El Cavaliere no tiene la cara de piedra

Luego de dar un discurso en la plaza de la ciudad, Silvio Berlusconi se acercó a saludar a la multitud y fue golpeado en la boca con una réplica en miniatura de la catedral milanesa. El atacante es un hombre de 42 años con antecedentes psiquiátricos.
Un tenso acto político del gobernante partido Pueblo de la Libertad (PDL) en la plaza del Duomo de Milán concluyó con el premier italiano, Silvio Berlusconi, desencajado y con la cara ensangrentada, tras ser agredido por un manifestante opositor que lo golpeó con una pequeña réplica de metal de la catedral de la ciudad. Las cámaras captaron al controvertido Cavaliere con la boca sangrante, desorientado, mientras era introducido por sus guardaespaldas en el auto oficial en el que fue llevado a un hospital local. Entretanto, la policía detenía al agresor, Massimo Tartaglia, un hombre de 42 años sin antecedentes, pero con un historial de perturbaciones psicológicas.

El primer ministro, que se mantuvo consciente en todo momento, fue trasladado al hospital San Raffaele de la capital lombarda, donde fue sometido a encefalografías varias. El diagnóstico señala una "pérdida copiosa de sangre, una lesión lacero-contusa interna y externa en el labio superior, así como daños en dos dientes y una fractura en el tabique nasal". Los médicos decidieron mantenerlo bajo observación preventiva durante 24 horas.

Al salir de la sección de urgencias del hospital, el político y magnate mediático de 73 años alcanzó a decir: "Estoy bien".

Líderes de los principales políticos italianos salieron de inmediato a condenar los hechos que coronan varios meses de escándalos personales, políticos y judiciales del premier. "Es un acto de terrorismo", dijo Umberto Bossi, jefe de la Liga del Norte de extrema derecha y aliado del agredido.

El mitin político de ayer ya era, en sí mismo, un reflejo de las tensiones que el Cavaliere provoca a su alrededor. En varios momentos de su discurso, Berlusconi fue interrumpido por un grupo de manifestantes opositores que le gritaban: "¡Payaso!" y le reclamó su "dimisión", a lo que el gobernante respondió alzando el tono de su voz y diciendo: "¡Vergüenza!". "Hay chicos que protestan. Nosotros no se lo haremos nunca. Tenemos espíritu liberal", dijo, apartándose de su discurso.

Antes de ser golpeado, el premier hizo sus habituales bromas sobre las acusaciones de que frecuentaba a modelos menores de edad y de que participó en veladas con prostitutas de lujo, pero también arremetió contra la "izquierda marxista" italiana y los jueces que lo investigan, que ya le han costado una demanda de divorcio por parte de su esposa, Veronica Lario. "La oposición dice que soy un monstruo. Pero no lo creo. No sólo porque soy guapo, sino porque soy buen tipo", comentó, entre risas.

Minutos después bajó del estrado para saludar a la gente y, mientras firmaba autógrafos, sufrió la agresión. En imágenes de la tevé se vio cómo, tras ser golpeado, Berlusconi se llevaba las manos a la boca y caía al piso. Cuando sus escoltas lo ayudaron a levantarse, volvió a saludar a sus seguidores, pero la sangre ya le manchaba la mitad de la cara. La policía detuvo a Tartaglia y descartó que el incidente tuviera vínculos con algún grupo político. El agresor fue llevado a una comisaría y anoche era interrogado, mientras su nombre comenzaba a figurar en la red social Facebook.

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