La Casa Blanca toma más distancia de Zelaya

Se resiste a calificar como un golpe lo ocurrido en Honduras
WASHINGTON.- Crece la impresión de que el gobierno de los Estados Unidos comienza a tomar distancia de su categórico respaldo inicial al retorno de Manuel Zelaya a la presidencia de Honduras.

El giro incluye una llamativa reticencia a calificar lo ocurrido el 28 de junio pasado como un "golpe de Estado". En cambio, el Departamento de Estado sí atribuye parte de la responsabilidad "en lo sucedido" al propio Zelaya, por su "provocativa conducta" en el intento de reformar la Constitución hondureña para prolongar su estadía en el poder.

Tal cambio en la posición parece complicar aún más la todavía incierta confirmación del chileno Arturo Valenzuela como el elegido del presidente Barack Obama para el estratégico cargo de secretario asistente para América latina, en reemplazo del saliente Thomas Shannon.

En efecto, semanas atrás, en su audiencia de confirmación, Valenzuela calificó lo ocurrido en Tegucigalpa como "un golpe de Estado clásico" de los que ocurren en América latina, afirmación que fue muy discutida por senadores republicanos.

"Me parece que no es así, me parece que el señor Zelaya fue removido de la presidencia por una orden constitucional", terció, en aquella ocasión, el senador republicano Jim DeMint.

Valenzuela se abstuvo de seguir la discusión. "La verdad es que no estoy familiarizado con los detalles de lo ocurrido", se excusó el reconocido profesor, de origen chileno.

A partir de entonces, DeMint viene bloqueando la confirmación de Valenzuela como secretario para la región, en lo que constituyó el primer paso de una ofensiva republicana para que el gobierno de Obama revisara su categórico respaldo inicial al retorno de Zelaya al poder.

Al cierre de esta edición, Valenzuela seguía sin ser ratificado. Pero, consultados por LA NACION, voceros del Departamento de Estado insistieron en que el trámite se concretará en breve. "Confiamos en que no habrá problemas", dijo uno de los voceros de Hillary Clinton.

Mientras crecía la incertidumbre, se conocía aquí la citada nota privada en la que el Departamento de Estado expresa su más clara toma de distancia al apoyo inicial dado al retorno de Zelaya.

"Nuestra política no respalda a ningún político en especial" en la crisis de Honduras, dice la nota. El mismo texto cuestiona las "acciones provocativas" del depuesto Zelaya, acciones que, expresa la carta, "abrieron paso a los sucesos del 28 de junio".

Aclara luego que el gobierno sólo ha suspendido algunas acciones de ayuda a Honduras "a la espera" de que se aclare legalmente si corresponde el castigo que su normativa reserva para "un golpe de Estado".

Tales conceptos están expresados en una nota que el Departamento de Estado giró al senador republicano Richard Lugar, quien, al igual que DeMint, demandó precisiones sobre lo que el gobierno está haciendo frente al caso de Honduras.

Apenas Zelaya fue depuesto, Obama respaldó su retorno al poder.

Pero, casi al mismo tiempo, se desataron dudas entre los republicanos, que se mostraron convencidos de que lo ocurrido no constituía un golpe de Estado tradicional y persuadidos de que el propio Zelaya tenía responsabilidad en lo ocurrido. Con esa postura pareció coincidir ayer el Departamento de Estado.

Retorno complicado

"La verdad es que el paso del tiempo conspira contra un retorno de Zelaya al poder", dijeron aquí analistas consultados por LA NACION.

"El presidente depuesto se está convirtiendo en un enorme sombrero que camina sin rumbo cierto", fue otra de las figuras escuchadas.

Fuentes diplomáticas locales barajaban, en tanto, la posibilidad de que se apelara al actual secretario Iberoamericano, Enrique Iglesias, para colaborar en la difícil mediación en el conflicto que ejerce el presidente de Costa Rica, Oscar Arias.

Fuentes locales no vacilaron en afirmar que esa mediación se encuentra, ahora, paralizada de hecho. Y con destino incierto.

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