Cayó un 38% la venta de inmuebles

En el primer semestre se hicieron 12.280 operaciones menos; en junio, la baja interanual se acotó a 29% y creció respecto de mayo
Hay que partir del dato concreto que aporta el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires: la venta de inmuebles bajó en el primer semestre 38% con relación al mismo período del año anterior. En ese tramo de 2008 la cantidad de escrituras había sido 32.640, contra 20.360 en la primera mitad de 2009, es decir, 12.280 operaciones menos. Las compraventas sumaron en el primer de semestre de este año $ 5745,1 millones, lo que significó una baja interanual del 28 por ciento.

Aun así, hubo un leve repunte del 16,7% en junio pasado (4277 actos de escritura) si se lo compara con el mes anterior, pero las operaciones que dieron origen a esta mejoría se concretaron en mayo. ¿Habrá incidido en la decisión de compra la inminencia de las elecciones? ¿Ese habrá sido un motor que impulsó a un puñado de la demanda a comprar una propiedad y a refugiarse en ladrillos?

De todos modos, la cantidad de escrituras cayó en junio 29% respecto del mismo mes de 2008. El volumen de operaciones de junio totalizó $ 1294 millones, lo que representó una caída del 14% interanual, pero un crecimiento del 30% en comparación con el mes anterior.

Cuando se sepan los números de lo que sucedió en julio, ¿no se advertirá otra baja de la actividad influida por el efecto de la gripe A? Hoy se advierte en el movimiento cotidiano una despareja reacción del mercado: mientras están más lentas las operaciones de compraventa, el segmento que crece es el de los alquileres. Se suman incluso aquellas propiedades que en un momento de fuerte crecimiento del turismo se ofrecían como temporarias y con muy buena respuesta.

Un desarrollador evaluaba ayer una hipótesis: el momento es crítico porque falta un ingrediente esencial para que los potenciales compradores y los inversores locales se animen a tomar decisiones, y esto es la falta de confianza, motor esencial para que esta industria modifique su comportamiento.

Faltan señales

Hacen falta señales. En principio, seguridad jurídica (el tema de un proyecto de ley de alquileres esta semana agita las aguas y remueve antiguos temores de intervención estatal en la actividad privada) y otros aspectos que se relacionan con el poder adquisitivo de la gente, la diferencia considerable entre el salario y la cuota para adquirir una vivienda de una enorme franja de la demanda que está contenida a la espera de decisiones que lleguen del Gobierno. El sector arrastra los efectos de la crisis internacional y, con mayor gravitación, de la propia.

Los empresarios con espaldas para soportar esta turbulencia avanzan con suma prudencia y hasta se animan a pensar en el largo plazo. No se animan a pronósticos, pero estudian minuciosamente los proyectos y tienen en cuenta el perfil de la demanda e inversores a quienes ofrecer sus proyectos.

Del otro lado, la gente, ávida de convertirse en propietaria, ve alejarse por el momento el sueño de la casa propia, salvo algunos pocos privilegiados que pueden calificar para escasos créditos. También espera que los precios caigan, pero no parecerían reales estas expectativas, salvo en el caso de contraofertas.

Ha comenzado -tradicionalmente ha sido siempre así- el tramo más próspero del año en términos del sector, que es el que abarca desde agosto hasta los primeros días de diciembre. Esta actividad, capaz de retraerse con facilidad frente a la adversidad, tiene también una enorme capacidad de revertir esa situación y de generar un rápido cambio positivo, que a su vez cree empleo en la construcción y los servicios.

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