Cayó el verdadero capo del cartel de la efedrina

Se llama Rodrigo Pozas Iturbe; es considerado el capitalista y líder del grupo detenido en la quinta de Ingeniero Maschwitz. Su urgencia por salir del país y sus contactos con las víctimas del triple crimen.

Laboratorio en la quinta. El mexicano admitió ante el juez que le ofrecieron formar parte de un negocio con medicamentos pero que no participó porque le pareció que era ilegal.

El mexicano Rodrigo Pozas Iturbe, detenido en la investigación por el triple crimen de General Rodríguez, admitió que Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón, los tres empresarios asesinados, le ofrecieron “participar en un negocio ilegal con medicamentos”. Si bien Pozas Iturbe negó haber aceptado el proyecto, fuentes judiciales y de los servicios de inteligencia de México dijeron que “sería uno de los principales intermediarios entre los vendedores locales de efedrina y los carteles mexicanos que controlan el negocio de la producción de drogas sintéticas”. En definitiva, el verdadero jefe.

El detenido –que quedó a disposición del juez federal Federico Faggionatto Márquez, en la causa que investiga la ruta de la efedrina– tenía en su domicilio documentación con información sobre precursores químicos, disposiciones de Naciones Unidas y de la Sedronar que rigen en la Argentina para la comercialización de estas sustancias. Aunque el juez tiene tiempo hasta el 29 de octubre para dictar el procesamiento, “la calificación incluye varias conductas delictivas como elaboración, comercio y tráfico ilegal de estupefacientes, agravadas por la participación de más de tres personas”, aseguraron fuentes judiciales.

En su extensa declaración ante Faggionato Márquez, Pozas Iturbe recordó que “el 24 de julio, Leopoldo Bina me invitó a una reunión con un grupo de mexicanos con los que supuestamente estaba haciendo negocios”. Más adelante, el detenido dijo que “el encuentro se produjo en un restaurante en cercanías del hotel Sheraton de Pilar, donde acudió una persona que se identificó como Dami, quien explicó que intentaban hacer negocios con unos mexicanos que acababan de conocer y que estaban relacionados con la venta de medicamentos”. Más tarde –prosigue la testimonial–, “se hizo presente una persona robusta de unos 40 años de edad, de cabellos cortos y con canas, al que Dami presentó como su socio, sin mencionar el nombre; y antes de finalizar la reunión apareció en el restaurante una persona que se presentó como Sebastián”.

La semana que los tres empresarios desaparecieron, continúo Pozas Iturbe, “nos volvimos a encontrar en una parrilla cerca de la cancha de Vélez y Sebastián me dijo que los mexicanos con los que estaba negociando no le tenían confianza, por lo que me pidió que les dijera que yo ya había tratado con ellos anteriormente, sacando la mercadería”. Acto seguido, “Forza me dijo que con esta gente no había contratos por escrito, por lo que yo supuse que el negocio era ilegal y me negué a participar porque no quería verme involucrado en episodios delictivos”.

QUIÉN ES. En su testimonio ante Faggionato Márquez, Pozas Iturbe dijo dedicarse “a la aeronáutica” y declaró tener una participación en la empresa de sus padres, que importan y exportan tinta y libros. “Pozas Iturbe no tiene una profesión claramente definida, pero cuenta con mucho dinero, ya que el negocio familiar le serviría de pantalla para encubrir el verdadero origen de sus ganancias: el tráfico de precursores”, dijeron fuentes de inteligencia mexicanas consultadas por Crítica de la Argentina. Para esos investigadores “se trata de un proveedor externo que consigue la materia prima en países sin restricciones para el comercio con precursores y los manda a México”. Las fuentes coinciden en que Jesús Martínez Espinoza –supuesto lider de la banda desbaratada en Ingeniero Maschwitz, detenido en Paraguay y a la espera de su extradición– y Pozas Iturbe son dos eslabones muy importantes de la cadena de comercialización de efedrina. “Martínez Espinoza es el gerente del negocio y Pozas Iturbe es el capitalista”, afirmó un integrante de los servicios secretos mexicanos. Y concluyó con un dato revelador: “El 19 de octubre, Pozas Iturbe acudió a la embajada a reclamar su pasaporte en carácter de urgente. Claramente, era un caso de extrema urgencia, porque estaban a punto de detenerlo y seguramente lo sabía, aunque disimule lo contrario”.

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