La casa del patriarca siniestro

Por: Ricardo Roa

El incesto es el mayor de los pecados. Un tabú presente, aunque de distintas formas, en todas las culturas. Por eso horroriza cuando se lo quiebra.

"Que me perdonen. Me arrepiento, no quiero vivir más", le dijo a los periodistas Armando Lucero. Está acusado en Mendoza de haber violado durante más de 20 años a una de sus hijas y de tener con ella siete hijos/nietos. Se negó a declarar ante el juez y fue llevado a una cárcel de máxima seguridad.

La denuncia la había hecho el mayor de los hijos de su actual matrimonio. La verdad estuvo oculta durante mucho tiempo. Y cuesta entender el por qué. Hay un montón de cabos sueltos y el larguísimo silencio es uno de ellos.

Se sabe ahora lo que declararon su mujer y la hija presuntamente violada. Una, que sospechaba lo que estaba haciendo su marido y que por eso quiso echarlo de la casa. Y la otra que de chica su padre mandaba a sus hermanos a la calle para violarla. Y que de grande -hoy tiene 35 años- la celaba con otros hombres.

La chica sufre cierta discapacidad mental, tuvo siete hijos y ninguna pareja. Y la madre es nada menos que oficial de Justicia. Sospechaba de su propio marido y sin embargo no hizo nada.

Desde 2002 hubo denuncias anónimas por maltratatos en la familia. La Justicia envió cinco inspecciones a la casa: ninguna pudo ingresar. Y a todas les negaron que existieran problemas. Pudo haber negligencia judicial pero los delitos privados necesitan ser denunciados.

Los Lucero vivían hacia afuera como gente normal. Todos tenemos nuestros secretos. Guardamos un esqueleto en el placard. Pero ¿cómo pudo convivir y sobrevivir esta familia con un horror semejante y un patriarca siniestro?

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