Una cauta pero decidida política exterior

Por Mario Diament

MIAMI.- Esperar que un presidente que asumió hace menos de 70 días en medio de la crisis económica más seria desde la Gran Depresión despliegue un croquis puntual de los lineamientos de su política exterior es esperar demasiado.

La batalla por lograr la aprobación de su plan de estímulo y la que se desarrolla en estos momentos en torno al presupuesto requieren tiempo y dedicación personal, particularmente con un Congreso dividido por fronteras partidistas, y de su resultado dependen, en buena medida, muchas de las decisiones que se adopten en las demás esferas de gobierno.

Así y todo, Barack Obama ha producido ya una serie de actos y definiciones que permiten entrever la dirección que su administración transitará en sus relaciones con el mundo. Y no han sido pocos.

El presidente comenzó por anunciar el cierre de la prisión de Guantánamo y por ponerle fecha a la salida de las tropas de Irak. Envió un mensaje de amistad al mundo musulmán usando una red de televisión árabe e inició aperturas diplomáticas con Siria e Irán.

Como contrapartida, anunció que despachará 4000 tropas adicionales a Afganistán, en consonancia con su prédica durante la campaña de que el esfuerzo militar debía concentrarse en combatir a Al-Qaeda en Afganistán y Paquistán y no en tratar de manipular los conflictos étnicos y religiosos en Irak.

Obama aseguró a China que trabajarían juntos en resolver la crisis económica, energética y ambiental y atemperarían las demandas de reforma en el área de derechos humanos y ofreció a los rusos congelar el proyecto de un paraguas defensivo a cambio de que ambos países colaborasen en resolver el problema iraní.

Su primera visita a fue a Canadá y no a México y su primera reunión con un mandatario extranjero en Washington fue con el premier británico, Gordon Brown, y luego con el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.

En una actividad que no puede calificarse menos que frenética, su secretaria de Estado, Hillary Clinton, viajó primero a Asia, luego a Medio Oriente; participó en la reunión multitudinaria para la reconstrucción de Gaza, en Sharm el-Sheikh y, de allí, voló a Bruselas, para reuniones con la OTAN y a Ginebra, para un encuentro con el canciller ruso, Sergei Lavrov.

Esta semana Clinton se trasladó a México, donde reconoció, por primera vez, que los norteamericanos eran tan responsables como los mexicanos de las guerras de las narcomafias y ensayó todos los gestos necesarios como para que se entendiera que Washington no se proponía tener una relación arrogante con sus vecinos.

Si en todas estas acciones puede distinguirse el esbozo de una doctrina particular, ésta es la preeminencia de lo pragmático por sobre lo ideológico. A diferencia de George W. Bush, que aspiraba a imponer la fórmula democrática norteamericana al resto del mundo, Obama piensa que los Estados Unidos deben aceptar que otras naciones y otras culturas no miran la realidad con su mismo espejo.

Cautela

Pese a las críticas de los conservadores, quienes auguran una catástrofe porque Obama ha indicado que está dispuesto a negociar con Irán, con los talibanes y hasta posiblemente con Hamas; y la izquierda, que cree que no se está produciendo el cambio prometido, Obama ha transitado un curso cauto pero no irresoluto. Se ha alejado de las políticas de su antecesor sin recurrir a drásticos golpes de timón que más tarde deban lamentarse.

Su verdadera actividad internacional comenzará la semana próxima, con la reunión del Grupo de los 20, en Londres, y más tarde con la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.

En el espacio de dos semanas, Obama tomará contacto con los líderes de los principales países industriales y con los mandatarios americanos. Allí podrá escuchar y ser escuchado y volverá con una idea más clara de cuál es la temperatura del mundo. Lo cierto es que, tal cual las cosas, la única política que cuenta es recomponer la economía. El mundo se ha vuelto una red de vasos comunicantes y ningún país puede fantasear con escapar a la onda expansiva. Todo lo demás es intencionalidad. Una expresión de deseos.

Se diría que Obama no se ha equivocado en los signos ni en los señalamientos. Pero no hay mucho más que eso, por el momento. Lo cual, paradójicamente, es mucho más de lo que había.

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