Un caso de oscuridad informativa

Por: Oscar Raúl Cardoso

Un efecto muy nocivo de lo que llamamos "globalización" es la forma en que siempre está invitando, cuando se piensa en una región, a confundir el origen de los conflictos, obligando a un duro ejercicio para separar las "causas nacionales" de las regionales y de las "internacionales". En esto, la transparencia de la revolución informática oscurece antes que aclara las situaciones.

¿Un ejemplo? Este mismo lunes se puede encontrar uno: en un solo día, Corea del Norte hizo estallar su segundo artefacto nuclear en tres años y, en las mismas horas, hizo disparos de prueba con tres misiles tierra-aire lo que constituye una asombrosa flexión de músculo militar para una de las naciones más pobres del planeta.

Es verdad, aún falta determinar el resultado de estas pruebas, algo que puede demandar hasta tres semanas, según los expertos. Eso es lo que se tardó en 2006 cuando en Occidente se llegó a la conclusión de que aquella explosión subterránea controlada había sido un fracaso parcial (parte del explosivo no estalló).

Aquella prueba fue modesta, apenas un kilotón; un monto primitivo si se tiene en cuenta que las dos bombas que iniciaron la era del temor atómico -las que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki- fueron de entre 15 a 23 kilotones.

Es curioso que en una época en que los satélites pueden tomar desde el espacio exterior fotos en las que imprimen el color de ojos de cualquier transeúnte desprevenido, un régimen primitivo como el de Pyonyang sea capaz de guardar secreto sobre la esencia de su proceso de decisión. Corea del Sur -y especialmente su bolsa de valores- dieron indicios claros de haber sido, al menos, parcialmente sorprendidos por las acciones de su vecino del norte.

Toda esa sorpresa parece haber descontado los indicios que sugerían que los generales de Kim Jong-il estaban a punto de volver a las andadas. En diciembre pasado, Corea del Norte decidió interrumpir el proceso de negociación con Estados Unidos y cinco estados europeos que ya le había permitido rehacerse de algunos de los depósitos congelados en bancos internacionales.

Si la negociación hubiera continuado Corea del Norte estaría hoy cerca de recibir ayuda internacional, especialmente energética y alimentaria. En Corea del Norte solo la dirigencia del régimen y su poderoso ejército están en condiciones de asegurar que están bien alimentados. El resto del país orilla cada tanto una hambruna de proporciones épicas.

Pyonyang adujo entonces que Washington se negaba a abandonar sus "políticas criminales" contra Corea del Norte. Pero, claro, para esto las inspecciones internacionales deberían haber comenzado y la continuidad de cualquier programa bélico de armas de destrucción masiva se hubiese vuelto muy difícil de seguir estando bajo camuflaje.

Ahora veamos las razones que el estallido de cada acción de Corea del Norte produce en la prensa internacional que suele explicar todo según un único eje: el de la disputa de Corea del Norte con Estados Unidos.

En la segunda mitad del año pasado Kim Jong-il, de 68 años, sufrió un serio episodio de salud (otra vez la oscuridad, nadie sabe la naturaleza real del ataque que padeció) y esto ha puesto al régimen en un nuevo curso de velocidad para consolidar una sucesión.

La especulación que hacen los más conocedores es que el sucesor será el más joven de los tres hijos (conocidos) del líder: Kim Jong-un que aún no ha cumplido 30 años.

La línea más dura del régimen lleva un año demandando que se interrumpa toda negociación con Occidente. Uno de ellos, desconocido hasta para los propios coreanos del norte, el general Kim Yong-chol, ha comenzado a hacer pública esta demanda, algo que no es frecuente entre los uniformados de Kim que no suelen soltar su lengua en público. Mostrar firmeza militar en tiempos inciertos de cambio puede no ser, en este caso, demasiado inteligente, pero nadie puede decir que no es un recurso frecuentemente visto.

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