Las cartas sobre la mesa

Con la última jugada por todos conocida, de someter a plebiscito a la totalidad de su estructura política, Néstor Kirchner hizo su jugada más audaz. En un juego de póker podría decirse que espera, en una mano donde juega toda su riqueza, muchísimo más que un par de ases.
Y si se habla de este tipo de juegos debería decirse también, renunciando a la originalidad que, ahora las cartas están echadas y no hay posibilidad de volver sobre los propios pasos bajo riesgo de un costo político altísimo.

No son pocos los analistas que señalan que la jugada de poner en exposición a toda la tropa, desde generales hasta el último sargento, Puede implicar más riesgos que beneficios. Pero Néstor está dispuesto a eso. Quienes lo conocen señalan que no se trata sólo de junio como coyuntura, sino de una verdadera relegitimación popular que apunte al renacimiento del proyecto nacional para una permanencia en la conservación de las distintas cuotas de poder.

Pero hay otra lectura distinta y con fuerte connotación de un mensaje hacia el frente interno. Tiene que ver con la fidelidad, tanto a corto, como a largo plazo. La fidelidad inmediata tiene que ver con la campaña para el 28 de junio y la duradera tiene que ver con eventuales brotes de post kirchnerismo en el sentido de que "si conmigo viniste, conmigo te fuiste".

Es muy interesante abordar estas dos variantes de alineamiento con el proyecto nacional del kirchnerismo. Desde hace meses y de distintos voceros han partido comentarios informales acerca de mirar hacia el techo y silbar mientras Kirchner asumía la exclusiva responsabilidad de la campaña, haciendo de una derrota o victoria una situación hasta personal. Muchos jefes comunales, preocupados en su gestión, apuntaban a configurar el discurso de no tomar esta verdadera brasa del desafío del plebiscito al oficialismo, dado que sus elecciones claves las tendrán en 2011 cuando apuesten a la renovación de sus mandatos.

En esa hipótesis, Kirchner se expone y si es derrotado, hay posibilidad de cambiar de referente. Tal vez, a regañadientes, optarían por el peronismo disidente o, por que no, una vuelta a la reverencia duhaldista químicamente pura. Pero la inclusión de autoridades provinciales y comunales en las listas, con la aclaración de una modalidad testimonial, escribe otras reglas de juego en la responsabilidad política. Primero, no podrán poner huevos en otra canasta y provocar un voto contrario a ellos mismos sea como intendentes o como mandatarios y funcionarios provinciales. En el caso de los distritos era muy fuerte la versión de inserción de candidatos del oficialismo comunal en listas del pro peronismo y viceversa.

Pero, por otro lado, además de volcar todos los esfuerzos en la campaña sin hacerse los distraídos. No hay posibilidad de centralizar un pase de factura directo y personal al presidente del partido justicialista nacional ante una eventual derrota. El tropezón será, en ese caso, para toda una estructura integrada por sus máximos exponentes. Esto se encuentra ligado al otro aspecto que es el de la fidelidad más duradera. Un resultado adverso le garantizará a Néstor Kirchner que absolutamente nadie por debajo de su nivel pueda alimentar brotes de post oficialismo o una renovación de la estructura que él mismo diseñó y conserva, aunque en reducida expresión respecto del 2005.

Ocurre que la estigmatización kirchnerista sería tan fuerte que probar con alternativas en el breve plazo podría ser algo difícil de cumplir. En el caso de los intendentes, corre riesgos esa histórica imagen de autonomía. Y con ello también se quiebra una caracterización como "barones del conurbano" que concedían, a manera feudal, un salvoconducto hacia el poder nacional y provincial a eventuales dirigentes políticos.

En palabras parafraseadas de un ex Presidente con reconocimiento póstumo, en este caso los jefes comunales kirchneristas no pudieron, no quisieron o no supieron rechazar la oferta irresistible de Kirchner y decidieron acompañarlo en una aventura donde tienen más para perder que para ganar. ¿De qué otra manera se puede explicar que un intendente de postule en otro rol y con una referncia de poder menor a la que ostenta?

Tal interrogante también es oportuno para el gobernador Daniel Scioli, quien desde el inicio tiene también su capital en zona de riesgo. El mandatario es quien más sugiere un protagonismo en una etapa de post kirchnerismo en un cartel en el cual no admitiría competidores en la estructura oficial, aunque sí con otros referentes del peronismo en general como Carlos Reutemann o Felipe Solá.

La jugada de Kirchner lo devalúa en principio por quitarle protagonismo, dado que será un acompañante en la lista, eso si, desde un segundo lugar en la lista de candidatos a diputados nacionales. Pero muchos se preguntan si es conveniente mostrar menos energía en la gestión provincial por abrazar el rol de reparto y no de principal actor. La inseguridad, el riesgo más que comentado de la emisión de cuasimonedas, los efectos de la crisis internacional en la economía provincial, ameritan una mirada más que preocupante de esos problemas domésticos. Pero la campaña disminuirá, aunque Scioli no quiera, esa dedicación para la cual fue electo en 2007. Existe alguna lectura de represalia o de reconocimiento desde el kirchnerismo. Es muy tentador inclinarse por la primera opción.

En primer lugar porque Scioli viene, por lo bajo, construyendo equipo con referentes de peso que le podrían deparar no sólo una mejor calidad de gestión, sino ejecutores de la construcción de su propio proyecto político nacional. La aparición en el gabinete de Eduardo Camaño y el acercamiento a Roberto Lavagna son datos de esta realidad. Detrás de ellos el duhaldismo aparece a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, y esto es más que trascendental, asoma la diferenciación que el electorado estaba haciendo del propio Scioli respecto del kirchnerismo, donde el gobernador aparece como algo más que un matiz diferenciado. Más bien como una opción.

De otra manera no se explicaría por qué con algo más del 35 por ciento Scioli aventaja al menos por entre cinco y diez puntos de imagen y de intención de voto al santacruceño. No se trata de una cuestión de celo político. No obstante, desde la Casa Rosada advierten de una figura que tiene autonomía de crecimiento con o sin el acompañamiento kirchnerista.

Con la foto de campaña al lado del principal pingüino, Scioli es posible que arriesgue en demasía esa diferencia y en lugar de generar crecimiento propio deba hacer esfuerzo para recuperar ese terreno pero traccionándole votos a su principal referente.

El camino a recorrer es común y no sólo en sentido metafórico y sugerido. Será la realidad a vivir en los próximos dos meses y medio. De acuerdo con el resultado, alguno tendrá que hacer más de un comentario al otro. Una alternativa de resultado, la victoria, validará el actual estado de cosas. La derrota podría deparar a Scioli alguna decisión trascendental en su proyección partidaria, con los condicionamientos que depara la estigmatización oficialista.

(www.agencianova.com)

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