Cauteloso, el sector industrial espera conocer la letra chica

Cauteloso, el sector industrial espera conocer la letra chica

Desde ayer, el reloj está encendido. Por primera vez, la política argentina se fijó -forzada por la letra de un acuerdo histórico- un momento en el tiempo para que parte de la industria nacional compita o cierre.

Ese camino, al forjarse con Europa y en plazos de hasta 15 años, es moderado. Diferente hubiera sido un tratado con los países asiáticos, pese a que los europeos tienen también producción subsidiada.

El Acuerdo de Asociación Estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) sellado ayer en Bruselas es un cronograma forzoso de transformación de más de una década para la economía, los empresarios, los sindicatos y, claro está, el Estado. Esto implica que el aparato productivo argentino se encuentra ahora empujado a reconvertirse a través de reformas estructurales para asegurarse su supervivencia.

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El reloj corre. Tras la primera firma de ayer, comenzarán los análisis legales, las traducciones del acuerdo y los debates y aprobaciones o no en los congresos o parlamentos de cada país. En el Gobierno estimaban que en dos años el acuerdo puede activarse funcionalmente, por lo menos en algunas de sus partes.

En una jugada que despertó sospechas, ayer, el Ministerio de Producción no dio a conocer la letra chica del acuerdo cerrado en Bélgica, por lo menos en lo que respecta a los sensibles bienes industriales. Sí lo hizo con relación a las oportunidades que se le abren al complejo agroindustrial. En la síntesis enviada a la prensa se informó que, con relación a los bienes industriales, la UE liberalizará "cerca del 100%" de su comercio, mientras que el Mercosur lo hará en un 90%.

El bloque europeo ofreció además la liberalización completa e inmediata de aranceles para el 80% de las exportaciones del Mercosur de productos industriales a la UE. "El Mercosur obtiene plazos amplios de hasta 15 años para liberalizar sectores sensibles en forma gradual", dijo la síntesis oficial, y agregó que "el acuerdo favorece el comercio intraindustrial al reducir los aranceles para insumos y bienes de capital".

"Este es un hecho histórico", afirmó a LA NACION el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica. "La integración comercial de la Argentina va a dar un salto cualitativo. Llegaremos a casi el 30% del PBI mundial", dijo desde Bruselas. "Nos ofrece además un salto institucional en materia de reglas, confiabilidad y en rebaja de incertidumbre para poder capturar inversiones", agregó. "Este es un acuerdo muy equilibrado entre los bloques y los sectores. Hemos respetado las sensibilidades", afirmó el funcionario, y dijo que la letra chica sobre los bienes industriales se conocerá desde pasado mañana.

Pero directivos de varios sectores ya tuvieron la confirmación necesaria para pasar un fin de semana relativamente tranquilo. Por caso, la industria automotriz, cuyos autos provenientes de Europa pagan un arancel externo común de 35%, tendrán una canasta de desgravación de 15 años, el plazo más prolongado concebido en el acuerdo. Pero, a su vez, tendrán siete años de gracia. Esto quiere decir que el arancel de 35% seguirá hasta el séptimo año. Al llegar al octavo, se reducirá el nivel correspondiente para ese año y avanzará hasta llegar al libre comercio entre los dos bloques a los 15 años. Pero además habrá una cuota anual de 50.000 autos y US$600 millones en autopartes con un arancel de la mitad del actual, según contaron.

Caminos similares esperan los textiles, calzado, metalmecánica, autopartes, juguetes, neumáticos, con diferentes cuotas y canastas de cinco, siete, diez y 15 años.

"Vamos a esperar la letra chica. Nadie duda de que es bueno acceder a un mercado de 800 millones de consumidores, pero no sabemos los detalles de la negociación. Por ahora, precaución", dijo a LA NACION el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo. En la entidad fabril afirman que el Gobierno les aseguró que lo que los industriales pidieron fue respetado. Además, perciben que la negociación entre bloques se aceleró con la llegada de Jair Bolsonaro y de su ministro Paulo Guedes. El año pasado, el rojo comercial entre la Argentina y la UE fue de más de US$8000 millones. Desde Europa llegan maquinarias y aparatos (partes de motores, generadores y grupos electrógenos), productos farmacéuticos, otras máquinas, autopartes, vehículos y camiones. La Argentina manda biodiésel, químicos orgánicos, piezas y vehículos; mariscos, cobre y cítricos; pellets de soja, carne, maní y vino.

Pese a las actuales críticas del kirchnerismo, un directivo autopartista recordaba ayer la advertencia directa por este acuerdo que había escuchado de Débora Giorgi, ministra de Industria de Cristina Kirchner en 2009: "Si no son competitivos en 2020, no merecen seguir vivos".

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