Carrió ve un "pacto" entre la UCR y los K

Carrió ve un "pacto" entre la UCR y los K
La diputada opositora advirtió que sus "amigos radicales" resolvieron soltarle la mano a Martín Redrado a cambio de que el oficialismo debata el decreto que implementó el Fondo del Bicentenario. Le respondieron que habló "con ignorancia o mala fe".
El acuerdo entre Elisa Carrió y la UCR quedó ayer pendiendo de una cuerda deshilachada. La jefa de la Coalición Cívica denunció un pacto entre sus "amigos radicales" y el Gobierno para apoyar la caída de Martín Redrado como presidente del Banco Central a cambio de que el decreto de creación del Fondo del Bicentenario que habilita el pago de deuda con reservas sea tratado en el Congreso. El Comité Nacional que preside el mendocino Ernesto Sanz le respondió en una carta que "confundir" la búsqueda de consenso con "cualquier noción de pacto espurio sólo es posible desde la ignorancia o la mala fe".

En las cercanías de Carrió afirman que ella contaba con elementos suficientes como para denunciar el supuesto entendimiento transversal. "Se lo habían dicho desde el Frente para la Victoria y hasta le habían advertido que como cierre del acuerdo habían coincidido en dejar a (Miguel Ángel) Pesce a cargo del Central", relató una fuente cercana a la chaqueña. Los radicales porteños recuerdan que el actual secretario general de la UCR, Jesús Rodríguez, que ayer firmó el comunicado junto a Sanz, compartió una fundación con el vicepresidente del BCRA en la década de 1990. Se trataba del CECE (Centro de Estudios para el Cambio Estructural), que funcionaba a unos metros del Congreso y que tenía también entre sus integrantes a Raúl Baglini (principal operador político de Julio Cobos), Mario Brodersohn y Juan Vital Sourrouille.

Para los radicales, la sospecha de Carrió es descabellada. Afirman que Pesce dejó hace años de responder al Comité Nacional y que, tras la ruptura de Cobos con el matrimonio presidencial, optó por seguir los pasos de la Concertación Plural y se quedó con los Kirchner. De hecho, la semana pasada dio una clara muestra de lealtad con Olivos al reunir al directorio del Banco Central sin la presencia de Redrado para acotar su poder e intentar avanzar con la implementación del Fondo del Bicentenario. "Carrió nos podría haber preguntado antes de ventilar semejante cosa. Se confundió", se quejaron ayer en la sede radical de la calle Alsina. La jefa de la Coalición Cívica dijo que le llamó "poderosamente la atención" que su principal aliado en el radicalismo, el senador Gerardo Morales, haya pasado de defender categóricamente a Redrado como presidente del BCRA a hablar de su posible destitución. La diputada atribuyó ese cambio a supuestas conversaciones que Morales y Sanz habrían mantenido con el kirchnerismo para destrabar la batalla por las reservas en el Parlamento. "Le tengo (a Morales) un respeto y un cariño enormes, pero sepan mis amigos radicales que yo esas prácticas no las tengo", se despegó Carrió.

Luego llegó la respuesta con la explicación que suscribieron Sanz y Rodríguez: "El radicalismo valora el dialogo político y propicia la búsqueda de acuerdos a través de instancias institucionales. Es nuestra convicción que la democracia sólo puede funcionar si se trabaja incansablemente en la forja de consensos dentro de los ámbitos que la Constitución y las instituciones de la república prevén para ello".

"Lilita, a quien quiero mucho, no sabe la realidad", le respondió Morales. Con los rencores explicitados, a media tarde la chaqueña intentó tender una vía de reconciliación con el ex presidente del radicalismo. Dialogaron unos minutos por teléfono. Se reprocharon mutuamente las jugadas de las últimas horas y quedaron en hablar. Hicieron trascender que "el episodio quedó aclarado". Pero las sospechas y los enojos aún persisten.

Comentá la nota