Casi 28 millones de argentinos definen el futuro.

Los comicios se transformaron en un virtual plebiscito del modelo K. Néstor juega todo su capital político en la provincia de Buenos Aires. Su derrota abriría una nueva etapa.
Néstor Kirchner tuvo razón al asignar una importancia mayúscula a las elecciones de mitad de mandato y empezó a perderla cuando les adjudicó ribetes dramáticos. También tuvo razón al sostener que se jugaba la gobernabilidad. Toda derrota en esas circunstancias supone un conflicto: le ocurrió a Raúl Alfonsín en 1987, a Carlos Menem en 1997 y a Fernando De La Rúa en 2001. Los dos presidentes radicales debieron abandonar su cargo antes del fin del mandato. Sólo Menem, pese al enorme descrédito en que había caído su figura, logró conducir el barco hasta la orilla. Eso sí, en medio de una recesión histórica y cifras de desocupación desconocidas hasta entonces en Argentina. Lo que el riojano no pudo evitar fue que, ante ese escenario, por primera vez las urnas castigaran al peronismo gobernante entregando la sucesión a un partido opositor. Kirchner conoce bien esos antecedentes y tal vez de ahí la impronta plebiscitaria que impuso a su campaña. Pero en tren de preservar intacta la discrecionalidad de sus decisiones y con la tensión como estrategia, lo que el santacruceño acabó poniendo en riesgo no fue la gobernabilidad sino su propia estabilidad. O, si se prefiere, la de su esposa. Si Kirchner perdiera hoy esa elevadísima apuesta, a Cristina Fernández no le faltarían dos años para llegar al 2011, le faltarían dos siglos.

El eventual triunfo en el distrito donde se ha decidido a competir alcanzaría para darle al presidente del PJ el oxígeno que necesita para ahuyentar el fantasma de un destino radical. Con eso deberá conformarse puesto que un resultado favorable en la provincia tampoco deberá computarse como un trampolín para las próximas presidenciales. Aunque su jefe salve la ropa, el kirchnerismo, el proyecto que desde 2005 planea la alternancia endogámica, se ha esfumado: ni él ni Cristina Fernández se perfilan entre los postulantes del 2011. Por eso el hombre fuerte de la política acaricia la idea de pelear la gobernación y dejarle a Daniel Scioli la carrera hacia Barcarce 50, una opción que no convence al ex motonauta y mucho menos a los caciques del conurbano. Fuertemente condicionado por la estrepitosa caída de su imagen, Kirchner se vio en la obligación de dejar en el camino una tradición partidaria: la que dice que al justicialismo de la Capital Federal siempre lo representa un hombre de su riñón. Y puso en riesgo otra: la de que el justicialismo siempre gobierna con mayoría en el Senado. La retuvo desde 1943 a 1955; de 1973 a 1976 y de 1983 a 2009. Nadie puede asegurar cómo quedará el tablero después del lunes, ni cuántos se disciplinarán a las órdenes que lleguen desde Olivos.

Las fuerzas de oposición afrontan el desafío de demostrar que las coaliciones construidas ad hoc tienen una base más sólida que el mero acuerdo electoral. No será sencillo, a la luz de las graves y públicas desavenencias que surgieron a lo largo de tres meses de campaña, tanto en el interior del peronismo disidente como en el del llamado panradicalismo. También deberán dejar constancias de la seriedad del "acuerdo republicano" del que suelen hablar cuando se apaga la vocinglería de los discursos. Tres delegados discuten un programa mínimo que incluiría la derogación de los superpoderes, la creación de una comisión investigadora de la ANSES y la elaboración de una nueva ley de coparticipación federal. No se dice en voz alta, pero se analiza que toda ley aprobada por la mayoría oficial de aquí al 10 de diciembre podrá ser derogada tras la asunción de los nuevos parlamentarios.

Más allá de su desempeño y del lugar que ocupe en el ranking electoral, el Acuerdo Cívico y Social puede ufanarse de haber logrado conformar una fuerza no peronista a nivel nacional. El peronismo, por su lado, buscará una reunificación, sin presencias patagónicas. A esa tarea se abocará Eduardo Duhalde, tras su regreso el 3 de julio. Saben que una mala performance de Carlos Reutemann no será un certificado de defunción para sus aspiraciones presidenciales, pero deberá convalidarlas en elecciones internas. El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, quizá deba dejar para mejor oportunidad su deseo de escoltarlo. Los peronistas son tajantes en ese punto: no hay fórmula viable sin el nombre de un bonaerense. Y en previsión de que el PJ no esté en condiciones de consagrar una figura congregante, uno de sus cuadros, otrora poderoso ministro, ha comenzado a pensar en el mendocino Julio Cobos como alternativa.

OPINIÓN

Tres escenarios para el kirchnerismo

Sergio Berenstein (Socio de Poliarquía Consultores)

Hoy se pone el juego el futuro del liderazgo de Néstor Kirchner en función de lo que decidan los electores en la provincia de Buenos Aires. Existen tres desenlaces posibles: que el kirchnerismo se recomponga y prolongue su proyecto político, que continúe Kirchner solo o que se termine el ciclo K. Una victoria contundente lo pondría en el primer escenario. Una victoria ajustada implicaría el segundo. Y el tercero sería producto de una derrota, aun por un margen estrecho.

También se ponen en juego una serie de liderazgos a nivel nacional. La elección cobrará particular importancia en Santa Fe, donde se enfrentan Hermes Binner y Carlos Reutemann, dos potenciales candidatos presidenciales. Algo parecido ocurre en Mendoza, donde Julio Cobos hizo su apuesta más fuerte. Y, en menor medida, en la Ciudad de Buenos Aires, desde donde Mauricio Macri pretende proyectarse para el 2011. Ahí el triunfo del PRO se descuenta. La elección representa un fuerte desafío para la oposición no peronista, en particular para el Acuerdo Cívico y Social. Si se confirman todos los sondeos previos, necesitarán una profunda autocrítica. Estamos ante las puertas de un nuevo balance de poder. El resultado será una redefinición de los liderazgos y una oportunidad para volver a debatir cuestiones fundamentales del alicaído diseño político-institucional del país.

Prepresidenciales inciertas

Rosendo Fraga (Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría)

Como elecciones parlamentarias, las del hoy, están definidas. Sabemos que el oficialismo quedará con aproximadamente 4 bancas menos en el Senado, poniendo en riesgo su mayoría y que en diputados perderá aproximadamente 17, perdiéndola.

Pero como prepresidenciales, estas elecciones son inciertas.

En la provincia de Buenos Aires, el resultado sigue siendo incierto, en cuanto a quién queda primero en votos y porcentaje, aunque el oficialismo tendrá un fuerte retroceso. Si De Narváez gana por un voto, le queda abierto el camino para ser el próximo gobernador de la provincia, mientras que Kirchner sufrirá una grave derrota política y Daniel Scioli verá limitadas sus posibilidades presidenciales.

Las elecciones de Mendoza, Santa Fe y Capital también influyen sobre candidaturas presidenciales. Julio Cobos tendrá un triunfo claro en su provincia, donde puede superar los 10 puntos de ventaja y ello reforzará sus posibilidades de ser candidato en 2011. En Santa Fe, una derrota de Carlos Reutemann, hace difícil su candidatura presidencial, pero una victoria, aunque sea por un voto, potenciará rápidamente su proyección. Ello no saca de carrera a Hermes Binner, ya que podría darse que el Partido Socialista gane al mismo tiempo para diputados nacionales y, además, lo hará en agosto, cuando se realicen las elecciones municipales en esta provincia. En la Capital, el triunfo de Gabriela Michetti deja abierta la posibilidad de una candidatura de Macri, mientras que una mala elección del Acuerdo Cívico y Social, que ha pasado a competir por el segundo lugar con Pino Solanas, perjudica la eventual candidatura de Elisa Carrió. Un triunfo simultáneo de Reutemann y Kirchner no impedirá que el peronismo gire hacia el primero. Pero una derrota de ambos abre el paso dentro del PJ a candidaturas de gobernadores de provincias más chicas como pueden ser los de Chubut (Das Neves) y Gioja (San Juan).

El Gobierno pierde en forma indiscutible la elección parlamentaria, pero si gana por un voto la provincia de Buenos Aires, obtiene una esperanza como prepresidencial.

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