Casa quiere

La construcción de viviendas para los sectores más carenciados sigue siendo un negocio turbio para muchos. Las casas nunca terminan siendo las debidas ni en los tiempos estimados. Falta plata por todos lados y el caso termina en nada. Pero la cuestión es: ¿a quién le entrega el Estado la plata en mano? ¿Por qué se la entrega?
En los momentos en que los ciudadanos se preguntaban cuáles eran las verdaderas razones que detuvieron la construcción de la Estación Ferroautomotora -que se había anunciado con bombos y platillos, y según las autoridades estaría lista para ayer nomás-, las respuestas se escabullían.

Tuvo que pasar bastante tiempo para que una de las razones de la traba se difundiera en la prensa: las familias indigentes que viven actualmente en vagones abandonados son más de cincuenta. Y no hubo hasta ahora una decisión política difundida que clarificara cuál sería su destino una vez que la estación estuviera en construcción.

Las novedades comenzaron en septiembre, cuando la ministra Cristina Álvarez Rodríguez entregó personalmente un cheque por $1.800.000 como anticipo, para reiniciar las obras del barrio UCIP: un complejo habitacional cuya construcción había estado paralizada durante cinco años, donde aquellas familias serían localizadas. Los receptores del cheque fueron el intendente Gustavo Pulti más los representantes de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción, es decir UCIP.

Se trata de un predio ubicado sobre la avenida Constitución, y prevé a su término 144 viviendas, de las cuales 50 serían destinadas a las familias desalojadas de la estación de trenes. Las demás paliarán la necesidad de vivienda de muchos sectores de esta ciudad, según lo había consignado recientemente la mencionada titular de la cartera de Infraestructura. Se dijo además que el convenio pertinente sería suscripto por la Nación, la Provincia y el municipio de General Pueyrredon.

Pero cualquiera sabe que el tema no es nuevo, y que cada vez que se habla de construir para los sectores más carenciados y recibir dinero del erario público, se tiende a desconfiar, o más aun a examinar todos los nombres que aparecen en la propuesta para hurgar luego en la red y certificar en qué otra situación similar se encontraron antes. En la mayoría de los casos, los documentos en que aparecen nombrados los constructores tienen membrete judicial, porque no han sido demasiados los casos en que los administradores, consignatarios, constructores e intermediarios construyeron lo que habían dicho, con los materiales que habían prometido, ni las destinaron a los fines que se había previsto. Más bien, lo contrario.

Siempre lo mismo

Fuentes allegadas a este semanario han afirmado que la empresa encargada de realizar la construcción sería la que figura a nombre de Acosta Jorge Jesús, un monotributista registrado en AFIP como autónomo, y que como tal no podría facturar más de $25.000. Nadie termina de comprender cómo podría entonces hacerse cargo de la construcción de las 144 viviendas.

Jorge Acosta declara un domicilio en la calle 220 del Barrio Belgrano, uno de los sectores más humildes de la ciudad, por lo cual no suena del todo verosímil que realmente pueda tratarse de un inversionista, sino más bien de un nombre prestado para la realización de un negocio.

Pero Acosta tampoco es nuevo. Fue otrora el presidente de la Cooperativa Tehuelche, que construyó la Base Szpyrnal para OSSE durante la gestión del intendente Elio Aprile, y fue contratista en el plan del Emisario Submarino. Hoy se comenta que la operación contaría también con la mano en el hombro del contador Raúl Lamacchia, que habría permitido contar con el dinero de la provincia.

Acosta es una cara conocida para algunos, ya que intervino en la UOCRA -Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina- cuando se presentó como candidato en la oposición a los hermanos Trujillo, en una lista que intervino en las elecciones de 1985, es decir que se disputó con ellos el monopolio de un poder temible.

Como se sabe, los hermanos Jorge y César Trujillo son figuras mediáticas que han estado siempre con el gobierno de turno, y una y mil veces han establecido nuevos vínculos sobre las enemistades anteriores, de manera tal que no están lejos de ningún negocio complicado de papeles que se realice en esta ciudad en relación con la construcción.

Recientemente, el fiscal Juan Facundo Gómez Urso presentó la requisitoria para enviarlos a juicio oral y público en virtud de que, como autoridades gremiales, participaron sin ninguna autorización de la construcción de un plan habitacional que surgió de un acuerdo con el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires, en del marco del programa Solidaridad. Los cargos son defraudación por administración fraudulenta, falsificación de documento público y uso de documento público de forma continuada.

Se trató de construir un barrio para la UOCRA en la ciudad de Miramar entre los años 1993 y 1998. La defraudación incluyó una cifra importante, porque los responsables recibieron por parte del Estado la suma de $677.342, cuando en realidad invirtieron $196.787. La diferencia entre un número y otro se llama lucro indebido.

Para colmo de males, entregaron las viviendas sin terminar, con un final de obra trucho que firmaron los arquitectos que forman parte de la misma banda, e incluían materiales de menor calidad a los presupuestados.

Las casas no fueron construidas con mano de obra específica, ni horas extras pagadas a los obreros, por más que se supone que el emprendimiento pertenece al gremio que defiende las condiciones de trabajo, y la valorización de las especializaciones. Pero como la institución está presidida por ellos, no hay quien se ocupe -por ejemplo- de la seguridad en el trabajo. A la vista está que esta semana se accidentaron en la ciudad siete albañiles, pues no hay en esta tarea ninguna prevención de accidentes casi siempre fatales. Porque el personal gremial está ocupado haciendo plata en beneficio propio con la chapa del sindicato.

Reciclar

El lector se preguntará cómo es posible. ¿Cómo hace alguna gente para estar metido en el barro más hediondo hasta las axilas y aparecer meses más tarde como merecedor de que el Estado le dé voto de confianza, y le ponga un cheque en la mano para habilitarlo a construir viviendas para los necesitados? ¿Cómo? Nadie que trabaje puede reciclarse con esa velocidad, ni siquiera después de una quiebra legalmente sostenida y pagada hasta el último centavo.

Pues bien, la respuesta es la estrategia. Jorge Trujillo -que fue la cara visible de esta estafa- se hace ver permanentemente junto a Florencio Aldrey Iglesias, dueño del monopolio de la ciudad. Es quien levanta o baja el pulgar cuando decide sobre el futuro de la gente, y a veces también sobre cuál será, desde ese momento, su diáfano pasado. Para colmo de males, su diario publicó este sábado la foto de Trujillo junto al intendente Gustavo Pulti, de manera tal de enviar un claro mensaje al juez de garantías que a estas horas debe decidir la elevación a juicio oral y público de una causa que, se cae de maduro, nada en documentación escrita y fehaciente.

Así se recicla la gente. De la misma manera que el tal Jorge Acosta, el pseudo indigente que hoy aparece de la nada recibiendo el dinero para construir el barrio de la UCIP, es merecedor de semejante confianza, de una confianza de casi dos millones, después de que ya estuvo implicado en borrones tremendos por los problemas que generó en la construcción su cooperativa anterior.

El lector se preguntará cómo hizo. O cómo hacen ellos. Porque él no ha podido conseguir un crédito de 50.000 dólares para hacerse una casita, porque el banco dice que los recibos de sueldo no le dan, que tiene poca antigüedad en el cargo que detenta, o peor aun, que su demora en pagar las tarjetas durante el 2002 le han generado una mancha en los registros del Banco Central que harán que nadie le preste ni la correa del perro.

Por eso el lector se pregunta una y otra vez cómo es que hacen, no ya para que el Estado confíe en ellos y les preste, sino para seguir siendo los contratistas del Estado, exentos de toda mácula, confiables constructores de niditos de amor para los que saldrán de la miseria. Simple y sencillo: se sacan fotos junto al intendente y barren el piso de algún poderoso innombrable. Si quiere pasar, saque número.

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