Carlos de Narváez, el misterioso hermano que preocupa a Francisco.

Tiene algunos millones más que el candidato a diputado por Unión-PRO y protagonizaron, en la década menemista, una guerra familiar por el dinero y el control de las empresas que heredaron. Hasta el día de hoy siguieron sin hablarse. El "Colorado" lo acusa de no tener carácter. Carlos dice que son "dos personas que no tienen nada que ver entre sí". Sin embargo PERFIL descubrió que ambos son accionistas en una misma empresa sojera.
La fortuna de Francisco de Narváez apenas supera los 120 millones de pesos. Al menos eso es lo que dijo tener el diputado cuando presentó en 2006 su declaración jurada en el Congreso. Carlos, su hermano mayor, tendría una caja con algunos millones más.

Pero indagar en las finanzas del clan De Narváez es como ingresar a un laberinto lleno de intrigas, traiciones y "guerras" por el poder. "Los apellidos son los mismos, pero a veces las personas no tienen nada que ver entre sí", dijo a PERFIL uno de los secretarios de Carlos mientras aclaraba que no había que mezclar a su jefe con la campaña electoral de Francisco. Pero en realidad, la frase corresponde a un adagio que utiliza Carlos cuando en reuniones privadas lo comparan con su hermano.

Sucede que los dos hermanos "no se pueden ver ni en una fotografía familiar", explica un influyente operador político peronista que goza de la amistad de Francisco y del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.

Las diferencias entre los dos surgieron a fines de los 80 cuando intentaban sacar a flote la heredada empresa familiar Casa Tía. Quienes los conocen coinciden en decir que son como el agua y el aceite. "Al Colorado (Francisco) le encanta el alto perfil y la ostentación, y a Carlos no", destacó un empresario que suele tomar té en el restaurante Museo Renault.

Pero ambos tienen dos puntos en común: conocen los ingredientes de la fórmula para hacer dinero y comparten el pensamiento de que la crisis es una oportunidad.

Tenía 38 años cuando en agosto de 1992 Francisco dio un virtual "golpe de Estado" en un shopping. Carlos tenía 42 y estaba al frente del Paseo Alcorta, pero el Colorado decidió tomar el control y echarlo a él y a sus principales colaboradores. Ese hecho simplemente fue la gota que rebalsó el vaso. "Cuando el Colo viene por todo es así, no le importa quién se ponga adelante", dice una fuente allegada al clan.

La primer pelea surgió por la conducción de ex Casa Tía. La idea de Francisco era convertirla en la firma con más bocas comerciales en el país y luego venderla. Para Carlos se trataba de un bien familiar que iba más allá de una cuestión comercial. Finalmente el diputado logró ponerse al frente acusando al hermano de tener un "carácter débil". Así lo dijo en medio de una reunión de directorio.

Un buen día, la situación llegó a tal punto que contrató un flete y ordenó sacar todas las cosas de Carlos de la empresa. Francisco había moldeado su arrolladora forma de ser en su adolescencia, durante su vertiginoso paso por un liceo militar canadiense. "Estoy seguro de que en otra vida debo haber sido un guerrero", es una de las clásicas frases que utiliza Francisco. La empresa familiar se vendió y se repartieron las ganancias entre los miembros de la familia.

Carlos no acude a eventos sociales y le escapa a las cámaras fotográficas. Su principal fuerte no son las inversiones extravagantes ni la política. Lo suyo son los negocios inmobiliarios. Tiene shoppings en distintas ciudades, el último de los cuales inauguró en Santa Fe. Su última inversión fuerte es de unos 250 millones de pesos en Vicente López.

"No tengo ninguna relación comercial con mi hermano", dijo Francisco tras una consulta de PERFIL. Su hermano directamente no habló con este diario y le dijo a través de uno de sus colaboradores que no iba a contestar las llamadas: "No tengo nada que decir sobre mi hermano".

Pero todas estas diferencias irreconciliables parecen tener una excepción: los campos de la firma 14 de Marzo, ubicados en Córdoba y dedicados a la cría de ganado y al cultivo de soja. Carlos y Francisco aparecen allí como accionistas, y otros miembros de la familia son los que manejan el negocio. Definitivamente las empresas del clan son un laberinto.

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