A Caruso de perro.

COLON 0 - RACING 0: A Racing le caía bien el punto y su DT, rapidito en el segundo tiempo, metió defensor por delantero. Colón, con la pelota, no pudo superar tantas piernas atrás.
Debe haber sido duro el trauma que Racing heredó de la fecha pasada, cuando el ensayo de festejo frente a San Martín de Tucumán fue reemplazado por un pesar prolongado. Ese reflejo condicionado por aquella derrota puede haber influido para que la Academia se enamorara prematuramente del empate en Santa Fe. A la hora de contar los centavos que separan supervivientes de agonizantes en Primera, Ricardo Caruso Lombardi rebusca en sus bolsillos. Entre pelusas y vales para canjes comerciales, el DT encuentra monedas que, intuye, en el recuento final dentro de cuatro fechas, le podrán dar la certeza de la permanencia. Es el valor supremo, el fin que justifica los medios y los miedos. Mientras tanto, Racing seguirá metido en acrobacias de riesgo extremo.

Fue un acierto que Caruso detectara el desequilibrio que generaba Daley Mena por las bandas. La zancada le pemitía al colombiano sacar ventaja en la partida para sufrimiento de Lluy, que no lo contenía, y de Sosa, que no lo alejaba de Migliore. El ingreso de Mercado, pues, lejos estuvo de una decisión desesperada; la salida de Lugüercio sí dibujó una mueca de angustia.

Racing, por mandato de su técnico, renunció a jugar el segundo tiempo, más allá de que un par de cabezazos de Rubén Ramírez y un remate externo de Zuculini hayan representado maniobras vecinas al gol, tal vez como no dispuso Colón a excepción de un cierre de Lluy sobre Mena (primer período) y un tiro de Alfredo Ramírez que rozó el travesaño.

¿Podría haber movido las piezas de manera diferente? Grazzini, reaparecido en el banco luego de dos semanas a causa de un desgarro, podría haber tomado el puesto de un Lugüercio averiado. Y el mismo Mercado, en lugar de Lucero, habría obligado al mismo movimiento que generó su inclusión (él a la derecha y Lluy al extremo opuesto, ambos como volantes). Es probable que Caruso haya confiado en que Aveldaño, como al cabo sucedió, sostuviera la pretensión del cero. Y que a partir de la firmeza del primer central -acompañado por Cáceres, ladero de zaga-, Richard se convenciera de que Colón terminaría por fortalecer su apuesta. Algo de eso sucedió, porque los del Turco Mohamed, con plena posesión, le dieron un destino incierto al balón. Lo que Mena producía con sus avances no tenía continuidad en el área. Allí Fuertes concentró atención (su ambición del centésimo gol, el real, acabó en Aveldaño), al igual que Guerrero, aunque lo del Colorado se debió a sus cachetes rellenos y a su carrocería pesada. Colón, por cierto, asumió la osadía que le permitió Racing: mano a mano atrás, sus inquietudes surgieron cuando los de Caruso acertaron algún pelotazo (los dos testazos de Ramírez) o cuando un volante nutrió un ataque raquítico (la ocasión de Zuculini). Si se mira en el espejo de sus cotejos con River y Banfield, Racing hallará rasgos similares y diferencias para el contraste. Con igual necesidad por sumar, en aquellas oportunuidades también escogió una defensa extra large, con la salvedad de que se trataba de asegurar dos victorias sin un enroque polémico como el de ayer.

La Acadé cerró la fecha mejor de lo que arrancó. A esta altura del torneo y a la espera de renovación, el estilo elegido ya no le causa dilemas...

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