Cayó por la causa menos pensada

Lo apresaron por intentar salir de una librería de Recoleta con cinco títulos sin pagar. Fue secretario de Industria y de Asuntos Militares.
Doble apellido, afición por el golf y los caballos, ex director del Jockey Club, funcionario menemista durante diez años, dirigente de la UCD, caballero de la Orden de Malta, saco de lino, un aire al actor George Hamilton y jopo inolvidable. Toda una trayectoria política y estética al borde de la autoparodia para terminar, una tarde soleada y fría, en una cárcel común por intentar robarse cinco libros de un local de Cúspide, en el shopping Village Recoleta.

Hasta la medianoche, Jorge Pereyra de Olazábal seguía preso acusado de "tentativa de robo". La categoría leguleya esconde un pecado menor, pero inusual, incómodo, insoportable, para un cajetilla como Pereyra de Olazábal: intentar llevarse cinco libros escondidos en un bolsito, sin siquiera sacarle la alarma. "¡¿Por qué no se ocupa de cosas imporrrtantes?!", reprochó a este cronista una coqueta mujer que lo fue a visitar a la Comisaría 19. En las malas, ayer, a Pereyra de Olazábal lo pasaron a ver ella y su hijo, nadie más.

Antes de que se lo llevaran en patrullero, De Olazábal se tomó un café en la afrancesada Brioche Dorée, en el centro de Cúspide, incrustada en el Village. Caminó como un dandy por los pisos de madera de la zigzagueante librería; atravesó la parte de las novedades, se decidió por un libro –cuyo título estaba bajo secreto de sumario–, lo pagó en la caja y enfiló para la puerta. Lo detuvo el bochornoso sonido de la alarma. Se había olvidado de pagar los otros cinco ejemplares escondidos en su bolso.

Entonces, explicó que quería pagar los libros, según los testigos. Amagó con poner en juego sus contactos, pero reculó; pidió disculpas, reclamó que el evento no pasara a mayores y prometió que no volvería a suceder. Su performance emocional no sensibilizó al guardia y, mucho menos, al encargado. Llamaron a la policía y, a las 4 de la tarde, ya estaba preso. Su causa, digamos, cayó en el Juzgado de Instrucción 4.

No es la primera vez que este liberal de 62 años tiene un roce embarazoso con la Justicia. A raíz de su paso por el menemismo, tuvo que declarar por una venta ilegal de armas a Bolivia que nunca se concretó. Desde Suiza, también pidieron informes por supuestas cuentas secretas. Salió airoso en ambos casos.

En 1989, Jorge Pereyra de Olazábal impulsó, junto a Álvaro Alzogaray, el acercamiento de la UCD al menemismo. El ex presidente lo premió con los cargos de secretario de Industria y Comercio, durante la gestión del fallecido Erman González como ministro de Economía. Fue, además, secretario de Asuntos Militares, ex interventor de la estatal Fabricaciones Militares y hasta asesor presidencial. Pereyra de Olazábal fue un funcionario récord del menemismo por presencia y versatilidad en los cargos.

Pasado el menemato, soñó con encabezar un frente de centroderecha con Mauricio Macri, Ricardo López Murphy y Luis Patti, entre otros. No se le hizo.

En el último tiempo, se acercó a los hermanos Rodríguez Saá. Fue candidato a legislador porteño por el partido Es Posible, pero no le fue nada bien a pesar de su entusiasmo y vivacidad. Alberto Rodríguez Saá lo consoló con la presidencia de la Casa de San Luis en la Capital Federal.

Desde su vínculo con la causa de la venta de armas al "intento de robo" de ayer, hay un notorio descenso en la escala delictiva. La lejanía del poder tiene estas cosas.

Al menos, el dandy pasó la noche en la comisaría más paqueta, la seccional de Recoleta, en Charcas y Agüero.

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