede ser presidente en 2011; el otro pretende renovar su banca como diputado y ser candidato a gobernador.

El jefe de gobierno elogia a los dos. Pero los quiere juntos. Allí nacen las dificultades. El peronismo antikirchnerista quiere unirse, pero sin ceder un ápice de poder.

Lo reconocen quienes frecuentan a De Narváez. "Crece en las encuestas y tiene estructura para la campaña. ¿Por qué va a regalar eso?", se preguntó uno de ellos. Además, creen que Solá está obligado a ganar, y De Narváez, en cambio, tiene menos presiones: se mantendría en carrera superando el millón de votos que consiguió en 2007. Hasta ayer, decían que no había diálogo con el felipismo y le bajaban el tono al pacto con Macri: "Todavía no hubo hechos políticos".

La gente de Solá tampoco quiere concesiones. "Felipe mide mejor, está instalado y necesita ir primero para ser presidenciable", justificó un hombre de su confianza, todavía exultante por las negociaciones con Macri; un acercamiento que esconde el propósito común de evitar otra figura que genera conflictos: Eduardo Duhalde.

Solá suele despegarse de él con sus íntimos. "Lo escucho, pero no voy de su mano", insiste. Pero es más que eso: no quiere que el ex presidente se muestre como artífice de sus acuerdos.

No es el caso de De Narváez, que hace campaña con "Chiche" Duhalde y se muestra con el ex presidente. Hoy, por ejemplo, estará con él en el asado opositor que organizó el sindicalista Luis Barrionuevo. Duhalde igual elogia a todos por igual: a Macri, a Solá y a De Narváez. El futuro de esas relaciones aún es un misterio.

La otra incógnita es Jorge Macri. Después de la alianza frustrada entre ellos, De Narváez lo ningunea. "Con el único Macri que negocio es con Mauricio", suele decir, aunque tampoco los une una relación del todo amistosa. Ayer, Pinedo evitó polémicas: "Hoy, nuestro deber es que el kirchnerismo pierda la mayoría en el Congreso". Para eso, debe haber pocas listas opositoras. Pero nadie se resigna. Ahora es el momento de instalarse, no de acordar, repiten todos. Y con un agregado: a partir de abril, decidirán las encuestas.

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