Casella: "Kirchner no sólo tiene un arma en la mano, el peligro es que quiere tirar"

¿Qué será de la vida de Juan Manuel Casella? El interrogante aparece cada vez que el funcionario alfonsinista aparece en los documentales que repasan la década del 80. Casella milita en Avellaneda (territorio peronista si los hay) y llegó a Rosario para apoyar la Fundación Alem que preside René Bonetto.
En una extensa entrevista con La Capital, el postulante a vicepresidente de Eduardo Angeloz sentencia sobre el gobierno: "A Kirchner no sólo le queda poder de fuego para hacer daño, sino que tiene la voluntad de hacer daño. No se trata solamente de que tiene un arma en la mano, se trata de que quiere dispararla".

   —Le tocó a usted disputar con Antonio Cafiero las elecciones legislativas de primer mandato que avizoraron el triunfo del peronismo, que lo derrotó. ¿Es lo que sucederá con el kirchnerismo, perdidoso el 28 de junio?

   —Las elecciones del 28 de junio se diferencian con otras de mitad de mandato, porque muestran la declinación definitiva desde el punto de vista electoral del kirchnerismo. La diferencia es que esta elección no señala quién es el destinatario del poder en el futuro. En el 87 mi derrota señaló que el peronismo iba a ocupar el poder, y así fue. En el 97 pasó lo mismo con la Alianza. Acá el kirchnerismo carece de futuro, pero no parece claro quién lo heredará.

   —Usted desea que gane el Acuerdo Cívico, pero se recuerda a la Alianza y otros creen que el que vuelve es el radicalismo, al que se adjudica capacidad para gobernar.

   —Desde el punto de vista técnico el Acuerdo Cívico es una alianza, y ahí se rememora a la Alianza gobernante, con los efectos que tuvo. La diferencia es que el Acuerdo tiene más compatibilidad ideológica interna que la Alianza, que fue el fruto de sectores que emigraron del peronismo, como el Frepaso, y la UCR. Ahora hay compatibilidad. Carrió y Stolbizer tienen pasado radical y la relación con el socialismo es natural.

   —No lo nombró a Cobos...

   —No. Cobos es un personaje particular de la política. Está en una situación ambigua, porque si bien el radicalismo le levantó la sanción que le impuso cuando se fue al Frente para la Victoria, él no declaró su intención de regresar al partido. Cobos es un candidato que se apoya en su propia personalidad.

   —La oposición ganó el 28 de junio pero parece no estar cumpliendo el mandato de la sociedad. ¿No hace falta un "mea culpa"?

   —La sociedad argentina considera que el radicalismo tiene poca capacidad para gobernar, pero esas mismas encuestas consideran que el peronismo tiene capacidad de impedir que los demás partidos gobiernen. Hay que vincular las dos cosas. Cuando el radicalismo ganó, eso quedó comprobado. Ahora, el radicalismo tiene gobernadores, intendentes, presidentes de comuna que saben gobernar.

    —¿Pero no muestran cierto candor al aceptar ir al diálogo con el gobierno, es decir con Randazzo, y finalmente el kirchnerismo no concede nada?

   —No es candor, es coherencia. La oposición institucionalista reclamó el diálogo, criticamos a Kirchner y a su señora por no consultar a nadie. Si lo dijimos 70 veces, cuando nos invitan tenemos que ir.

   —Pero no los recibió la presidenta...

   —La presidenta convoca desde el punto de vista formal y el ministro del Interior es el encargado de las cuestiones políticas. Y si nos recibía la presidenta no hubiera cambiado nada. Quedó demostrado sí que el diálogo era una forma que puso el gobierno para ganar tiempo. La que dijo que no iba a dialogar fue Lilita, quien tiene una visión confrontativa de la política.

   —Kirchner perdió las elecciones, pero tiene poder de fuego para hacer daño.

   No tenga dudas, no sólo le queda poder de fuego para hacer daño, sino que tiene la voluntad de hacer daño. No se trata solamente de que tiene un arma en la mano, se trata de que quiere dispararla. Por eso es riesgosa la permanencia de Kirchner en el poder. La señora de Kirchner debe llegar al fin de su mandato. Tiene que hacerse cargo del ajuste que no hizo mientras había viento de cola. Somos sostenedores del orden constitucional, pero no cómplices. Pero no ignoramos la capacidad de daño de Kirchner, quien carga con un fuerte resentimiento cuyo origen habrá que determinar en su infancia, juventud, en su época de claudicaciones cuando fue estudiante en La Plata y que proyecta ahora en el gobierno. Hay que buscar que haga el menor daño posible.

   —Usted es de Avellaneda y puede hacer una reseña de la importancia que tienen para el peronismo los "barones" del conurbano.

   —Sí, tengo autoridad para hacerla porque milito en Avellaneda, donde tenemos el antecedente de Alberto Barceló, quien gobernó durante 40 años. El poder de Barceló funcionaba con un paternalismo dativo, financiado por el juego y la prostitución. Ahora, en el conurbano hay 20 Barceló, y el modelo es igual, basado en la explotación de la pobreza. La pobreza es un instrumento de consolidación del poder, por medio de planes del Estado y de la droga, un cóctel muy explosivo de administrar. El peronismo nació para ser el partido de la justicia social y ahora es el partido clientelar. En lugar de combatir la pobreza, la promueve para supervivir en el Estado.

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