La Casa Rosada se ilusiona con el desgaste de la estrategia ruralista

La Casa Rosada se ilusiona con el desgaste de la estrategia ruralista
No prevé nuevas rondas de negociación; sólo prepara un convenio sobre exportaciones de granos
El gobierno de Cristina Kirchner no tiene previsto por ahora recibir el final del paro agropecuario con grandes ofertas al campo para solucionar el conflicto rural. El único ofrecimiento que está en carpeta es la firma de un convenio de exportaciones de trigo y maíz, entre la Casa Rosada, los productores y los exportadores, que se venía negociando antes de la medida de fuerza.

El acuerdo dispone que los exportadores se comprometerán a garantizar el abastecimiento de granos en el mercado interno, hasta la misma cantidad que hubieran exportado, con el poder de fijar precios.

"Esa es la única oferta que se les hará en los días posteriores al paro", comentó a LA NACION una alta fuente gubernamental. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, intentará avanzar en ese acuerdo.

"No se quiso ofrecer antes para que no nos acusaran de buscar romper el paro. Pero la semana que viene habrá novedades y algunos llamados", señaló un funcionario del área.

La voluntad política de la Presidenta y del ex presidente Néstor Kirchner no es por ahora analizar rebajas en las retenciones a las exportaciones de maíz, lo que les permitiría a los productores comenzar a sembrar.

Menos aún se prevé en Olivos rebajar los derechos de exportación en trigo y en soja, como pide el campo. Tampoco los ministros, ni el de Economía, Amado Boudou, ni la de la Producción, Débora Giorgi, tienen instrucciones de armar un plan para destrabar el conflicto.

La Comisión de Enlace de entidades agropecuarias, en estas condiciones, no vislumbra la salida al conflicto. "Ese convenio es un abuso de los exportadores", aseguró a LA NACION uno de los principales integrantes. El campo se opone al acuerdo que ofrecerá Aníbal Fernández. Dicen que sólo beneficiará a los exportadores. Consultado por LA NACION, el presidente de CRA, Mario Llambías, fue cauto, pero mostró su rechazo. "Miramos ese convenio con desconfianza; el negocio queda en pocas manos. Y no sabemos si llega ni para incentivar la siembra ni si garantiza el precio al productor", dijo.

Pese a que en público se lamentó por la imposibilidad de que el campo sintonice con las políticas oficiales, Kirchner observó el paro con cierto optimismo. En la disputa política, el líder de Olivos presiente que la medida de fuerza desgasta más a los productores que al Gobierno.

Incluso, para no darle entidad, ordenó que ningún funcionario denostara al sector rural. "No se quería caer en provocaciones, para no aumentar la tensión", explican en Balcarce 50.

Según quienes conocen a Kirchner, el único escenario que le preocupa al ex presidente es la proliferación de protestas en calles y plazas del interior y grandes centros urbanos. Las marchas y los cacerolazos masivos son temidos por el líder peronista. No lo asustan, en cambio, los cortes de rutas. Un alto funcionario se frotaba ayer las manos ante la posibilidad de que ruralistas cortaran hoy la ruta 9, antes del partido de la Argentina y Brasil en Rosario. El campo le daría un buen pretexto al Gobierno para desacreditar su protesta.

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