Carrió piensa un 2011 sin Cobos

Por: Ricardo Kirschbaum

Desde aquel voto no positivo de Julio Cobos, en julio de 2008, la metamorfosis política del vicepresidente ha sido notable. De un muy discreto segundo plano pasó al estrellato político y, como ocurre en la Argentina, las necesidades pudieron más que la realidad.

La búsqueda de un líder opositor convirtió a Cobos en un objeto del deseo. De la noche a la mañana, el vicepresidente comenzó a cosechar adhesiones que, muy pronto, lo convirtieron en un virtual candidato a la Presidencia. Hasta los más cerriles impugnadores de su adhesión al kirchnerismo –causa de su expulsión de la UCR– debieron admitir que Cobos volviera de a poco a un partido sediento de un líder que lo redima.

Este crecimiento vertiginoso fue eclipsando otros liderazgos. Había impactado sobre Lilita Carrió, quién aspira legítimamente a obtener el apoyo de una gruesa porción radical.

La política está llena de negociaciones, acuerdos, zancadillas y traiciones inesperadas. Cobos se sintió maltratado en el articulado del acuerdo entre Carrió y el radicalismo bonaerense. Lo dejaron afuera de cualquier lugar expectable.Rumiando su venganza, vió una oportunidad cuando De Narváez, zarandeado por la ofensiva kirchnerista para ponerlo frente a un juez apremiado por varios pedidos de juicio político, lo visitó en su despacho de vicepresidente.

La reacción de la Coalición Cívica, fundamentalmente, fue en espejo a una realidad que los encuestadores están verificando en Buenos Aires. Esto es una polarización entre Kirchner y de Narváez, con una caída en la intención de votos del Acuerdo Cívico.

Carrió machacó sobre caliente pegándole a Cobos y a De Narváez. Pero Lilita no está pensando en esta elección sino en un 2011 sin Cobos.

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