La casa roja

Noche de emociones en Avellaneda con la inauguración del estadio y el triunfo por 3-2 ante Colón.
Paradójico pero real: con detalles de terminación aún en veremos, con olorcito a pintura fresca y recién construida, a las 21.43 en punto la nueva Casa Roja parecía venirse abajo. De gente, de color, de ilusión. Por la reinvención de la historia, de la gran historia, de la gloriosa historia de Independiente. Porque, encabezados por el capitán Matheu, salieron por el túnel los 11 que --ganaran o perdieran-- quedarían en la memoria. Encima, le ganaron a Colón, no 7-1 como en el Apertura 2002. Pero le ganaron 3-2 y lo dejaron sin la punta...

El "somos locales otra vez" sonó una, diez, mil veces en la noche del 28 de octubre de 2009. Una noche mágica. Distinta. Emotiva. La noche en que el Club Atlético Independiente volvió por fin a su casa. Renovada, reinaugurada casa. Espléndida, aunque no por donde se la mirara: reabrir sus puertas a las apuradas y en un mundo de ansiedades mostró cosas sin terminar. Pero no hubo quejas, ni lamentos, ni nada: si hubo desprolijidades, se las tapó con las buenas voluntades de todos.

El "Libertadores de América" no funcionó a pleno ya que hubo sectores inhabilitados. Se esperaba la presencia de 25 mil hinchas, pero fueron casi 30 mil los que se ubicaron donde, algún día no muy lejano, entrarán 46 mil.

Y esos 30 mil se vistieron de rojo, con sus religiosamente obligatorias camisetas. Y esas fueron las almas que colaboraron para que la noche fuera casi perfecta. Porque fueron, cantaron, alentaron, vibraron y, sobre todo, acompañaron. Fueron varias las generaciones que coincidieron para ver al Independiente del Tolo Gallego contra Colón de Santa Fe. Y que aplaudieron a la murga. Y que entonaron el himno de "Soooy del rojo". Y que dejaron caer barranca abajo alguna lágrima cuando el plantel salió con los trofeos que derivaron en el merecido mote de Rey de Copas. Y que lloraron al ver en cancha a glorias como Pavoni, Ferreiro, Santoro o Islas. Y que admiraron en las tribunas a otras como Perico Pérez, Garnero o Rotchen.

Esas almas fueron las que alentaron a Matheu y se rieron de Matthäus. "El alemán no viene; traigan a Zulma Lobato", decía una bandera pro-riámonos de Racing. A propósito, no hubo rastros de la canallada que algunos desubicados hicieron arrojando pintura celeste y blanca sobre la inmensidad roja del nuevo estadio...

La fiesta, entonces, valió la pena. Luego de dos años y casi once meses de peregrinar por canchas como las de Racing, Quilmes, Huracán y Lanús, llegó la hora de estar otra vez en el Hogar dulce hogar. Hogar, dicho está, aún imperfecto. Hubo algún corte de luz en ciertas cabinas, hubo piedrazos de los de Colón hacia la bandeja de abajo.

Detalles, apenas. Pero, claro, quién le quita lo inaugurado a Independiente... Quien no se emocionó al ver esas Gargantas del diablo al estilo de las torres que tiene en los costados el mítico Old Trafford. ¿Cuántas de esas caras que figuraban en las camisetas especialmente diseñadas para el estreno habrán estado anoche bajo la luna de Avellaneda? La mayoría, seguramente...

Aquí, en este suelo donde alguna vez pisaron Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona, ya dejaron su huella goleadora Andrés Silvera e Ignacio Piatti. Quién otro dentro de este plantel mejor que el Cuqui para hacerse acreedor del premio al primer gol de la nueva era... La Casa Roja todavía no está en orden, pero va queriendo... Y ya suenan los primeros Ole, ole, ole.

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