Carrera por puestos centrales en la UE

Los 27 estados miembro de la Unión Europea designaron el viernes a dos figuras relativamente desconocidas para los puestos más altos, y ahora la carrera continúa por obtener los puestos clave creados por el Tratado de Lisboa.
Luego de la elección del presidente, la carrera continúa por obtener los puestos clave creados por el Tratado de Lisboa. Los 27 estados miembro de la Unión Europea designaron el viernes a dos figuras relativamente desconocidas para los puestos más altos establecidos por el Tratado de Lisboa –el primer ministro belga Herman van Rompuy para presidente permanente del Consejo, y la británica Catherine Ashton para el cargo de Alto Representante de política exterior–.

Van Rompuy es reconocido por haber solucionado una crisis política de un año y medio entre la comunidad francófona y los autonomistas flamencos, la cual dejó a Bélgica virtualmente sin gobierno durante varios meses. Economista y filósofo de formación, se lo considera un político extremadamente astuto, capaz de alcanzar consensos, y a quien le gusta actuar detrás de escena.

Ahora deberá mudarse de su residencia presidencial en Rue de la Loi 16 al edificio del Consejo Justus Lipsus, ubicado unas cuadras más abajo en la misma calle. El asunto ya preocupa a los belgas, quienes temen una vuelta a la crisis política que llegó a amenazar la existencia misma de Bélgica como nación.

Ashton, la elegida para el puesto de Alto Representante, una especie de ministro de Relaciones Exteriores europeo, es una baronesa inglesa del partido laborista, quien en su juventud hizo trabajos de caridad y participó en una campaña por el desarme nuclear. Actualmente tiene un puesto de comisaria de comercio en la Comisión. Su nominación fue ampliamente criticada por los medios debido a que nunca ocupó un puesto importante en el gobierno británico y por no tener experiencia en política exterior.

Acosada por periodistas que cuestionaban sus credenciales, se defendió como pudo en la conferencia de prensa en donde se anunció su nominación. "No soy un ego con patas", dijo en referencia a que no le gusta hablar de sus logros, como la firma de un tratado de libre comercio entre la UE y Corea del Sur durante su mandato en la Comisión.

Varios medios y analistas consideran que la decisión de nominar a dos figuras poco conocidas indica una falta de compromiso por parte de los países miembro con el proyecto de integración europea. Sencillamente, que los gobiernos no desean ceder poder a las instituciones europeas.

También hubo enojo por la forma en que se dio el proceso de designación: a puertas cerradas y alejado del público. Un periodista belga señaló que, en comparación, "la designación del presidente chino parecía un proceso limpio y transparente".

Sin embargo, la elección parece estar de acuerdo con la voluntad de los gobiernos del Reino Unido, Francia y Alemania, los principales actores dentro de la Unión. La aprobación del Tratado de Lisboa ha desatado una carrera ente los diferentes estados miembros para apoderarse de los nuevos puestos clave.

Van Rompuy era el candidato elegido por la alianza franco-alemana, mientras que Ashton era la aspirante elegida por el gobierno de Gordon Brown. El belga, quien domina el alemán y el francés, había sido designado por París y Berlín como su candidato ideal. Tanto el gobierno francés como el alemán renunciaron a llevar a un compatriota a los puestos más visibles, a cambio de obtener otras posiciones claves.

París ya ha obtenido la codiciada cartera de secretario general del Consejo, la cual irá para el francés Pierre de Boissieu, quien estará encargado de establecer la agenda del Consejo. Ahora apuntan a la presidencia del Eurogrupo –cargo oficializado por Lisboa–, el cual permite delinear los temas a tratar durante las reuniones de ministros de Economía.

Los alemanes tampoco se quedan atrás. Merkel quiere llevarse para su casa la presidencia del Banco Central Europeo, el puesto con mayor poder dentro de las instituciones europeas, el cual permite establecer las políticas monetarias de la Unión. El gobierno alemán y el francés prefirieron quedarse con los puestos que ofrecen un poder real, sobre todo en el terreno económico.

Los británicos también se fueron a casa conformes con la nominación de Ashton. En Bruselas hace tiempo corría el rumor de que el apoyo de Brown a la candidatura de Tony Blair no era más que una cortina de humo para quedarse con el puesto de Alto Representante.

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