Casita azul

La Cámara Federal ratificó la prisión preventiva a los responsables de un popular prostíbulo "privado" de esta ciudad. Una docena de mujeres eran mantenidas en cautiverio con el fin de lucrar con el ejercicio de la prostitución. La esclavitud jamás termina.
Cuando se utiliza la palabra esclavitud, muchos piensan en antiguas estructuras sociales abolidas con los adelantos de la contemporaneidad. Todos traen a la memoria las enseñanzas escolares, la Asamblea del año XIII y las maneras en las que las maestras explicaban que la servidumbre de los negros se había convertido, ya en aquel entonces, en un trabajo rentado.

Pero cada vez que las cámaras televisivas muestran el interior de uno de los cientos de talleres textiles clandestinos que existen en todo el mundo, la palabra esclavitud se resignifica y alcanza una cercanía pavorosa. Lo mismo sucede cuando aparece ante la opinión pública una red de tráfico de personas que tiene por objetivo el negocio de la explotación sexual, sea por una red de prostitución común o por el turismo sexual de menores, que se concentra en las provincias más cercanas a la Triple Frontera, y mueve un volumen de dinero que puede parecer espeluznante.

La esclavitud es un hecho cotidiano y real. Día a día desaparecen jóvenes, mujeres, niñas y niños que serán explotados en esta actividad como una verdadera mercadería, hasta que dejen de servir para el propósito planteado. Estos delitos no son aislados. Siempre están cerca de la venta de órganos, del comercio con drogas prohibidas, y de todo el entramado mafioso que compra los silencios que olvidan los domicilios de quienes operan a plena luz, y hasta mencionando como normal lo que es perfectamente anormal y delictivo.

La trata de blancas ya no se llama así. Ahora se denomina tráfico de personas, ya que los buscados, elegidos, captados y finalmente secuestrados son mujeres, jóvenes y niños. Se los traslada hasta centros de prostitución con el propósito de comerciar con ellos en contra de su voluntad. Se los hace desaparecer de la faz de la Tierra y nadie vuelve a encontrarlos. Les sacan los documentos, los tienen encerrados y muchas veces son, además de aislados e incomunicados, torturados y asesinados.

El tráfico de personas termina con la explotación, es decir trabajo mal remunerado o sin pago alguno, servicio forzado, servidumbre. Muchas veces las víctimas son inmigrantes, que viven hacinados para alcanzar una producción masiva en condiciones de exigencia que resultan inhumanas.

La Argentina es parte de un circuito de crimen organizado, un negocio que da ganancias similares al tráfico de drogas y al tráfico ilegal de armas. La pobreza, el desamparo y el desarraigo son las variables que colaboran con estas organizaciones para el logro rápido de sus objetivos. Se trata de personas que tienen deseos de salir de la pobreza a través de un posible viaje, y de cambiar las condiciones de vida o de trabajo por otras que resulten más prometedoras. Por eso hay "captadores" que se hacen amigos y consiguen la confianza de la chica y de sus familias, prometen buenos trabajos, ingresos y estudios, lo cual será en breve una salida feliz para toda la familia.

Luego llega el viaje, que la víctima deberá pagar, o contraerá la primera de sus deudas. Un viaje con un destino falso, donde alguien la recibe y la lleva al sitio donde va a vivir. Ella sabe que pagará por la comida y el hospedaje, así que aparecen los prestamistas que entregan el dinero a un costo usurario, y luego comienzan a presionar para la devolución con intereses. La deuda se hace impagable, y la chica ha hipotecado su vida.

Una vez en el burdel, se las prepara para su nuevo trabajo. Se las entrena, es decir se las somete a violaciones reiteradas. Viven en las casas-burdeles y no pueden volver a contactarse con nadie más, menos con sus familias. Reciben muy malos tratos, y las que no se disciplinan lo pasan aun peor. Los traficantes de personas dominan por el terror.

Abuso de situación

Son mujeres altamente vulnerables, y los explotadores impiden que establezcan vínculos afectivos que les permitan en un futuro liberarse. Por eso las cambian de lugar con frecuencia, de un punto a otro del país.

Hay personas mayores de edad, y también niñas, divididas a su vez en diferentes categorías, según su atractivo físico o su resistencia al maltrato.

Parece ficción, pero no lo es. Un juez de primera instancia, Rodolfo Pradas, del Juzgado Federal nº 3, determinó que Graciela Del Valle Carabajal y su hijo Cristian Jesús Nazar debían permanecer en prisión preventiva mientras estuvieran procesados, y que sería con la modalidad de arresto domiciliario. Bajo responsabilidad de los nombrados funciona un sitio llamado "Casita azul", donde diferentes mujeres ejercen la prostitución, residen en condiciones de hacinamiento y padecen un régimen de vigilancia estricto.

El defensor de ambos, Horacio Mariano Ayesa, recurrió al tribunal de apelación recriminando la decisión y también los montos establecidos para la responsabilidad civil, pero los jueces de la Cámara Federal, Alejandro Tazza y Jorge Ferro, dieron por acreditado que hay elementos para decir que se trata de una organización ilegal que se ha dedicado al delito de la trata de blancas, ya que una cantidad importante de mujeres de nacionalidad paraguaya y dominicana se encontraban en cautiverio, en ese local de calle XX de Septiembre, entre Río Negro y Santa Cruz, con la finalidad de que fueran explotadas a través de la prostitución. No considera este tribunal una diferenciación entre aquéllas que sabían qué tipo de actividad ejercerían en la Argentina y las que no, pues en ambos casos las condiciones de vulnerabilidad de tales personas las convierten en víctimas de quien ofrece la actividad ilegal como salida de la situación presente.

La red

Los diversos testimonios han demostrado que Cristian Nazar se encontraba al frente del negocio; él controlaba a las mujeres y les quitaba un 60% de lo recaudado bajo el rótulo de "gastos" y seguridad. Graciela Carabajal, su madre, era la titular del local. Apareció mencionado en la causa otro hombre de nombre Luciano, quien a partir de las escuchas telefónicas que se presentan como prueba, se supone sería quien cumplía las funciones de captador.

Todo parece indicar que, por primera vez, el Poder Judicial se pondrá pantalones largos y se hará cargo de llevar a proceso a los culpables de "la trata" en la ciudad. Al menos, da a pensar tal cosa el decisorio emanado de la Cámara, que establece, entre otros puntos, lo siguiente: "(…) sucede entonces que el cuadro probatorio obrante en autos nos crea un estado de certidumbre respecto a la materialidad delictiva, y de la participación de los imputados en el delito que se les enrostra".

Se sabe que los pactos de silencio en torno de estas actividades parecen ser infranqueables. Pero a veces ni hace falta: a nadie escapa que el diario La Capital publica de continuo una oferta sexual exhaustiva en la cual se especifica la condición de inmigrantes de ciertas mujeres, e incluso la virtud de de ser menores sin la experiencia de otras, que serán entregadas al mejor postor. Por lo tanto, lo más factible es que no haya más que preguntar quién ha firmado el recibo de pago de un aviso de esta calaña.

Esta vez el proceso sigue adelante y con las primeras condenas quizá haya un modo de que las casitas de todos los colores -que son una cadena alrededor de la ciudad- soporten un modo de control. Las actividades delictivas vinculadas a la esclavitud humana parecen haber nadado en océanos de impunidad. Al menos hasta aquí.

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