Casi ángeles.

HURACAN 3 - GODOY CRUZ 2: El equipo de Cappa fue exquisito en ataque, como para supergolear y soñar con la punta. Le falta solidez atrás, pero la idea ofensiva es hermana del Huracán del 73.
Juegan a jugar, a juguetear también como angelitos, jugados por una propuesta revivida como a contramano del fútbol-físico por un perseguidor de aparentes utopías, como lo es Angel Cappa. Porque su Huracán da claras señales de que se puede ganar, potencialmente golear, dominar con finos rasgos estéticos y audaces en su tendido ofensivo. Una propuesta que estaba como en hibernación. Es, simple y bellamente, el fútbol-juego. "La nuestra".

En el caso de este Huracán, su acento preponderantemente ofensivo lo desguarnece atrás. Pasa un poco porque sin pelota no se sincronizan con eficiencia los relevos. O directamente porque sus mejores jugadores están del medio hacia adelante. Patente en Huracán: Pastore, Defederico, Bolatti. Como aquel inolvidable Globo del 73, con inspiración, armonía, tremendo peso ofensivo, aunque el 9, Avallay, se asociaba más que Nieto en la corta. Y en defensa era más infranqueable. Pero los hermana la misma idea rectora.

En el partido de ayer, de golpe, tanto derroche de gol posible sembró cierto escozor en las tribunas amigas. De una manera u otra, llegó 18 veces a esas instancias contra 7 del rival. Referencias que grafican el partidazo entre dos que trataron de estar en la misma longitud de onda, dentro de un reino de pelota al pie.

También el 3-2 apretado para el ganador remite a cierto desbalanceo que se daba en equipos emblemáticos como La Máquina de River (años 40), entre muchísimos ejemplos.

Godoy Cruz trató de ser un equipo corto, de entrada, para no dejar tanto espacios entre líneas. Igual fue rebasado en velocidad y por la convicción con que pasó Huracán la media cancha. Bolatti distribuía, con Pastore del centro hacia la derecha por tres cuartos, y Defederico en la otra mitad. Nieto fue importante con sus movimientos dentro del área para devolver mejor de lo pensado algunos pases al vacío. El toque, a veces requería tejer varios toqueteos, se prestigiaba con las sutilezas y exquisitas asistencias de Pastore, y también contaba con las proyecciones -más espaciadas- de Toranzo y César González.

El Globo llegaba con cinco o seis. La supergoleada se esfumó porque el tiro final se topaba con el urgente achique de Ibañez o en disparos disparatados. Como dos veces sucedió con Defederico, aunque se redimió con una joyita en el 3-1 parcial. Godoy Cruz se arrimó con uno menos (habilísimo Encina, pero con un temperamento que es un gol en contra) porque no resignó su rol decoroso en un contrapunto de fútbol diáfano.

Esto redondea un Huracán que es un fenómeno al atacar, y no tanto al defender. Así, en formación aún, lo justifica como candidato a lo mejor, en admiración por su juego y por colocación en las posiciones.

Mientras tanto, ayer, una sensación placentera sobrevoló en el Palacio Ducó. Era como un teatro al aire libre, con un público que aplaudía la representación de una obra de arte.

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