Carrió, Solá y Macri, un nuevo eje contra Kirchner y Cobos

Sin fisuras, los tres referentes opositores y sus aliados se unieron para confrontar al Gobierno en el Caso Redrado. El radicalismo se enredó en sus dilemas internos, y terminó disgregado por la polémica votación de Cobos, a quien ya no sólo el kirchnerismo mira como enemigo. Sólo el Gen y el socialismo amparan al vice. La centroizquierda apareció de a ratos, pero moderó los golpes bajos a la Casa Rosada.
Era previsible. Aquella unión triunfante de 144 diputados de la oposición en la noche del 3 de diciembre no tardaría mucho en exhibir sus grietas, pese a que, con sus acciones virulentas, el Gobierno a veces pareciera esforzarse por mantenerlos juntos.

Esa noche, la asociación entre los bloques no kirchneristas sirvió para dejar a los diputados leales a la Casa Rosada en minoría en todas las comisiones, un lauro del que podrán sacar provecho durante dos años.

Con la crisis por las reservas con la que cerró el 2009 y comenzó 2010, todos los bloques de la oposición coincidieron en un inicio repetir la fórmula del aglutinamiento, pero pronto ya no hubo margen para una foto tan amplia. Fueron esas desavenencias, en realidad, las que sepultaron la posibilidad de autoconvocarse a sesiones extraordinarias.

"La verdad es que desde diciembre los que vinimos trabajando juntos somos nosotros", se atajó ayer Carrió, durante la presentación del pedido de investigación al Directorio del Banco Central, cuando la consultaron por la oposición ausente.

El grupo al que se refería, quien la hubiera imaginado, comprendía al bloque Peronismo Federal, comandado por Felipe Solá, y al Pro, que ayer lo encabezó el diputado Jorge Triaca, hijo de un recordado funcionario de Carlos Menem.

No estuvo la UCR, que con 44 diputados es la oposición más numerosa, según explicó Carrió, porque debía debatir internamente qué posición tomar. Al menos eso le habría dicho su ex aliado Ricardo Gil Lavedra. Sin ellos, la diputada de la Coalición Cívica aprovechó para disparar por lo bajo contra Cobos, a esta altura, tan enemigo como Kirchner.

Los dardos al vice pasan rápidos en la veloz retórica de la chaqueña, pero dejan su marca. Ayer, por caso, entre denuncias y acusaciones feroces contra los Kirchner, recordó que el vicepresidente del Banco Central, el disciplinado oficialista Miguel Pesce, no sólo tiene pasado radical, sino que su padrino inicial en la política fue el ex diputado mendocino Raúl Baglini, uno de los principales confesores de Cobos.

También fundamentó la posible actuación de la bicameral que evalúa los funcionarios del Banco Central por pedido de los legisladores y no del Poder Ejecutivo. Se sabe: esa comisión la preside Cobos, quien si prospera esta denuncia, podría desempatar en una votación que ataque o ampare a Pesce.

Otra sutileza: hace quince días, cuando presentó el pedido de interpelación a Aníbal Fernández por supuestas implicancias en la causa de la mafia de los medicamentos, Carrió remarcó, sin inocencia, que esas empresas habían financiado la campaña "de Cristina Kirchner y Julio Cobos".

Cobos fue también fusible de Solá, quien cuestionó su actuación en la bicameral ya antes de su voto. Y este año Macri también le regaló algún cuestionamiento, aunque por cuestiones tan puntillosas.

Y ambos bandos, socios hasta hace poco, el rechazo al vice y la animadversión a Kirchner los juntó, esta vez junto a Carrió. Por el Pro el más activo fue el jefe del bloque Federico Pinedo, autor de uno de los amparos que frenó el fondo del bicentenario. Gabriela Michetti sólo apareció en reuniones masivas, pero sólo aportó en alguna foto.

"La unión es sólo para cuestiones institucionales", repiten varios diputados de estas fuerzas cuando se los increpa. Las votaciones que comenzarán en marzo dirán el resto.

Vale recordar que en el medio de la algarabía, el 3 de diciembre los más duchos diputados del Pro, de la Coalición y del Peronismo Federal no desconocían que el acuerdo inicial con el oficialismo que casi frustra Kirchner, olía a un nuevo pacto peronista- radical.

Los aliados de la UCR

También ayer, hubo dos bloques que una vez más evitaron la foto con Carrió, Solá y los diputados Pro: el Gen y el Partido Socialista. Sin arriesgar más de la cuenta, estas bancadas mostraron cierta sintonía con la UCR y con la figura de Julio Cobos.

Margarita Stolbizer, la jefa los cinco Gen, rechazó de plano los pedidos de renuncia del Gobierno a Cobos, y no sumó a los suyos a apurar acciones en la bicameral que preside el vice.

Lejos de eso, junto al socialismo apuntó los cañones al ministro de Economía Amado Boudou, a quien pidió interpelar en Diputados y hasta le aconsejó renunciar.

Los puentes entre Stolbizer y Cobos están abiertos y fueron la causa de que varios de sus aliados se muden a la Coalición Cívica, una diáspora que le costó una vicepresidencia en la Cámara de Diputados de la provincia.

Lo del Socialismo es más tenue. Al jefe del partido, el gobernador de Santa Fe Hermes Binner lo tientan desde la centroizquierda para armar un frente alejado de la UCR. Fernando "Pino" Solanas y el cordobés Luis Juez –que en este conflicto estuvo ausente, y no dejó claro lo que harán sus 3 diputados-, son los más insistentes.

Pero Binner no está convencido porque eso le significaría romper la alianza que mantiene con el radicalismo de su provincia desde hace más de una década, y arriesgar demasiado en la pelea por mantener la gobernación santafecina y la intendencia de Rosario, los dos máximos capitales del partido. Es de esperar, entonces, que cada vez que alguna denuncia roce a Cobos, los seis socialistas tampoco levanten la voz.

La centroizquierda en la nebulosa

En diciembre el kirchnerismo intentó hasta último momento persuadir a los once diputados de las fuerzas consideradas de centroizquierda de que no se incorporaran al grupo opositor. No sólo lo hicieron, sino que a cambio consiguieron más lugares en las comisiones de los que les correspondía por proporción.

En el conflicto del Banco Central aprovecharon para recordar que no eran como el Pro, y podían ser más bélicos que la Coalición cuando olían a liberalismo, donde ubicaron a Martín Redrado. Pero sobre todo, dejaron claro que no dispararán contra Kirchner a cualquier precio.

El interbloque lo componen once diputados. Cinco de Proyecto Sur (con Pino Solanas y Claudio Lozano a la cabeza), tres de Solidaridad e Igualdad (Eduardo Macaluse, Verónica Benas y Graciela Iturraspe) dos de Libres del Sur (Victoria Donda y Paula Merchat), y el autónomo Miguel Bonasso.

Desde un inicio aclararon que sólo aceptarían autoconvocarse al recinto si allí se discutía la legitimidad de la deuda, un debate que pocos diputados consideran en serio.

Aunque intentaron pasarlo inadvertido, el resto de los bloques entendió en ese momento que la autoconvocatoria debía dejarse de lado por riesgo al fracaso.

Fue una ayuda al Gobierno que quedó perdida entre la vorágine del conflicto. Y quizá no sea la última. En definitiva, ese es el primer objetivo que se planteó Néstor Kirchner en su etapa de diputado.

Comentá la nota